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Novalis: ¿poeta o místico?
En el reino de la flor azul
(publicado en Más Allá, nº 173,
julio 2003, páginas 38-42).
©
Isabela Herranz
¿Existió
alguna vez el reino de la flor azul? ¿Dónde
se encontraba? El poeta Novalis nos lo legó. Ahora,
en el bicentenario de su muerte, este reino de insólita
belleza recobra actualidad y valor.
"El
25 de marzo de 1801 solicitó a su hermano [Karl] que
le llevara unos libros, luego pidió el desayuno y conversó
afectuoso hasta las nueve con las personas que le rodeaban.
Según sus deseos, su hermano se sentó al piano
y comenzó a tocar. Novalis se durmió escuchando
la música y ya no se despertó nunca más".
Así describía Ludwig Tieck el paso
a la otra vida de su gran amigo Novalis, uno de los
poetas más singulares de la literatura alemana, seguidor
del "camino misterioso que va hacia el interior".
Esa mañana de marzo ya la había descrito
el poeta en su diario: "Sé cuando vendrá
la última mañana, cuándo dejará
la Luz de ahuyentar a la Noche y al Amor, cuando el dormir,
ya eterno, no será sino un único sueño
inextinguible".
Ahora, doscientos años después de su muerte,
la lectura de su obra resulta indispensable en lo referente
a la búsqueda personal e interior y para transitar
de nuevo por los caminos sobrenaturales de la infancia. Novalis,
que tanto hablaba del caminar sin meta ni fin, recorrió
dichos caminos y logró encontrar el reino donde crecía
la "flor azul". Lo describió en una extraña
novela mística, inacabada y de publicación póstuma:
Enrique de Ofterdingen, inspirada en la leyenda de
un trovador del siglo XII del mismo nombre.
Un
reino inalcanzable
Novalis inició Enrique de Ofterdingen con
el famoso sueño de la "flor azul", símbolo
de la poesía. En dicho sueño, próximo
a la alegoría, nos encontramos con una rara geografía:
grietas en las rocas, cascadas y torrentes que se remontan
sin dificultad, luz inmaterial que se filtra por todas partes.
El protagonista, contrafigura del poeta, vislumbra un paraíso
donde crece la flor azul y desde entonces ese espacio inefable
adquiere para él más realidad que la realidad
misma. En su búsqueda de la flor, Enrique tiene que
atravesar diversas etapas guiado por los sueños en
cuya esencia superior cree: son la vía para conocer
sus secretas regiones interiores. Tras numerosas aventuras
en pos de la flor maravillosa, un amanecer en Turingia, con
el horizonte azul evocador de la sublime aparición,
brotan en el poeta "las viejas melodías de
su alma". De esta forma, la poesía -concebida
como un instrumento de reconciliación mágica,
de transfiguración real del mundo- triunfa y el héroe
se extasía en la contemplación absoluta de la
flor. Ha alcanzado la plena consciencia que le permite percibir,
en un destello relampagueante, la unidad consigo mismo. ¿Cómo
llegó el poeta a alcanzar ese estado de intensa percepción
espiritual, equiparable al éxtasis que experimentan
los místicos?
Por lo que dejó escrito, sin duda Novalis tenía
gran facilidad para conectar con estados del alma propicios
para esas revelaciones: "El fenómeno se produce
de manera particularmente asombrosa a la vista de ciertas
personas, de ciertas caras humanas, sobre todo de ciertos
ojos...; al oír ciertas palabras, al leer ciertos pasajes,
y cuando se hacen ciertos descubrimientos sobre la vida, el
universo, el destino. Muchos azares y fenómenos naturales,
tal o cual hora del día, tal o cual momento de las
estaciones, nos dan experiencias semejantes". Además
de lo anterior y, a la vista de su obra y corta vida, podría
decirse que fueron la Muerte, la Noche y el Sueño,
aliados inseparables de su alma, los que realmente le ayudaron
en su peregrinar hacia la flor azul, es decir, hacia su propia
madurez poética.
La
tumba del éxtasis
Pocas veces la muerte de un ser querido ha incidido tan
plenamente en el proceso creativo como en el caso de Novalis.
Su pensamiento no se desenvolvió en toda su amplitud
y originalidad sino después de su conversión
a la muerte, es decir, cuando su prometida Sophie von
Kühn -que murió de tisis a los quince años-,
le entregó la llave del éxtasis. El hermano
menor de Novalis -Erasmus- moriría casi un mes
después, pero fue sobre todo la muerte de Sophie la
que dejó en el poeta una huella imborrable. Así
lo ha expresado Albert Béguin en su obra El
alma romántica y el sueño: "Novalis
halla en la muerte de Sophie la enseñanza que lo persuade
a emplear toda su voluntad en transfigurar la vida,
en vivirla plenamente, hic et nunc, según la
ley del más allá".
