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ENTREVISTA A BERTRAND MÉHEUST: DE TABÚ EN TABÚ
(publicado
en Más Allá, (nº 135, mayo 2000,
páginas 48-51).
©
Isabela Herranz
En
los años setenta Bertrand Méheust aportó
un nuevo método para abordar e interpretar las abducciones.
Veinte años después sorprende con una original
tesis doctoral sobre un tema tabú: el de la existencia
sine qua non de los fenómenos del sonambulismo
magnético.
No
es fácil precisar cuándo ni por qué empezó
Bertrand Méheust a interesarse por la fenomenología
paranormal. Tal vez le inspirara el espíritu de Juana
de Arco, que según le contaron de niño atravesó
descalza el riachuelo de su aldea -Mézilles- cuando
iba de camino a Orléans para encontrarse con
el rey. En esa aldea cercana a la región del
Morvan, centro de la resistencia francesa frente a los nazis
durante la Segunda Guerra, Bertrand Méheust pasó
buena parte de su juventud bordeando la marginación
al empeñarse en investigar las abducciones extraterrestres.
A este campo contribuyó a finales de los años
setenta y mediados de los ochenta con dos libros memorables
e innovadores que nunca se tradujeron al español y
al inglés (ver bibliografía), y por ello aún
hoy siguen sin figurar en muchas enciclopedias angloamericanas
dedicadas al fenómeno ovni.
En
su doble vertiente de historiador y etnólogo Méheust
sugería que las abducciones no eran otra cosa que la
actualización de los mitos y el folklore primitivos
adaptados a la mentalidad de nuestro tiempo. Su tesis -defendida
con abundantes pruebas- no ha perdido vigencia a pesar del
tiempo transcurrido, pero entonces le supuso la exclusión
del mundo universitario francés, que se negó
a admitirle entre sus miembros con semejante curriculum.
Desde que publicó su segundo libro en 1985 se ha dedicado
fundamentalmente a otro asunto si cabe aún más
marginal y polémico: el del "magnetismo animal"
conocido también como "mesmerismo". Ahora,
en el silencio de su abigarrado despacho Méheust prepara
una nueva obra gracias a la beca que le ha concedido el Centre
National des Lettres (CNL), un organismo estatal que subvenciona
la creación de libros con escasas pero muy prestigiosas
becas. Con esta ayuda económica Méhuest investiga
sobre Alexis Didier, un sonámbulo del siglo
XIX cuyas dotes psíquicas se manifestaron de la forma
más pura y sorprendente. De este personaje excepcional,
de los extraños fenómenos del sonambulismo magnético
y -breve pero ineludiblemente- de los extraterretres, Méheust
habla para Más Allá en esta entrevista.
Cuando parecían haber quedado muy atrás los
tiempos de la dorada bohemia "ovni", Méheust
acaba de publicar otro libro de ufología: Retour
sur l"anomalie belge (1989-1992)".
¿Sigue todavía interesado por los ovnis?
Realmente no. Me han interesado tanto en el pasado que ahora
me resulta difícil decir que ya no me interesan. Digamos
que los sigo desde muy lejos. Esto se debe fundamentalmente
a que lo que hoy se entiende por ovnis no tiene nada que ver
con la idea que se tenía de ellos hacia 1967 cuando
comenzaron a interesarme. En aquel entonces eran una realidad
misteriosa que visitaba el cielo y a veces se posaba en tierra;
íbamos al campo a entrevistar a los campesinos que
los hubiesen visto. En cambio ahora se han convertido en una
realidad más o menos virtual. Internet ha borrado
las fronteras entre nuestra realidad y aquella de la que se
suponía que venían los ovnis. En la actualidad,
los ovnis están en Internet y no es posible
distinguir entre las mitologías de pacotilla recogidas
y difundidas por la red y la realidad de los ovnis. Además
las personas que ahora se interesan por los ovnis no tienen
ni idea de cómo establecer una diferencia. Así
que mi interés por los ovnis se ha esfumado de repente.
En esto ha tenido mucha culpa la ufología americana
que ha acabado con todo.
¿Cuáles
son sus conclusiones sobre la oleada belga?
Me ha interesado la oleada belga porque se trata de una oleada
"real" y no una oleada Internet. Estos ovnis
se han visto en el cielo o cerca del suelo. Cuando se analizan
todas las hipótesis racionales posibles se llega a
la conclusión inevitable de que hay algo incomprensible
en esta oleada que hace imposible su identificación.
