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¿CON QUÉ SUEÑAN LOS ANIMALES?
(publicado en Más Allá, nº 176,
octubre 2003, páginas 44-47).
©
Isabela Herranz
Aunque
los científicos han demostrado que los animales sueñan,
las preguntas que suscita en ellos esta actividad son múltiples:
¿Sueñan todos los animales? ¿Con qué
sueñan? ¿Qué finalidad tienen sus sueños?
¿Se trata de una técnica de aprendizaje similar
a la observada en los humanos?
Aquellos
que tienen algún animal doméstico en casa no
tienen más que observar lo que hacen cuando duermen
para saber si sueñan. Los indicadores típicos
suelen ser movimientos oculares bajo los párpados (fase
de sueño REM donde suele producirse la mayor parte
de los sueños), cambios en la respiración, temblor
de las orejas o bigotes, espasmos ocasionales de la cabeza
o las patas. En el caso de los perros, se puede incluso observar
que si se les coloca comida delante comienzan a masticar.
¿Y con qué sueñan si es que efectivamente
sueñan?
Hace más de una década que el psiquiatra Jonathan
Winson y sus colegas consiguieron demostrar que las neuronas
en el hipocampo de las ratas se reactivaban durante el sueño
como resultado de experiencias durante las horas de vigilia,
lo cual parecía indicar alguna forma de vida onírica.
No obstante, hasta hace un par de años no se había
tenido la certeza de que los animales –al menos algunos
de ellos- sueñan y, sobre todo “saber”
algo sobre el contenido de esos sueños. En la actualidad,
debido a los descubrimientos de dos investigadores de la memoria
del Instituto de Tecnología de Massachussets
es posible afirmar que los elefantes sueñan con la
verde sabana, los leones con las presas que cazan, las ardillas
con los árboles del parque y las ratas de laboratorio
sueñan con complicados laberintos, aunque probablemente
las de alcantarilla lo hagan de forma menos prosaica y sus
sueños sean tan épicos y variados como los humanos…
Laberinto
para ratas
Los resultados del estudio fueron publicados en la revista
Neuron en enero de 2001 y arrojaron nueva y definitiva
luz sobre la función del sueño en el establecimiento
de los recuerdos a largo plazo.
Matthew Wilson, profesor adjunto de ciencia cognitiva en el
citado instituto, junto con el biólogo Kenway Louie,
entrenó a cuatro ratas en un laberinto circular para
que aprendieran cómo obtener comida. Durante las carreras
por el laberinto, los investigadores controlaron la actividad
cerebral de los roedores registrando los esquemas neuronales
en el hipocampo, una zona implicada en la memoria. Luego estudiaron
la actividad neuronal en dichos animales cuando se encontraban
dormidos en la fase de sueño REM y observaron que las
neuronas se activaban de la misma forma que cuando las ratas
corrían por el laberinto. Esto parecía revelar
que, tras un largo día de carreras en el laberinto,
las ratas soñaban con lo que habían vivido.
De hecho, de los 45 episodios REM, cada uno de entre 60 y
250 segundos de duración registrados por los investigadores
mientras las ratas dormían, 20 contenían una
reproducción del recorrido laberíntico. El esquema
también se observaba durante los periodos de onda lenta
del sueño, normalmente en los periodos posteriores
a las carreras de las ratas en el laberinto. En la fase REM,
el esquema solía aparecer antes de la sesión
diaria de las ratas en el laberinto, es decir, unas 24 horas
después de que hubieran encontrado la comida.
Lo anterior viene a confirmar que mientras soñamos
el cerebro desea aprender de las experiencias de la vida.
Wilson está convencido de ello: “El cerebro
parece guardar recuerdos como si fuera un álbum de
recortes, pero sólo algunas experiencias se vuelven
a vivenciar en los sueños. Esto podría determinar
los sucesos que recordamos”.
En relación con los descubrimientos de Wilson,
Howard Eichenbaum, psicólogo y catedrático en
la universidad de Boston, ha señalado que “muchos
filósofos y científicos se plantean la cuestión
de si los animales tienen experiencias cognitivas y conscientes,
y trabajos como estos suponen un testimonio más de
que así es”.
También Robert Stickgold, adjunto de psiquiatría
en la Harvard Medical School, se ha hecho eco de estas
investigaciones corroborándolas: "Estos datos
están suponiendo un magnífico apoyo a la idea
de que los humanos y los animales emplean el periodo del sueño
para ‘meditar’ la información que han obtenido
recientemente y, al menos en los humanos, en el pasado distante”.
