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GUY CORNEAU: DIRECTO AL CORAZÓN
(publicado en Más Allá, nº 183,
mayo 2004, páginas 90-94).
©
Isabela Herranz
El
psicoanalista canadiense Guy Corneau pasó recientemente
por Madrid para presentar su último libro, La sanación
del corazón (Ediciones Luciérnaga, 2002). En
el marco solemne del Palacio de Linares transmitió
a los presentes un poderoso mensaje curativo inspirado por
traumáticas experiencias que le llevaron al borde de
la muerte. No se explora en vano el mundo de las sombras y
Corneau es portador de mensajes muy profundos que a todos
nos atañen.
Es
autor de tres libros fundamentales traducidos a diez idiomas
(Père manquant, fils manqué, 1989; L’Amour
en guerre, 1996, y el citado de Luciérnaga), así
como gran actor de teatro. Motivado por su pasión teatral
y su bagaje como psicoanalista junguiano (se licenció
en el Instituto Carl Gustav Jung de Zurich), en los últimos
quince años ha organizado numerosos talleres de desarrollo
personal en diversos lugares del mundo, incluidos el desierto
y Egipto.
En 1997 fundó Productions Coeur.com donde ha
proseguido desarrollando proyectos teatrales especiales (ver
recuadro).
La extraordinaria vitalidad psíquica de Guy Corneau
se refleja en su brillante y profunda mirada que inunda a
los demás con partículas de luz que también
irradian de su corazón. Sus claves para sanar los nuestros
no son baladíes. Con la ayuda de hermosos y poderosos
símbolos –como el del jinete al galope que recorre
pueblos y ciudades preguntando a todo el mundo si han visto
su caballo- nos cuenta cómo, tras mucho galopar, consiguió
vislumbrar el suyo. “Yo he sido la imagen fiel de
ese jinete durante la mayor parte de mi vida, y aún
sigo pareciéndome a él muy a menudo”,
dice.
La bajada a los infiernos le ayudó a comprender el
sentido de las crisis y las pruebas que atravesamos. Ahora
las comparte con nosotros en su nuevo libro y en esta entrevista
exclusiva para los lectores de Más Allá.
Durante
los ataques más intensos de colitis ulcerosa que casi
le llevan a la muerte, usted optó por hacer un ayuno
prolongado y durante ese proceso depurativo tuvo experiencias
muy profundas. ¿Cuáles le impactaron más?
¿Por qué?
El
séptimo día de ayuno, un cálido día
de agosto en que me sentía morir tras un baño
agotador en la piscina de la clínica, me encontré
de pronto colisionando con una nube. Me eché a llorar
al sentir una impresión de unidad con ella. Esta impresión
se acentuó en los días siguientes con toda la
naturaleza circundante, el viento, los truenos, la lluvia…
Fue penetrado por la evidencia de que no había espíritu
sin materia ni materia sin espíritu. Todo era uno.
También sentí la presencia de un monje medieval,
pero sobre todo “caí en Dios”. Tuve la
impresión de haber estado toda mi vida empujando una
muralla y de repente toda ella se derrumbaba. Comprendí,
sin poder explicarlo, que lo único que me retenía
en la vida era el amor y las oraciones de mis seres queridos
y, de manera misteriosa, me sentí en comunicación
con ellos. Sentí gran compasión y gratitud.
Esos fueron mis primeros pasos en el camino del fulgor interior
que proseguiría más tarde.
Usted
afirma que la enfermedad puede ser una estrategia del cerebro
para la supervivencia. ¿Diría que en su caso
la enfermedad le salvó la vida?
Aunque
resulté paradójico, así fue. Cuando un
conflicto pone en peligro la integridad física y psíquica,
surge la enfermedad. En mí tuvo una función
iniciadora, estimuló mi transformación interior,
me enseñó a vivir. Comprendí que llevaba
veinte años sin escuchar mi corazón, que racionalizaba
todo y me trataba a mí mismo como el peor de los tiranos.
Yo era el único responsable de mi enfermedad, montado
sobre ese caballo que andaba buscando. Descubrí cuántas
convicciones insidiosas sobre mí mismo y la existencia
minaban mi vida. Todo eso sufrió una metamorfosis.