Estoy satisfecho con el libro que acabo de publicar. Lo esencial
lo escribí hace cinco años y el paso del tiempo
ha confirmado todas las tesis que defendí entonces.
Esencialmente afirmaba en mi texto de 1994 que las dos hipótesis
principales eran insostenibles. La primera se refería
a prototipos norteamericanos experimentales. Me parece inconcebible
que pruebas que suponen la utilización de aparatos
de alto secreto tecnológico pudieran experimentarse
durante dos años en Bélgica sin que las autoridades
belgas estuvieran informadas a alto nivel. Considero que tales
pruebas (a juzgar por los testimonios recogidos) son absurdas
desde el punto de vista logístico y diplomático.
En cuanto a la segunda hipótesis relativa a los aerostatos
teledirigidos creo que todas las pistas sugeridas procedían
de rumores y que es imposible para un inventor particular
realizar estas pruebas sin ser detenido a los pocos días.
El tiempo ha validado mis tesis porque cinco años después
no existe la menor prueba que verifique estas dos hipótesis.
Y
en cuanto a la hipótesis psicosociológica, ¿cuál
es su opinión sobre la misma?
El estudio de los ovis (objetos volantes identificados)
permite comprender mejor los procesos que llevan a la gente
a ver ovnis donde realmente no hay nada especial que ver.
En la inmensa mayoría de los casos no parece que estemos
ante visiones o alucinaciones. Los estados visionarios y similares
resultan sospechosos en los relatos de abducciones en los
que el sujeto entra en un ovni. Estos estados se reconocen
porque en ellos se dan determinados rasgos: los sujetos se
implican afectivamente y sus visiones tienen repercusiones
profundas en su vida. Por ejemplo, tras un primer rapto, los
abducidos ven a sus raptores con regularidad. Por otra parte,
presentan secuelas psicológicas y fisiológicas,
sueños recurrentes, pesadillas, etcétera e incluso
a veces, después de la abducción, descubren
que tienen "poderes" como los chamanes. Ahora bien,
en la oleada belga no hay nada de esto. Por otra parte, el
estudio de los ovis muestra que en la inmensa mayoría
de los casos las personas deforman poco los estímulos
iniciales, pero los interpretan de forma a veces completamente
errónea. Esto supone que ahí arriba existe
fundamento, algo que interpretar que por su tamaño
y estructura presenta una analogía con el ovni que
creen ver, por ejemplo la luna, que puede interpretarse como
una nave esférica luminosa. Sin embargo, como en Bélgica
los testigos dicen haber visto sobrevolando sus casas enormes
estructuras del tamaño de porta-aviones gigantes, parece
difícil encontrar algo que pueda servir de apoyo a
tales visiones dado que la única hipótesis posible
sería la de un avión experimental norteamericano.
Por motivos que ya he señalado, esta hipótesis
no me parece que deba tenerse en cuenta. Estos testimonios
me parecen incomprensibles ya que proceden en su mayoría
de personas corrientes, sin antecedentes psicopatológicos.
Desde luego el misterio no se ha aclarado todavía.
¿Qué
piensa de la amenaza extraterrestre?
En mi opinión es algo completamente estúpido.
Lo que pienso de los mitos tipo Roswell es lo mismo que Tim
Burton piensa en Mars attack: son mitos americanos.
Ahora bien desconozco si esa amenaza ha podido servir para
encubrir los programas negros. La razón real de la
difusión de algunos de estos mitos sigue sin explicarse.
Hablemos
ahora de sonámbulos. ¿A qué hace referencia
la expresión sonambulismo magnético? ¿Tiene
alguna conexión con la hipnosis?
En estado sonambúlico, el paciente está libre
de sus pensamientos, no depende totalmente de su magnetizador,
es consciente, no está en estado letárgico sino
que puede moverse y hablar. En cambio, el sujeto hipnotizado
es una especie de autómata que no tiene consciencia
de sí mismo. No debe emplearse el término hipnosis
para designar el estado sonambúlico, el término
trance es más adecuado. Esto es importante porque más
tarde los discípulos de Charcot querrán rebajar
el sonambulismo a la hipnosis tal y como la entendían,
es decir, sin los fenómenos paranormales. Además
el término hipnosis data de 1845.
