Isabela Herranz · Inicio
ENIGMAS Y ANOMALÍAS
FENÓMENOS PSÍQUICOS
NATURALEZA MISTERIOSA
NUTRICIÓN Y TERAPIAS COMPLEMENTARIAS
MANOS Y ROSTRO
ENTREVISTAS
CURRICULUM
LIBROS
ACTIVIDADES
WEBS AMIGAS

JARDINES HERMÉTICOS
(publicado en Más Allá, nº 166, diciembre 2002, páginas 68-74)

© Isabela Herranz

Los arquitectos de antaño crearon magníficos jardines repletos de elementos cargados con un profundo simbolismo hermético. Muchos de ellos han desaparecido, pero todavía perviven algunos donde es posible relajarse e ir más allá de la ensoñación: son lugares iniciáticos que favorecen la transmutación del alma.
 
“Muy bien plantado de limoneros, naranjos, cidros y palmeras. Con una cerca cubierta completamente con ramas y hojas de naranjos y adornado de mesas, altares, púlpitos, naves, sillas y otros objetos hermosamente confeccionados de mirto… Jardines en general tan bien arreglados que el visitante cree estar en el paraíso”. Así describió el viajero Jerónimo Munzer en 1494 los jardines del Palacio Real de Valencia, un lugar creado, al igual que los de la antigüedad clásica y los medievales que pretendía reproducir el paraíso en la tierra.
Es más que probable que precisamente este magnífico jardín mediterráneo que alcanzó su máximo esplendor a finales del siglo XVI fuera visitado por el príncipe o monje dominico –nunca se ha sabido su verdadera identidad- Francesco Colonna (1433-1527) y que le sirviera de inspiración para El sueño de amor de Polifilo (1499), obra que jugó un importantísimo papel en la creación de los jardines iniciáticos del renacimiento italiano -y por ende en toda Europa- debido a su profunda naturaleza alegórica y esotérica. Francisco I, rey de Francia (1494-1547), por ejemplo, quedó tan impresionado por él que dispuso el suyo de Fontainebleau siguiendo este modelo.
 
El jardín de Kythera
El jardín que recorre el peregrino Polifilo en busca de su amada Polia se encontraba en la isla Kythera y obedecía a la antiquísima concepción teórica del jardín ideal: era circular y estaba dividido en tres zonas: un anillo de bosque, un anillo de césped y en el centro un parterre regado con una fuente con una estatua de Venus, símbolo mítico del amor y la fecundidad, al que habitualmente se llegaba tras atravesar complicados laberintos de arcadas cubiertas de hiedra o árboles. Además de espectaculares estatuas de gigantes que soportaban torres, gárgolas en forma de serpiente y una inacabable y abrumadora selva de especies, este jardín estaba rodeado por una cerca de verdura compacta elaborada con cidros, naranjos y limoneros. En otro lugar del mismo las ramas de estos frutales se curvaban a modo de bóveda. Así pues, en él se encontraban los mismos árboles que en los jardines del Real de Valencia, que también florecían en el mítico jardín de las Hespérides, guardado por un dragón al que Hércules mató para poder apoderarse de las milagrosas manzanas de oro. Aunque en este último también abundaban los símbolos herméticos, bajo la inspiración del de Kythera, los más prestigiosos arquitectos renacentistas construyeron numerosos jardines en toda Europa, conscientes a veces de que estaban siguiendo una tradición hermética cuyos orígenes se perdían en el antiguo Egipto, China y Arabia.
Tal fue el caso del arquitecto, ingeniero y físico francés Salomón de Caus (1576-1626), constructor del Hortus Palatinus en Heidelberg (Alemania), obra maestra de ingeniería hidráulica que puso a prueba el ingenio de Caus al obligarle a efectuar considerables obras de nivelación del terreno para disponer de parterres, grutas, fuentes y jardines. Aunque Caus no pudo concluirlo el conjunto fue considerado en su época como una de las maravillas del mundo y, al margen de sus logros técnicos, lo más interesante si cabe fue que dotó al Hortus Palatinus de un misterio relacionado con la fraternidad de los rosacruces cuya filosofía secreta se basaba en la alquimia cabalista de John Dee. Uno de los rosacrucianos que más influyó a Caus fue al parecer Robert Fludd cuyos mágicos diseños de máquinas se hicieron realidad dando lugar a auténticos artilugios acuáticos. Los de la gruta del hortus palatinus formaban un prodigioso conjunto de carámbanos cuando el agua descendía por las piedras.
 