Stickgold ha sugerido incluso que los periodos alternados
de sueño profundo y sueño más ligero
y actividad onírica que experimentamos cada noche son
vitales para asimilar información, ubicar esquemas
en nuestras memorias, aprender y perfeccionar habilidades.
Aunque se tiende a creer que sólo la práctica
ayuda a la perfección, el sueño también
tiene que ver mucho en ello, según este investigador:
“Solía decir que el sueño era un periodo
ideal para aprender, pero ahora diría que ciertas partes
del aprendizaje no se producirían sin dormir y soñar”.
Las ratas de laboratorio parecen tener más sueños
REM si pasan sus horas del día aprendiendo o experimentando
cosas nuevas, mientras que las ratas que están desprovistas
de REM tienen mayores dificultades a la hora de aprender los
esquemas laberínticos donde se mueven.
En las personas, la conexión entre el soñar
y el aprender resulta mucho más difícil de precisar
y, de hecho, hasta 1994, gracias a los trabajos de Avi Karni
del Instituto de Ciencia Weizmann de Israel, no comenzó
a confirmarse que las personas podrían aprender ciertas
habilidades durante la fase REM del sueño.
El sueño probablemente no es necesario para todas las
formas de aprendizaje, pero es especialmente importante para
la “memoria de procedimiento”, es decir, aprender
“cómo”, más que aprender “qué”.
En este sentido, Stickgold dio a conocer en abril de 1999
los resultados de una investigación sobre los sueños
de personas que acababan de participar en un juego de ordenador
llamado Tetris. Al igual que las ratas soñaban sobre
tareas repetitivas realizadas durante el día, los jugadores
de Tetris soñaron también sobre el juego: en
la segunda noche del experimento muchos dijeron haber visto
imágenes más vivas de los cubos del Tetris a
medida que se dormían. Las imágenes parecían
representar algún rasgo importante del juego y, en
concreto, algunos testigos indicaron que con frecuencia veían
las piezas con las que tenían mayores dificultades.
Si ahora sabemos que los recuerdos episódicos de los
seres humanos son “ensayados” de nuevo en el hipocampo
durante el sueño, tal vez representando un proceso
por el cual la memoria se consolida gradualmente y pasa a
otras zonas del cerebro, parece lógico que los animales
también aprendan soñando. Por ello, además
de las ratas, los investigadores han estudiado otros animales
en busca de información sobre la existencia de un posible
mundo onírico que les permita recordar y reevaluar
sus experiencias.
Mamíferos
soñadores
El hecho de que algunos animales duerman y sueñen
muy poco en comparación con otros que lo hacen mucho
parece estar inversamente relacionado con el grado en que
las diversas especies se las arreglan con el peligro ante
los depredadores. Según las investigaciones de T. Allison
and D. Chichetti en 1976, publicadas en Science, las
especies más vulnerables tienden a tener un sueño
poco activo, es decir, cuanto más peligro corren en
el entorno, menos sueñan.
Mientras los anfibios y los peces no parecen soñar
y los pájaros tienen episodios oníricos muy
breves, entre los mamíferos la situación es
muy distinta. La cantidad de sueño en fase REM con
frecuencia tiene que ver con el grado de desarrollo del animal
al nacer. Aquellos que nacen prácticamente desarrollados
como las ovejas apenas disfrutan de fases REM. En estas últimas,
por ejemplo, tan sólo se observa un 1% de fase REM
en su sueño diario. Por el contrario, los animales
que continúan creciendo y desarrollándose después
de nacer -al igual que los humanos- suelen soñar mucho
más.
El estudio del sueño efectuado por L.M. Mukhametov
y sus colegas en 1988 entre los mamíferos acuáticos
ha arrojado también unos resultados sorprendentes:
los delfines, marsopas y focas muestran ondas de sueño
lento (sueño profundo) en un solo hemisferio cerebral,
es decir, que cada hemisferio duerme alternativamente, cuando
el otro está despierto o en un estado de sueño
muy ligero. Mukhametov ha alegado que esta peculiaridad hasta
ahora observada sólo en los vertebrados homoiotérmicos
podría estar causada por el regreso al entorno acuático
de los antepasados terrestres de las modernas ballenas y focas.
En cuanto al papel de los sueños en la memoria, Wilson
insiste en que estos pueden suministrar la oportunidad de
reunir experiencias que no ocurrieron a la vez pero que estaban
relacionadas para que aprendamos de ellas. Por ejemplo, la
repetición de una serie de experiencias agradables
o desagradables puede permitirnos aprender qué tenían
estas experiencias en común y utilizarlas para guiar
nuestra conducta futura.