Modifiqué mis hábitos alimenticios, practiqué
meditación y relajación, hice ejercicio físico
y recuperé pronto la salud enriquecido con estas experiencias
interiores y convencido de que el amor es la fuerza de cohesión
que une el conjunto de fenómenos del universo. Esta
transformación culminó en una “sanación
del corazón”.
¿Por
eso inició “redes de ayuda mutua” para
hombres y mujeres? ¿En qué consisten dichas
“redes”?
Efectivamente,
he sido iniciador de la Réseau Hommes Québec
(RHQ) y la Réseau Femmes Québec (RFQ)
cuya fórmula se ha extendido a los países europeos
de habla francesa. Se trata de grupos de discusión
autodirigidos, con una estructura de acogida y manuales de
ejercicios que yo mismo he creado junto con otros colegas.
Los participantes reciben apoyo para romper su aislamiento
afectivo o para superar sus dificultades de pareja, con sus
familias o incluso para reinsertase socialmente cuando se
trata de drogadictos y delincuentes. Es una tarea muy gratificante.
Usted
recurre mucho a los símbolos para explicar los complejos
procesos de la conciencia humana. ¿Por qué les
concede tanto valor?
Los
símbolos permiten tender puentes entre nuestra actitud
consciente, lo que creemos ser, y lo invisible, aquello que
desconocemos de nosotros mismos. Creemos que vivimos en un
mundo visible pero no es así. ¿Quién
ha visto alguna vez una sensación, un pensamiento,
una emoción? Con su papel como mediadores los símbolos
nos ayudan a sanar al facilitarnos la información necesaria
para cambiar nuestra actitud, para tomar contacto con nuestra
realidad. Uno de mis favoritos es el Grial, un símbolo
transformador por excelencia. En 1997, dentro del marco de
Productions Coeur, creé con un grupo de psicoterapeutas
y actores el Proyecto Parsifal, un taller de expresión
en el que cada participante debía sucumbir al poder
de ese símbolo y dejar que surgiera lo desconocido
en su interior. Al igual que el Rey Pescador, cuando sufrimos
una adversidad, un accidente o una enfermedad no somos conscientes
del porqué de tanto sufrimiento. Sin embargo, es precisamente
el sufrimiento lo que nos obliga a reencontrarnos. Un símbolo
como el cáliz vincula la sanación física
con la apertura de corazón y nos “unifica”
interiormente.
Desde
ese punto de vista, la experiencia del sufrimiento es una
bendición. Da la impresión de que lo considera
deseable…
No,
no, en absoluto. Pero es una ocasión para crecer y
decuplicar la creatividad. Cuando se presenta hay que encontrarle
sentido para que nuestras vivencias no resulten estériles.
El dolor es una manifestación natural de desequilibrio
que nos informa sobre nuestra forma de ser y funcionar en
el mundo. Si somos capaces de despejar el espacio interior
para aceptarlo y dialogar con él resultará benéfico,
siempre que no sea tan insoportable que nos desorganice interiormente.
Cada uno es libre de abrir los ojos o no. Pero creo que en
el límite, cuando el sufrimiento se hace intolerable,
no queda más remedio que abrirlos y decidir qué
camino tomar. En cualquier caso, aliviarlo no impide que aprendamos
de él ni que nos interroguemos sobre su origen. Sólo
tomando conciencia de nuestras cadenas, podemos romperlas.
¿Podríamos
decir lo mismo respecto a la naturaleza de las repeticiones?
¿Por qué hay personas que se empeñan
en cometer los mismos errores especialmente en su vida amorosa?
No
hay duda de que todo lo inconsciente se repite como si fuera
un destino o un accidente; ya lo decía Freud. Pero
Jung añadía que todo cuanto ha sido rechazado
por la conciencia puede volver a presentarse en la vida. Las
repeticiones son una oportunidad de vernos y reencontrar el
nexo que nos divide. En este sentido el amor romántico
nos ayuda a descubrirnos y superarnos si tomamos conciencia
de las resonancias que despierta en nosotros, exploramos las
asociaciones que suscita y observamos los sentimientos contradictorios
que nos provoca. Hay que servirse de la relación como
si fuera un espejo y estar a la escucha de aquello que se
despierta en nosotros. Sólo así lo que estaba
oculto en el inconsciente puede llegar a integrarse en la
vida consciente abriéndonos el camino al conocimiento
y poniendo fin a las repeticiones destructivas.