¿Cuándo
se descubrió el trance sonambúlico? ¿En
qué se diferencia del sonambulismo "natural"
o sonambulia?
Este estado fue descubierto casualmente en 1784 por el marqués
de Puységur, quien entretenía su ocio
magnetizando a la gente según los principios del mesmerismo.
Un buen día sumió a un campesino en un estado
de conciencia desconocido: además de hablar el francés
sofisticado de los aristócratas -su lengua era el patois-
era capaz de leer los pensamientos del marqués. Puységur
consiguió reproducir este estado en muchas otras personas
y por analogía con el sonambulismo natural, conocido
desde la antigüedad, lo bautizó con el nombre
de "sonambulismo magnético" o "artificial".
Cuando un año después publicó un libro
que recogía todos sus experimentos y observaciones
el libro cayó como una bomba. Ahí comenzó
una polémica que duró todo el siglo XIX y la
cual describo en mi libro.
Actualmente
apenas se recuerda la magnitud de esa polémica, pero
tuvo una importante repercusión sociocultural, ya que
la práctica del magnetismo gozaba de gran popularidad...
Era una corriente extremadamente fuerte entre la alta burguesía
y la aristocracia. No se trataba de algo marginal como ocurre
con la parapsicología en nuestros días. Los
magnetizadores tenían partidarios entre los sabios,
celebraban congresos y publicaban revistas y libros sobre
la materia que llegaban al gran público. Muchos escritores
se hicieron eco en sus novelas del movimiento magnético
como Balzac en Ursule Mirouet. Pero algunos
hechos del sonambulismo reivindicados por los magnetizadores
chocaban frontalmente con la imagen del hombre elaborada por
la filosofía de las luces, ya que sugerían la
existencia de unas facultades cuyo funcionamiento se desconocía
por completo. El mero hecho de que existieran representaba
un desafío para la ciencia oficial. No olvidemos que
la sociedad del siglo XIX, igual que la actual, estaba dominada
por la ciencia y que los sabios solían adoptar posturas
extremadamente partidistas. Aunque en 1831 se celebró
un comité que llegó a la conclusión de
que los fenómenos del sonambulismo magnético
eran reales, los comités posteriores constituidos por
adversarios del magnetismo se negaron a aceptarlos y afirmaron
que eran cosa de prestidigitadores. La Academia de Medicina
cerró en 1842 un capítulo de la historia de
las ciencias que tan sólo había empezado a vislumbrarse.
Sin
embargo, no puede decirse que los fenómenos del sonambulismo
magnético fueran nuevos. ¿Acaso no presentan
alguna conexión con los experimentados o producidos
por los chamanes de muchas culturas ancestrales?
Sí, efectivamente, los fenómenos descritos hacia
1830 estaban muy próximos a los atribuidos a los chamanes.
No constituyen ninguna novedad respecto a las capacidades
innatas del hombre, pertenecen a un fondo psíquico
inmemorial, arcaico. A los chamanes, por ejemplo, se les atribuye
la capacidad de ver el interior de su cuerpo y a los sonámbulos
también. Por eso muchos médicos de mediados
del siglo XIX decidieron utilizar a estos sujetos para explorar
el interior del cuerpo de sus pacientes. No olvidemos que
esto ocurría antes de la invención de los rayos
X, como si el misterio hubiera anticipado y anunciado la realidad
tecnológica.
¿Podría
explicar los fenómenos más recurrentes del magnetismo
entre los sonámbulos?
Es preciso aclarar que estos fenómenos no se manifiestan
en todo el mundo. Según el investigador Deleuze, aproximadamente
una sola persona de cada 20 tiene estas facultades y sólo
tras sesiones preparatorias muy prolongadas. Los sonámbulos
mencionados en mi libro eran excepcionales ya que manifestaban
incluso lo que se denomina transposición de los sentidos,
es decir, eran capaces de ver o comprender con los dedos,
la boca del estómago, los pies, el lóbulo de
una oreja, la nuca... Algunos podían, a partir de un
objeto, describir a la persona a la que éste había
pertenecido, decir dónde se encontraba, diagnosticar
sus enfermedades, ver sus pensamientos... Pero la facultad
más misteriosa y controvertida de los sonámbulos
consistía en la facultad de prevenir: algunos podían
predecir sucesos futuros con total precisión.