El “Hortus Palatinus”
Fuentes octogonales, figuras estrelladas, grutescos, estatuaria mitológica, un jardín de flores circular, grutas fabulosas con abundantes trabajos en la roca, conchas y puntas de coral, y también un laberinto, entre otros muchos elementos de simbología alquímica fueron profusamente empleados por Caus en este jardín donde sobre todo sus fuentes y grutas transportaban al visitante a otra realidad (ver recuadro). Si analizamos algunos grabados y anotaciones de Caus en su libro sobre el Hortus Palatinus, se observa una estrecha conexión con los emblemas alquímicos de la tradición medieval que habían sido recogidos por su coetáneo Michael Maier (1568-1622) en su célebre Atalanta Fugiens.
No puede ser casual que la puerta de un jardín representado en el emblema XXVII de Atalanta se parezca a la del parterre de la Fuente de la Columna. Resulta curioso asimismo el epigrama que explica el sentido del emblema: “El que busca entrar en el jardín de las rosas de la verdad sin tener la llave, se parece a esos hombres que quieren andar sin tener pies”.
Esa puerta llena de candados en el emblema (ver imagen), ha hecho pensar a más de un erudito que tal vez Caus no deseaba entregar la llave de su jardín simbólico, repleto de misterios. ¿Qué pensar, por ejemplo, de los corales en la citada gruta? El investigador Michel Conan los ha relacionado con las ramas coralinas del pescador de corales del emblema XXXII; no en vano Maier indicaba en su Atalanta que “el coral se vuelve piedra con muchas ramificaciones y posee un color rojo: es una imagen adecuada de la Piedra de los Físicos”.
Dado que el libro de Maier contiene grabados como el matrimonio alquímico del Rey y la Reina en los que curiosamente se reconoce a Federico e Isabel, la pareja real que habitaba en el castillo de Heidelberg y que ordenó la construcción de sus fastuosos jardines, Conan se ha atrevido a señalar que “los eruditos que visitaban la corte de Heidelberg no podían equivocarse: la gruta les mostraba la piedra filosofal. Ahora bien, dentro de esta gruta se hallaban representados tres dioses ríos: el Rhin, el Meno y el Neckar, los tres que bañan el Palatinado. Esto nos autorizaría a deducir que la piedra filosofal había sido descubierta en Heidelberg… La piedra filosofal sería, pues, una alegoría del conocimiento de las artes y de la sabiduría. Imagen que parece perfectamente adecuada a la atmósfera sabia, piadosa y refinada de la corte de Isabel y Federico”.
Un jardín como el de aquellos reyes, lleno de rosas, frutales y plantas aromáticas, con fantásticos parterres de escultoras alegóricas, grutas y fuentes invitaba a la ensoñación facilitando el proceso de transmutación interna. Por desgracia, sus maravillas fueron efímeras: en 1620 las tropas españolas invadieron el Palatinado y devastaron la ciudad y el palacio castillo de Heidelberg. En la actualidad sólo quedan fragmentos de su pasada gloria. Algo semejante ocurre con otros muchos jardines herméticos que en su día contaron con grutas similares a la de Heidelberg como la decorada con estatuas y nichos de mármol en el Hortus Pembrochianus de Wilton House cerca de Salisbury, diseñado por Isaac de Caus, hijo de Salomón.
 
¿Espacios verdes?
Con los nuevos estilos de siglos posteriores en la decoración de jardines desaparecieron muchos de los citados elementos alquímicos privando así a los nuevos visitantes de un instrumento ideal para activar, en las regiones oscuras de sus conciencias, las cosas únicas que permiten comprender la esencia de la Gran Obra (Magnum Opus), es decir, la serie de operaciones que el alquimista tiene que satisfacer para alcanzar su objetivo: transmutar su alma. Los jardines –ya sean herméticos al estilo occidental o al oriental taoísta, o bien zen- son lugares idóneos para tal fin. Sin embargo, los maravillosos jardines de antaño, cerrados por altos muros para contener las fuerzas que florecen en nuestro interior, han dado paso a las denominadas “zonas” o “espacios verdes”.
“Actualmente se reclama más contacto con la naturaleza en nuestras ciudades y paradójicamente no se construyen jardines sino espacios verdes. El jardín, al contrario que un espacio verde, no se agota en su uso sino que tiene valor en sí mismo y su idea perdura en el tiempo. Por eso, quizás ahora que hacemos memoria, deberíamos retomar esa idea olvidada y seguir haciendo jardines”, ha señalado la ingeniera agrícola María Teresa Santamaría.
Con la intención de recuperar el sentido del jardín como marco para los pensamientos más elevados, Santamaría ha desarrollado junto con los arquitectos Antonio Gallud, Carlos Campos y Miguel del Rey el proyecto denominado Jardín de las Hespérides en Valencia. Otro proyecto innovador, el Jardín de los sentidos, desarrollado también por varios de los citados arquitectos resultó ganador del primer premio en el Concurso de Proyectos para la urbanización del Boulevard Central del Campus de "Riu Sec", en la Universidad Jaime I de Castellón. Son ejemplos a seguir en las ciudades actuales donde ya no se construyen jardines con el valor iniciático que tuvieron los de antaño. Por otra parte, se ha celebrado recientemente en Granada el Congreso “En busca del jardín perdido” para reflexionar sobre el uso y rehabilitación de los jardines históricos. Aunque muchos de ellos se han perdido para siempre, todavía podemos disfrutar de algunas reliquias de épocas pasadas en que los hombres enamorados del saber creaban jardines mágicos para poder profundizar en sus sueños.

