CONTACTOS
CON HADAS
(publicado en Año Cero, nº 164, marzo 2004,páginas
68-73).
© Isabela Herranz
Las visiones de hadas y espíritus de la naturaleza se han modificado mucho en el último siglo, pero en esencia siguen siendo los mismos que nos ha transmitido la tradición. Tienen mucho que ver sobre los procesos inconscientes del ser humano y su necesidad de metáforas que satisfagan su alma. Los encuentros con ellas se intensifican a medida que los humanos destruyen su hábitat.
“Literalmente comencé a ver hadas con mis ojos físicos. Las hadas que vivían en los árboles, las plantas, los manantiales salían de todas partes en torno a mí. Parecían muy poderosas, espíritus altos, pocos de ellos sonrosados y graciosos y desde luego ninguno de ellos con alitas. Haciendo acopio de valor, les pregunté cómo era posible que pudiera verlas y me respondieron que normalmente eso no ocurría debido a la piedra dura (carreteras de asfalto) y la áspera luz (alumbrado eléctrico ciudadano), pero que seguían habitando los sitios de siempre”. La protagonista de esta extraña visión con contacto incluido fue la folklorista y sanadora británica Caitlín Matthews cuando regresaba desfallecida y famélica de un extenuante viaje al extranjero. Matthews se sintió muy alterada por la experiencia y cuando llegó a casa comió hasta saciarse y luego se fue a dormir. Nunca más volvió a verlos, pero eso no significa que dichos seres dejaran de existir, ni que otros no puedan verlos.
Realidad
invisible
Al parecer, su existencia está directamente conectada a la capacidad
de percepción que los humanos tenemos de ellos, según explica
el investigador inglés Hilary Evans en su obra Visiones, apariciones
y visitantes del espacio (1989): “Las hadas son entidades reales,
de una naturaleza por lo menos cuasi-física, y poseen la capacidad de
acción autónoma; sin embargo, su capacidad de ser percibidas –y
tal vez el carácter completamente físico de su existencia- depende
de algún proceso mental subconsciente por parte del perceptor. Por lo
tanto, se las verá cuando el perceptor se halle en un estado especial
de conciencia, como el de sueño, trance o éxtasis. En tales estados,
el perceptor logra penetrar en un plano paralelo de la realidad, en el cual
se imagina que estas entidades tienen existencia”.
Al margen de los paralelismos con otras categorías de visiones
de entidades de los cuales Evans se hace eco en la citada obra, aquí
nos interesa sobre todo un rasgo habitual en todas las creencias feéricas:
el reconocimiento inconsciente de que las hadas dependen totalmente de los procesos
mentales humanos. Con arreglemos a esto, si revisamos el Peter Pan de
J.M. Barrie tendríamos que admitir que estaba literalmente en lo cierto
cuando decía: “Cada vez que un niño dice no creas en
las hadas, hay un hada pequeña que, en algún sitio, cae muerta”.
Los avances recientes en la investigación parapsicológica
nos han confirmado de algún modo que “cuando se trata de hadas,
estamos tratando con el mundo de la psique, con el mundo del glamour y la ilusión”,
según indica en su obra The Fairy Faith (2002), la
doctora en parapsicología Serena Roney-Dougal. En una obra anterior,
Where Science and Magic Meet (1991), esta investigadora británica
señaló que “los fenómenos de las hadas son en
un aspecto esencialmente los mismos que los fenómenos de los espíritus,
de forma que la creencia en los seres feéricos deja de ser puramente
mítica y las visiones de hadas tienen que entenderse en los mismos términos
que los propuestos para los ovnis. Estas visiones de hadas las explicamos como
una forma de sugestión mental que actúa sobre la mente subliminal
del perceptor…. Corresponden a esa parte mística mental de nosotros
mismos que ha estado siempre ahí; sólo cambia su forma de vez
en cuando. Los ovnis son hadas con un disfraz moderno, representan una forma
exterior de arquetipo subconsciente de nuestra mente planetaria en esta época–contacto
con otros seres en el universo”.
Según se irá exponiendo, otras personas que como Matthews
han tenido ocasión de establecer contactos con estos seres vienen a corroborar
la exposición de Evans y Roney-Dougal del fenómeno que nos ocupa
y también la de otros autores como William Bloom o Edward L. Gardner
para quienes el estado natural de la conciencia de las hadas o devas está
abierto a la impresión, de modo que pueden adoptar la forma psíquica
proyectada sobre ellos (ver recuadro).
Hasta ahora la ciencia contemporánea no ha podido demostrar su existencia,
pero ¿quién puede negar que existen en una dimensión que
normalmente no perciben los cinco sentidos humanos? Son invisibles para nosotros,
sí, pero mientras folkloristas y antropólogos especulan sobre
la forma y carácter de estos seres, a la vez que avanzan teorías
sobre sus orígenes, hábitat o costumbres, hay personas que las
ven sin pretenderlo como la citada Matthews. Algunas lo consiguen con cierta
facilidad debido a sus dotes naturales de clarividencia, y otras están
tan fascinadas por ellos que simplemente se ponen a la tarea de establecer contacto,
sobre todo cuando descubren que la relación entre hadas y humanos suele
ser beneficiosa, ya que para conseguirla hay que rodearse de una atmósfera
de paz interior, armonía y silencio (ver recuadro) que redunda positivamente.