¿Hasta
qué punto es posible aceptar como hechos los sorprendentes
poderes que a veces se manifiestan durante la crisis o trance
sonambúlico? Si son poderes auténticos y no
imaginarios, ¿no deberíamos modificar la idea
que tenemos del hombre y sus facultades?
Personalmente estoy convencido de la autenticidad de los fenómenos
producidos por los sonámbulos magnéticos, en
especial por el más extraordinario del siglo XIX, Alexis
Didier. El análisis de los fenómenos que provocaba
demuestra de forma fehaciente que no eran falsos. Desgraciadamente
ningún psicólogo o fisiólogo reputado
pudo estudiarle oficialmente en su época. Fueron sobre
todo escritores, sacerdotes, príncipes, diplomáticos,
y magnetizadores, incluso magos prestidigitadores como Jean-Eugène
Robert-Houdin, los que estudiaron y comprobaron sus facultades
en condiciones controladas entre 1845 y 1855. Pero tales controles
carecían de validez oficial porque la Academia había
decidido suspender los trabajos sobre el magnetismo en general
en 1842. Didier murió joven y tampoco pudo ser investigado
por los sabios de la Society of Psychical Research
(S.P.R.) en Londres, que intentaron seguir la vía abierta
por Puységur y pretendieron objetivar fenómenos
susceptibles de modificar la idea que el hombre de Occidente
tenía de sí mismo. Emprendieron el estudio de
los fenómenos mediúmnicos dejando de lado las
creencias de los espiritistas, muy de moda entonces, pero
así y todo muchos científicos actuales dedicados
a investigar el cerebro desconocen esos trabajos porque su
estudio no fue reconocido oficialmente en el siglo pasado.
De todas formas en mi tesis no afirmo directamente la existencia
de los fenómenos de la lucidez magnética, sino
el inmenso interés de su estudio. Esto es importante
porque en Francia, hoy como ayer, el mundo intelectual no
sólo sigue negando su existencia, sino el interés
de su existencia, sino el interés de estudiarlos.
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SONAMBULISMO
Y MEDIUMNIDAD
Más
de diez años de intensa investigación
-a duras penas compartida con la enseñanza de
la filosofía en un instituto de Troyes-, le ha
llevado a Méheust terminar este trabajo monumental
en dos volúmenes. Su longitud -1.200 páginas-
asusta a cualquier editor, de ahí que los intentos
realizados hasta ahora tanto en el mercado editorial
español como en el angloamericano hayan sido
fallidos.
Los
dos volúmenes de la obra de Méheust describen
en detalle las investigaciones de los magnetizadores
a partir de 1784 y seguidamente el contraataque racionalista
que desembocó a mediados del siglo XIX en la
supresión del magnetismo del campo de la ciencia
oficial. Describe asimismo la reapropiación de
la parte más admisible de los fenómenos
del magnetismo por parte de Charcot y la escuela de
la Salpêtrière, relegando a la sombra de
la historia a los precursores magnetizadores, considerados
desde entonces como torpes empiristas precientíficos.
El segundo tomo se centra en el nacimiento de las ciencias
psíquicas en Francia e Inglaterra con la creación
de la Society for Psychical Research en 1875
y la del Institut Métapsychique International
de Paris en 1919, entre otros grupos fundados por
científicos, médicos, filósofos,
ingenieros... A lo largo de tan exhaustiva exposición,
Méheust consigue demostrar que el "movimiento"
del magnetismo animal fue un episodio trascendental
en la historia de la cultura y que su prohibición
y su falsa rehabilitación posterior como hipnosis
representa un terrible ejemplo de la forma en que la
ciencia oficial resuelve los asuntos en los que prefiere
no involucrarse.
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BIBLIOGRAFÍA:
Science-fiction
et soucoupes volantes, une réalité mythico-physique,
Mercure de France, 1978.
Soucoupes volantes et folklore, Mercure de France, París,
1985.
Somnambulismo et médiumnité (Volumen 1:
Le défi du magnétisme; volumen 2: Le
choc des sciences psychiques); Éditions Synthélabo,
Les Empêcheurs de Penser en Rond, 1999.
Retour sur l'anomalie belge: Perplexités et
réflexions sur une vague de soucoupes volantes restée
inexpliquée, 2000.
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