JARDINES HERMÉTICOS

ESPAÑA:
Parque del Capricho (Madrid):
Tras décadas de expolio y abandono hoy puede visitarse en fines de semana este pequeño parque jardín con veredas de lilos floridos en primavera y repleto de estatuillas mitológicas, columnatas jónicas, templetes, pabellones, estanques y canales. Algunos de sus elementos herméticos más notables son un laberinto de arbustos, una fuente con delfines y ranas de piedra y una plazuela con un templo clásico adornada con esfinges recostadas.
Aranjuez (Madrid): Considerados “paisaje cultural de la humanidad” desde diciembre del 2001 por la UNESCO, los ocho jardines que constituyen el emblema de esta localidad madrileña poseen todos los ingredientes clásicos de los jardines herméticos. Desde el Jardín de la Isla, cuyo nombre ya rememora el jardín de Kythera en el Sueño de Polifilo, hasta el del Príncipe presidido por la estatua de la diosa Ceres, símbolo de la longevidad y la abundancia, pasando por alamedas de cítricos (como en el Jardín de las Hespérides), praderas de flores, rosaledas e innumerables conjuntos de fuentes con toda la estatuaria mitológica al completo. Estos jardines fueron el primer intento de Felipe II, el rey alquimista, de crear un equivalente moderno a las grandes obras de ingeniería renacentista y el lugar -una antigua ciénaga- fue convertido en vergel gracias a los ingenieros flamencos e italianos que ordenó venir. En tiempos de Felipe IV se sustituyeron parte de sus “grutas” por hornacinas y se colocó un conjunto de esculturas, dotando a este espacio de un significado político-dinástico y haciéndoles perder parte de su simbolismo. Sin embargo, en 1986 se recuperaron algunos de los elementos perdidos como la fuente de jaspe verde labrada por Roque Solario en 1580, símbolo hermético del apogeo de la juventud y de lo eterno.
Parque de la villa de Horta (Barcelona): Sus cascadas, estanques, grutas y pasajes escalonados van señalando el camino que conduce a un laberinto de setos formados por cipreses. En la entrada hay una placa de mármol en la que Teseo recibe el hilo de Ariadna. En el centro se refugia Dafne que huye del acoso de Apolo.
 
FRANCIA:
Fontainebleau: Tanto el jardín como el patio del palacio donde se encuentra estuvieron rodeados de un canal (modelo isla de Kythera). En la actualidad sólo se puede visitar la zona del jardín inglés trazado en 1812. En él se instaló en torno a 1543 la primera gruta de jardín en Francia, denominada grotte des pins. Se ha conservado la fachada de la gruta con atlantes que sostienen los tres arcos de la entrada.
Versalles: La magnificencia de la época del rey Luis XIV se plasma en estos jardines proyectados por André Le Nôtre (1613-1700) y decorados por Charles Le Brun (1619-1690). En ellos hubo un laberinto cuadrangular atravesado por numerosas avenidas de árboles en cuyos extremos se entrecruzaban fuentes con aparejo de gruta y ornamentación de conchas. El laberinto ha desaparecido pero aún persisten muchos elementos de la tradición hermética, especialmente sus fuentes y estatuas.
 
INGLATERRA:
Hatfield House (Hertfordhire): Fue rediseñado en 1610 por Salomón de Caus que amplió la fuente e instaló una cascada que descendía hasta un jardín de agua artificial. Con el transcurso de los siglos sufrió muchas modificaciones, pero aún perdura su estructura de jardín geométrico y un laberinto situado en la zona este.
Melbourne Hall (Derbyshire): Uno de los pocos jardines que han mantenido bastante intactos algunos de los elementos de la tradición hermética. Los “preside” una estatua de Mercurio.
 