En los cuatro años siguientes Novalis no sólo
prosiguió sus estudios de filosofía y comenzó
otros nuevos, sino que creó el grueso de su obra literaria.
Según recoge Cecilia Dreymüller, "tras
unos meses de luto se volvió más productivo
que nunca, empezó a estudiar minería y se prometió
con Julie von Charpentier, con la que se quería casar
en cuanto lograra una posición estable. En esta época
fértil nacieron muchos poemas, los fragmentos de novela
Los discípulos en Sais, Enrique de Ofterdingen
y Los cantos espirituales. Tenía muchos planes
de futuro y escribía incansablemente".
Los poemas de Himnos a la noche, su obra poética
fundamental, los concibió como una sublimación
a una dimensión mística de su amor por Sophie.
La conoció en 1794, cuando ella tenía doce años:
"Quince minutos cambiaron mi vida", escribió
en una carta a su hermano Erasmus. Novalis se había
prometido con ella a los veintidós años, pero
este amor -según algunos críticos injustificado
porque al parecer la chiquilla era poco menos que iletrada,
caprichosa, y demasiado pueril para su edad- no se extinguió
con el fallecimiento prematuro de ella, todo lo contrario.
"Lo que siento por Sophie es religión, no amor",
escribiría el poeta en su cuaderno de notas. Novalis
se exaltó ante la amenaza de su muerte y durante los
últimos meses de vida, trató de "olvidar
la pesadilla de su destino". El fatal desenlace sobrevino
y el poeta -tras recuperarse del total abatimiento inicial-
pronto encontró una nueva amante: la tumba de Sophie.
Ella pasó a convertirse en "la amante de su
nueva vida y el lugar de su propia santificación".
Tras su primera visita a la tumba de Sophie, menos de
un mes después de su fallecimiento, Novalis escribía
a su amigo Friedrich Schlegel que la proximidad de
su tumba ejercía sobre él una atracción
cada vez más fuerte y consoladora: "Su muerte
ha sido un azar divino -la clave de todo-, una etapa maravillosa
y bienvenida".
En el mes de mayo, dos meses después de
la muerte de Sophie, Novalis pasó una temporada en
Grüningen con los padres de ella y visitó su tumba
a diario. Allí, al atardecer, experimentaba unos momentos
de felicidad y entusiasmo arrebatadores, en los que sentía
que su amada estaba a punto de regresar de la muerte y aparecérsele.
Tal era la emoción que Novalis sentía en este
lugar que en alguna ocasión llegó incluso a
ver a Sophie, presente a su lado, durante largos momentos.
Aquellas visitas a la tumba amada alimentaron su exaltación
hasta llevarle al éxtasis: "Relámpagos
de entusiasmo / dispersé la tumba de un soplo, como
si fuese polvo / eran siglos parecidos a instantes / la sentía
muy cerca / a cada minuto creía que ella iba a aparecer".
La
Noche y el Sueño
Si la muerte de su prometida fue el detonante del genio
poético de Novalis, el sueño se convirtió
en la vía de la esperanza infinita y del auto-conocimiento:
"El sueño, aun el más desordenado, ¿no
es acaso un fenómeno singular que, sin invocar siquiera
un origen divino, abre una preciosa desgarradura en la misteriosa
cortina que cae, con sus mil pliegues, hasta el fondo de nuestra
alma? El sueño es una protección contra la regularidad
y la cotidianidad de la existencia, una libre recreación
de la imaginación cautiva, en la cual entreteje ésta
todas las imágenes de la vida, juego infantil cuya
alegría interrumpe la perpetua gravedad del adulto.
Sin el sueño, envejeceríamos más aprisa,
y podemos considerar a cada uno de ellos, si no como venido
directamente del cielo, por lo menos como un divino viático,
un amable compañero en nuestra peregrinación
hacia el santo sepulcro".
Si el sueño fue para Novalis la puerta de acceso
al reino de lo intemporal, la Noche, en especial la noche
interior, fue para él la gran reveladora, la fuente
oculta de sus sentimientos de donde surgía un mundo
plagado de imágenes: "En nuestros abismos es
donde nos superamos, donde somos más que nosotros mismos,
donde el universo está en nosotros... Soñamos
con viajes a través del universo; pero ¿acaso
no está en nosotros el universo? Las profundidades
de nuestro espíritu nos son desconocidas. El camino
misterioso va hacia el interior. Si en alguna parte está
la eternidad, con sus mundos, el pasado y el porvenir, es
dentro de nosotros mismos". En esas regiones interiores
se encuentra el reino de la flor azul donde Novalis se convierte
en uno de los grandes poetas del espíritu. Su traductor
al español Rudolf Hüsler ha señalado
que "nos encontramos ante uno de los pocos capaces
de demostrar que el alma, en contra de cualquier duda, existe".