¿Por
eso nos sentimos atraídos por personas capaces de despertar
nuestros condicionamientos y complejos?
Así
es. La misma fascinación que sentimos por un individuo
ya significa que hay una posibilidad de aprendizaje para nosotros
en esa relación. Cuanto más difícil sea
más fácilmente tomaremos contacto con la sombra
enfrentándonos a nuestras angustias, miedos, dependencias
y egoísmos. Nos sirve para abrir las heridas inconscientes,
hace aflorar los conflictos no resueltos, las necesidades
que no han tenido respuesta. Cuanto más conflictivas
sean más reveladoras resultarán. ¡Qué
magníficos crisoles para trabajar con uno mismo! Tomar
conciencia de nuestra capacidad para atraer hacia nosotros
aquello que necesitamos para realizarnos es el primer paso
para la transformación; nos abre el corazón,
nos impulsa a amar, a existir dentro del amor.
¿Cómo
podemos captar que vivimos lo que necesitamos comprender de
nosotros mismos? ¿Cómo podemos, en definitiva,
sanar el corazón?
Creo
que la única enfermedad que nos afecta a los seres
humanos reside en la convicción falsa de que estamos
solos y aislados. De forma inconsciente solemos tener juicios
negativos sobre nosotros mismos. Por ello, el principal instrumento
para sanarnos es la actitud que adoptamos. Es precisa una
escucha benévola, clemente y atenta que nos enseñe
a aceptarnos, a amar y a comprender nuestras sombras en su
esencia. Ese trabajo de limpieza interior es muy creativo,
incrementa nuestra capacidad de crear una vida libre de miedos;
va acompañada de un gozo difícilmente accesible
cuando el corazón está sobrecargado de situaciones
no resueltas. Es absolutamente necesario buscar la armonía
con cada una de las relaciones importantes de nuestra vida.
Para sanar el corazón hay que explorar las emociones
vinculadas a nuestras relaciones, expresarlas y comprenderlas.
La expansión mediante el ejercicio físico, la
meditación, el canto, la pintura, el yoga, etcétera,
estimulan ese desarrollo armónico, son elementos que
favorecen el camino hacia la sanación del corazón
que culmina en el reencuentro con una sensación de
pertenencia a la humanidad y al universo y, al mismo tiempo,
en un sentimiento de intimidad con nosotros mismos y con lo
que nos brinda el destino. Ese reencuentro nos hace felices.
Aporta tranquilidad interior, serenidad.
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EXPRESIÓN
CREADORA Y HUMANITARIA
La
asociación Productions Coeur.com, fundada
y dirigida por el psicoanalista Guy Corneau en 1997
reúne a artistas y terapeutas con la finalidad
de impartir conferencias, seminarios y organizar encuentros
que combinen la ayuda terapéutica con la expresión
creativa dentro de una perspectiva de apertura del corazón.
En el seno de Productions Coeur.com, Corneau
ha desarrollado proyectos teatrales como el Parsifal,
inspirado en la conquista del Grial, o Muerte y Renacimiento,
sobre la leyenda egipcia de Isis y Osiris. En estas
escenificaciones los participantes interpretan fragmentos
de la leyenda con el propósito de expresar las
emociones profundas que emergen en ellos conforme se
desarrolla el juego teatral. Los terapeutas acompañan
y les apoyan en dicha tarea, mientras que los actores
les familiarizan con las técnicas creadoras.
Se trata de prolongar el trabajo sobre los nudos emocionales
y psíquicos mediante una expresión artística
activa.
Los componentes de Cœur.com entienden la expresión
creadora como el impulso que obliga y compromete a una
persona a transformar su vida cotidiana y satisfacer
sus aspiraciones más profundas. Ofrece, en definitiva,
respuestas a la intensa búsqueda de sentido que
desasosiega a muchas personas en muchos ámbitos
de sus vidas.
La difusión de la obra de Guy Corneau en España
ha permitido la creación de talleres y seminarios
(en español). Más información en
Ediciones Luciérnaga (teléfono 93 443
71 00).
Productions
Coeur.com
Avenue du Monde, 90
B-1400 Nivelles
Bélgica
Teléfono y fax: +32(0)67 84 43 94
email: info@productionscoeur.com
www.productionscoeur.com
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