Dicha vivencia diferirá de unas personas a otras y no siempre será
visual, según explica William Bloom, experto en la percepción
de devas: “Hay que tener en cuenta que la percepción clara de
la vida feérica no viene en imágenes, sino mediante una impresión
y sentido intuidos. Es una forma inmediata de conocimiento. Puede ser que con
esta impresión también se capte otra sobre forma y color, pero
es secundaria al conocimiento directo. Hay algunas personas que poseen clarividencia
visual innata, pero esto es algo extremadamente raro. Sin embargo, hay técnicas
para mejorar la cualidad y la exactitud de estas impresiones. No hace falta
un cien por cien de claridad y exactitud para trabajar cooperativamente con
la vida dévica. Todo lo que se precisa es una actitud adecuada. Y entonces,
con el tiempo, aumentan la certeza y la claridad perceptivas”.
Contactos
feéricos
Teniendo en cuenta que el alcance de la sensibilidad humana es muy superior
a lo que parece, quizá sea mucho más fácil ver y contactar
con hadas de lo que imaginamos. De hecho, cada vez aparecen más testimonios
escritos de personas con experiencias similares a las que hace décadas
tuvo, por ejemplo, Dorothy Maclean, de la Comunidad Findhorn en Escocia.
Gracias a la sintonización que estableció con los devas y espíritus
de la naturaleza, el famoso jardín de Findhorn floreció
hasta límites gigantes en terrenos casi baldíos. Más recientemente,
desde una remota localidad de Cornwall, Sheila Jeffries ha informado en su obra
How to Meet Fairies (2002) sobre sus experiencias de canalización
con estos seres, lo cuales –explica el canal- tienen importantes mensajes
para nosotros desde predicciones de futuro hasta consejos de salud o de cambio
global.
También el renombrado folklorista británico R.J. Stewart ha difundido
sus conocimientos y experiencias del “mundo viviente de las hadas”
en diferentes obras que revelan la tradición feérica como un aspecto
de la conciencia planetaria, y aportan fórmulas para establecer contacto
fortaleciendo la conciencia y la energía sutil.
Otra persona excepcionalmente favorecida con visiones y contactos con hadas
ha sido la escritora y sanadora Dora Van Gelder, que durante un tiempo presidió
la Theosophical Society in America. Describe a las hadas como las formas
elementales de la naturaleza y en su obra The Real World of Fairies (1977)
se pregunta por qué no hay más gente que las vea. La respuesta
podría ser que la mayoría de los adultos están demasiado
inmersos en el lado físico de la realidad para ser conscientes de cuanto
ocurre a su alrededor en la realidad invisible. Al margen de que la cultura
moderna no preste demasiada atención a dicha realidad, los especialistas
en hadas y seres afines aseguran que el alejamiento de un sistema de vida más
natural y la excesiva mecanización actual en unión de la incredulidad,
resulta muy nociva para su visualización. Así y todo, como apunta
Roney-Dougal, “todavía hoy son muchas las personas que tienen
estas experiencias aunque las llamemos por otro nombre… Antes solíamos
conectar con los seres de la tierra, ahora les hemos llamado poltergeists, o
fantasmas de la dama gris, sin reconocer su naturaleza feérica”.
Dado que los devas son parte inextricable de nuestra historia, no importa
tanto el nombre que les demos sino que la toma de conciencia de su existencia
nos conduzca al equilibrio ecológico, según insisten sensitivos
como Dora Van Gelder o William Bloom. “La mayoría de la gente
vive hoy día encerrada en oficinas, exiladas en altos edificios que les
alejan de la tierra. Esta falta de contacto les priva de vitalidad y salud espiritual…
Cuanto más nos alejamos de nuestros orígenes terrenales y más
medicinas y alimentos sintéticos tomamos, más nos alejamos de
nuestras vecinas las hadas”, expresa con pesar Caitlín Matthews.
A Serena Roney-Dougal también le importa mucho que estos seres sigan
siendo alimento para nuestra alma. Con su rigurosa visión concluimos:
“Los resultados de los años de cuidadosa investigación
me hacen temblar porque siento que me dicen algo muy valioso, algo que necesitamos
saber en nuestra era y sociedad tan materialista, algo sobre la magia, sobre
el espíritu, sobre nuestras almas. Es alimento para mi alma, al igual
que estar en la naturaleza y disfrutar con la luna y el viento y la tierra y
el sol y el mar, y que ese espíritu de las hadas me alimente”.
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¿CÓMO SON LAS HADAS? “La
imagen más popular de las hadas es la transmitida por los victorianos:
diminutas criaturas con trajes vaporosos y alas de insecto. Tales seres
no proceden de la tradición, donde se les describe de tamaño
humano o incluso mayor. Parece que fueran producto de la fantasía
sexual reprimida en el siglo XIX y principios del XX. Si comparamos las
hadas y modernos espíritus de la naturaleza con los tradicionales
encontramos dos imágenes muy distintas: una insulsa, diminuta y
delicada, la otra fuerte y decidida, inquietante”. Así
se expresa R.J. Stewart, experto británico en folklore de las hadas,
seres que en la mayoría de los cuentos antiguos se describen como
bellos y poderosos, inhumanos y con un código moral muy distinto
del nuestro. |
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FÓRMULAS PARA ENCUENTROS CON HADAS Los
lugares más fácilmente accesibles donde se encuentran las
hadas y seres de luz son los jardines y espacios donde se celebran rituales
espirituales de oración y meditación. Aunque en algunos
países como China hay incluso hadas o espíritus guardianes
de la seda, el arroz y los caminos, en general siguen unidos a los mismos
sitios donde la tradición les ha situado siempre: árboles,
cascadas, fuentes, plantas, flores, marismas, ríos, manantiales,
lagos, montañas, piedras preciosas, charcos de rocío… |