Su existencia para algunos privilegiados se manifiesta
en forma de flor azul.
La Internationale Novalis-Gesellschaft tiene su sede
en el castillo de Oberwiederstedt donde Novalis nació.
Alberga un Museo y un Centro de Investigación del Romanticismo:
www: http://www.uni-leipzig.de/~angl/novalis/
e-mail: schloss-oberwiederstedt@t-online.de
www.textgalerie.de/novalis
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LA
FLOR AZUL
El
importante significado metafísico de la flor
azul se explica por una parte porque la flor es
"una imagen arquetípica del alma",
según la definición de Anna Teillard
y "una emanación numinosa del inconsciente",
según Carl G. Jung. En cuanto a su
color, el azul es el más profundo, puro, frío
e inmaterial de los colores y por ello se considera
símbolo de la irrealidad onírica y sugiere
una idea de eternidad serena y elevada, sobrehumana
o inhumana.
"El azul no es de este mundo", expresa
Jean Chevalier al referirse a la forma en que
el pensamiento consciente deja poco a poco lugar al
inconsciente, igual que "la luz del día
deviene insensiblemente luz de noche, azul de noche".Este
símbolo de la eterna añoranza, del poder
de la imaginación y de los mundos de ensueño
se convierte en la imagen central de las visiones de
Novalis. Así pasa a convertirse en un símbolo
de la poesía y la nostalgia entre los románticos:
es inaccesible y tiene que seguir siéndolo.
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UN
ICONO ROMÁNTICO
Friedrich
Freiherr von Hardenberg, Novalis, es uno de los escasos
poetas que goza de una fama y veneración casi
hagiográficas. En esto ha tenido mucho que ver
su legendaria biografía, aparte de la imagen
de poeta lánguido y vaporoso que de él
crearon sus amigos -especialmente Ludwig Tieck
y los hermanos Schlegel- y él mismo. Tanto
aplicó Novalis su programa poético a su
persona que tras su temprana muerte se convirtió
en icono, en la encarnación misma del espíritu
romántico. Pero no todo era "poesía
pura" en él: aunque se le conoce como el
poeta del alma, el hombre de la flor azul, su extraordinaria
curiosidad intelectual y una gran precisión de
espíritu le incitaron a emprender una inmensa
investigación sobre el saber humano: "Estaba
iniciado en todas las ciencias e hizo de ellas un uso
particularísimo, como nos lo hace ver su predilección
por las matemáticas. Todas las tendencias profundas
de su ser lo impulsaban a buscar, con ayuda de las adquisiciones
científicas más diversas, una fórmula
del universo, única y soberana... Espíritu
religioso ante todo, encariñado con los secretos
y los progresos del alma, atrajo hacia su experiencia
personal lo que para otros no pasaba de comprobación
objetiva. Novalis, gran iniciador de los filósofos
de la naturaleza los supera a todos", expresa
Albert Béguin.
Poeta contradictorio, místico profano y libertario
religioso, dejó una tremenda cantidad de aforismos,
anotaciones, comentarios, etcétera, pero todavía
está por hacer un trabajo sistemático
sobre estos textos que tuvieron gran resonancia entre
los intelectuales de su época y fueron rescatados
posteriormente en los círculos antroposóficos
de Rudolf Steiner.
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PREDESTINACIÓN
DE FECHAS
Los
Himnos a la noche fueron publicados por primera
vez en 1800 en Athenaeum, una revista literaria
editada por August Wilhelm Schlegel y su hermano
Friedrich Schlegel. Siete meses después
de su publicación Novalis moría de tisis,
igual que la musa inspiradora de su obra poética,
Sophie von Kühn. La vida de esta muchacha
-inmortalizada por el amor del poeta- estuvo marcada
por tres acontecimientos que se produjeron en el mismo
mes: nació el 17 de marzo de 1782, se prometió
secretamente con Novalis el 15 de marzo de 1795 y murió
el 19 de marzo de 1797. Novalis -quien se había
enterado de la muerte de ella el día 21- llegó
incluso a pensar en una predestinación de fechas
y escribió: "¿Cómo no esperar
que yo la seguiría el 23?" Lo sorprendente
es que el poeta murió el 25 de marzo de 1801.
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