ITALIA:
Bomarzo (próximo a Viterbo): Este jardín atípico y único en su estilo combina la tradición alquímica medieval y la imaginación de su creador Vicino Orsini. La mezcla de fantasía y tradición alquimista crean la ilusión de un universo distorsionado que pone en tela de juicio la imagen habitual del mundo. El recorrido por este jardín repleto de estatuas gigantes de ninfas, dragones, esfinges, dioses y héroes, así como fuentes y grutas es laberíntico. Las sensaciones que suscita perduran en el ánimo.
Villa Lante de Bagnaia: A pocos kilómetros de Bomarzo, es quizás el jardín renacentista más bello de Europa. Sus fuentes con prodigiosos juegos de agua, esculturas, grutas y bosques –en él se funde el paisaje natural y el cultural- provocan fascinación.


SÍMBOLOS EN LOS JARDINES HERMÉTICOS

Al igual que los chakras hindúes o los sefirots de la cábala, los símbolos son auténticos centros -o máquinas psicológicas- en los que se transforma la energía. Su rica diversidad está presente en los jardines herméticos.
 
DRAGÓN BICÉFALO: Los alquimistas extrajeron muchos símbolos del reino animal y formaron un bestiario con seres reales como las águilas y otros míticos como el fénix y el unicornio. Entre los más representados se encuentra el dragón bicéfalo, vigia perpetúo de los jardines herméticos, y representante del jeroglífico de la materia mineral bruta con la cual debe comenzar la Obra.
ESTATUARIA: Abundan las estatuas con personajes mitológicos en especial los que forman pares alquímicos como Apolo y Dafne, Júpiter y Hera, Teseo y Ariadna, Venus y Adonis, símbolos del amor, la fecundidad y la sabiduría. Además de dioses y héroes, son frecuentes las representaciones del sol y la luna, del rey y la reina, todos ellos pares alquímicos que representan la unión de los principios opuestos (conjunctio) necesarios para generar los metales. Se les suele encontrar representados en las fuentes.
FLORES Y PLANTAS AROMÁTICAS: Son abundantes en todos los jardines. Destacamos algunas descritas por Daniel Stolcius en su Viridarium chimicum (El jardín placentero de la química, 1624) por su destacado simbolismo alquímico: la viña alude a la fertilidad; la morera contiene los principios de la transmutación del gusano de seda; el mirto es símbolo de la fidelidad conyugal; el olivo estaba consagrado a Minerva, diosa de la sabiduría; el azafrán tiene el poder de teñir la piedra filosofal; el laurel alude a Dafne, que al huir de Apolo fue transformada en laurel. Este par alquímico formado por Apolo y Dafne es un símbolo profusamente utilizado por los alquimistas.
FUENTE: En general simboliza el renacimiento perpetuo, la longevidad que produce el elixir de la vida alquímica. Sobre todo en los jardines árabes, las construcciones se erigen en torno a un patio cuadrado cuyo centro está ocupado por una fuente: la imagen del paraíso terrestre.
La fuente es imagen alquímica fundamental al estar asociada con el florecer y crecimiento de la Obra. Unas veces se encuentra con tres caños (“leche virginal”, “vinagre fuerte” y “agua de vida”) que al juntarse forman “una agua única, clara, que todo lo purifica y que sin embargo contiene todo lo necesario”. Las cuatro estrellas en las esquinas de la fuente representan la cuaternidad de los elementos mientras que la estrella central superior es la quintaesencia, el símbolo de la unidad espiritual.
GRUTA: Como lugar de nacimiento y regeneración se encuentra representada en todos los jardines iniciáticos. Es una matriz análoga al crisol de los alquimistas y simboliza el proceso de interiorización psicológica que conduce a la madurez y la evolución espiritual.
LABERINTO: El visitante que lo recorre es como el héroe Teseo que lucha contra el Minotauro, es decir, el alquimista que lucha contra las dificultades de la Gran Obra, objetivo final de las operaciones alquímicas cuya primera etapa es la obtención de la piedra filosofal. El iniciado se escapa gracias al hilo de Ariadna, el conocimiento secreto necesario que aporta la clave para llevar a cabo la Obra. Las estatuas de Ícaro y Dédalo en los laberintos representan la sustancia volátil porque según el mito escaparon del laberinto utilizando alas de cera.
MURO: La cerca que delimita el espacio ajardinado confiere el carácter cerrado del mismo y lo protege del exterior. Las cuatro puertas mantienen la imagen hermética del “hortus conclusus” clásico donde se busca el centro más íntimo del alma.
ROSAS/ROSALEDA: Las rosas son esenciales en todo jardín hermético: la rosa blanca y la rosa roja son los nombres que se dan en la alquimia a las tinturas lunar y solar. La rosa hermética es la sustancia doble que se convierte en el agente de transformaciones que caracteriza la piedra filosofal. Según el fermento argéntico o aurífico esta rosa hermética puede ser blanca o roja.


 
  | Volver arriba  •  Imprimir |
Diseño:  Javier Alvez