Wilson dice que las posibilidades tecnológicas para
“escuchar a escondidas” lo que ocurre en el cerebro
durmiente ofrece una base para analizar el contenido de los
estados del sueño. Podía también convertirse
en una valiosa herramienta para tratar problemas de la memoria
como el amnesia o la enfermedad de Alzheimer y de este modo
permitir desarrollar fórmulas para que la gente aprenda
y memorice con mayor eficacia. Ha comprobado, por ejemplo,
que la gente tiende a recordar mejor lo que aprende si duerme
después de aprender. Los estudiantes que estudian por
la tarde y luego descansan bien por la noche normalmente retienen
más lo estudiado que los estudiantes que pasan la noche
en blanco y luego van a los exámenes sin haber descansado.
Todo ello le ha llevado a la siguiente conclusión:
"Hace una siglo que Freud sacó a la luz el
subconsciente y el examen del contenido de los sueños
como herramienta para comprender la naturaleza cognitiva y
la conducta en los humanos. Ahora tenemos los medios para
estudiar el mundo de los sueños en la cognición
animal y, al hacerlo así, aprendemos de paso sobre
la nuestra”.
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¿SUEÑAN
MUCHO LOS ANIMALES?
Antes
se creía que sólo las criaturas “inteligentes”
como los humanos y los chimpancés tenían
capacidad para soñar. Sin embargo, aunque actualmente
no hay certeza de que todos los animales tengan la experiencia
del sueño, se sabe que son muchos los que la
tienen. Incluso las moscas parecen disfrutar de episodios
oníricos según el investigador Marcus
Frank.
Los registros encefalográficos obtenidos sobre
los diversos estados del sueño en animales como
ratas, gatos, monos, zarigüeyas, elefantes y también
pájaros han confirmado lo anterior. También
se sabe que algunos animales como el equidna, una especie
de puercoespín australiano, no disfruta de fase
de sueño REM.
El hecho de que esta fase de sueño REM se reconozca
en los mamíferos y los pájaros, pero no
en las serpientes ni en otros reptiles, ha hecho pensar
a algunos investigadores que dicha fase se debe a un
proceso filogenético tardío relacionado
con los animales de sangre caliente.
Los investigadores Rojas-Ramírez y Drucker-Colin
realizaron en 1977 una comparación de las diferentes
fases REM en algunos animales y sus respectivos despertares
y observaron variantes muy diversas. Veamos algunas
de ellas:
-Los pájaros sólo pasan aproximadamente
un 5% de su tiempo de sueño soñando. Parecen
tener episodios oníricos muy breves.
-Los gatos sueñan una vez cada 42.3 minutos y
lo hacen durante 15.5 minutos.
-Las vacas sueñan muy poco: una vez cada 82.6
minutos y sólo durante 1.6 minutos.
-Las zarigüeyas tienen fases REM de 23.3 minutos
de duración cada 19.2 minutos.
-Los monos ardilla sueñan durante 22.9 minutos
cada 17.00 minutos.
-El hombre sueña una vez cada 60.6-76.36 minutos
y por una duración de entre 6.6 y 10.6 minutos.
En cuanto a los indicadores de actividad onírica,
se han observado algunos bastante curiosos en los siguientes
animales:
-Los elefantes no cambian de postura cuando entran en
la fase REM o salen de la misma. Esto dificulta mucho
conocer si están en dicha fase, ya que tampoco
es fácil ver los movimientos de sus ojos porque
estos son bastante pequeños. Sin embargo, algunos
indicadores de la fase REM en elefantes, al igual que
en otros animales, son los temblores de los párpados,
respiración irregular y vocalizaciones.
-Los chimpancés dan alaridos.
-Los reptiles tienen movimientos oculares rápidos
durante el sueño pero no van acompañados
con ondas cerebrales similares a las de los humanos
durante dicha fase.
-Las jirafas tienen aproximadamente veinte minutos de
sueño REM todas las noches, con episodios de
uno a seis minutos cada vez. Durante este tiempo, están
tumbadas con la cabeza sobre el cuerpo o en el suelo.
Les tiemblan los párpados ocasionalmente.
-Los caballos tienen que estar tumbados en el suelo
para experimentar la fase REM. A veces mueven las patas
cuando duermen e incluso relinchan.
-Las ovejas suelen dormir en una posición de
“esfinge”, pero ocasionalmente se estiran
mientras duermen. Durante ese periodo se observan en
ellas muchos indicadores de aparentes fases REM: movimientos
de orejas y patas, así como temblor ocasional
de párpados.
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