ELECTRO-MÉDIUMS:
CUANDO LA CORRIENTE DOMINA A LOS ESPÍRITUS
(publicado en Más Allá, nº 130, diciembre 1999,
páginas 32-38).
©
Isabela Herranz
La conexión entre electricidad y exorcismo no es demasiado frecuente.
Los únicos exorcistas eléctricos que decidieron aplicar una terapia
de estas características vivieron en el primera mitad de este siglo y,
al parecer, la practicaron con suma eficacia.
En
la región de Anatolia existe un balneario único en el mundo para
curar enfermedades de la piel: se encuentra a 13 kilómetros de Kangal
(Sivas) y a él acuden personas de todas las latitudes para sumergirse
en sus estanques termales repletos de millones de pececillos y de anguilas de
35 centímetros de largo. Además de comerse las pústulas
de los afectados -especialmente en los casos de psoriasis-, peces y anguilas
les masajean la piel mediante unas pequeñas descargas eléctricas.
Este método curativo puede parecer muy raro y sorprendente, sin embargo
existen antecedentes muy antiguos en relación con la utilización
de peces eléctricos para tratar diversas dolencias físicas, así
como psicosomáticas.
Algunos de los primeros escritores médicos como Dioscórides
y Galeno mencionaron en sus obras la utilización de peces
eléctricos como el siluro de Egipto para curar determinadas afecciones.
También Scribonius Largus señalaba en su Compositionis
Medicamentorum que algunos ciudadanos romanos se valían del pez
torpedo del Mediterráneo para curar dolores de cabeza y para expulsar
espíritus del cuerpo. Sin duda, podría decirse que era una terapia
primitiva de electroshock subconvulsivo, que probablemente ya había
sido utilizada en tiempos prehistóricos. Según ha sugerido el
investigador Peter Kellaway en su ensayo "The Part Played by
Electric Fish in the Early History of Bioelectricity and Electrotherapy"
(1946) es muy probable que el hombre arrojara a los "endemoniados"
dentro de pozos con peces eléctricos. Milenios después, con el
descubrimiento de la electricidad, las cosas cambiaron drásticamente.
El primer historiador de la electricidad, Joseph Priestley (1733-1804),
se planteó la posibilidad de "exorcisar espíritus" sin
la ayuda de peces: optó por utilizar un aparato eléctrico. Así
se convirtió en un pionero del electroshock, pero por desgracia
su interés por el estudio de los gases que le llevaría al descubrimiento
del oxígeno, le alejó muy pronto de sus experimentos eléctricos
de forma que no dejó ningún legado en este sentido. Habría
que esperar varios siglos para que otro investigador se decidiera a poner en
práctica el mismo método de Priestley: Carl August Wickland,
un médico y psiquiatra espiritista que trató a sus pacientes
eficazmente de una variedad de trastornos psíquicos y psicosomáticos
valiéndose de un aparato eléctrico y de la ayuda de su esposa
-una médium que servía de canal para que los espíritus
dejaran de obsesionar a los pacientes de su esposo-.
En 1969 Archibald Campbell Holms recogía en su obra The Facts
of Psychic Science and Philosophy algunos detalles de la peculiar terapia
llevada a cabo por la pareja, así como sus creencias sobre la reencarnación.
Al parecer, ambos sostenían que dicha doctrina no sólo era falsa,
sino que causaba obsesión o locura en los chicos jóvenes, además
de mucho sufrimiento a los espíritus. Algunos de los espíritus
que se presentaban en las sesiones espiritistas habían sido teósofos
en vida y afirmaban que, al haber creído que la reencarnación
era esencial para su desarrollo cuando morían intentaban poseer a los
jóvenes. Creían erróneamente que se estaban reencarnando
y haciendo algo por su karma, lo cual consideraban un deber religioso. Su experiencia,
sin embargo, acababa por convertirse en una auténtica pesadilla, ya que
los pobres niños, debilitados por la obsesión, les hacían
pasarlo muy mal. El hecho de que su confesión e iluminación coincidiera
con la recuperación de la salud de los pacientes, dejaba claro que ellos
[los espíritus] habían sido la causa de la obsesión.
Según Campbell, el doctor Wickland también registró una
larga comunicación que supuestamente procedía de Madame Blavatsky,
en la que expresaba pesar por haber expandido la doctrina de la reencarnación,
que sabía muy bien que era falsa.
Al margen de estas referencias apenas existen otras menciones a los Wicklands
en los anales de la parapsicología y del espiritismo.
Círculos de rescate
El investigador norteamericano Dennis Stillings, autoridad mundial en
la obra de Carl G. Jung, sabía que el psiquiatra suizo había
hecho referencia a los exorcismos eléctricos llevados a cabo por los
Wickland en uno de sus seminarios. También conocía un libro que
Wickland había publicado en 1924 y que había sido reeditado en
Londres en 1968: Thirty Years Among the Dead. Otra información
de interés se encontraba a sir Arthur Conan Doyle, quien había
visitado a los Wicklands en Los Ángeles y estaba al tanto de sus curaciones
eléctricas. Así lo había expresado en su libro Our second
American adventure (1923) donde mencionaba que la señora Wickland
hacía muy buen trabajo rescatando a espíritus ignorantes que atormentaban
a humanos infelices.
Las referencias se paraban ahí. Sin embargo, a mediados de los años
setenta -época en que Stillings como conservador y asesor histórico
de la Bakken Library (ver recuadro) se vio obligado a buscar prototipos
eléctricos para engrosar los fondos del museo-biblioteca Bakken- se
dispuso a indagar sobre Wickland y su aparato eléctrico para ahuyentar
espíritus.
Las investigaciones que Stillings llevó a cabo para seguir la pista a
Wickland fueron muchas y variadas. Las relativas a directorios médicos
desde principios de siglo arrojaron datos de cierto interés: en el primer
directorio de la American Medical Association (AMA) publicado en 1906,
figuraba el nombre de Carl August Wickland como homeópata y licenciado
por la Facultad de Medicina de Dunham en 1900. Pasaba consulta de 2 a 4 en el
número 616 de la Wells Street en Dunham. En 1910 abrió The
Psychopathic Institute de Chicago para el tratamiento de la obsesión.
El directorio de la AMA de 1914 lo situaba en Los Ángeles y ya no figuraba
como homeópata, sino como miembro de la Illinois State Medical Society.
El cambio siguiente fue en 1918: tenía nuevo domicilio médico
y ejercía como psiquiatra. En 1928 figuraba como presidente del National
Psychological Institute de su ciudad. No hubo más modificaciones
de interés hasta 1942, año en que apareció reseñado
como "jubilado". Su nombre sería mencionado de nuevo en el
volumen 130 del 2 de marzo de 1946, página 595, del Journal of the
American Medical Association: "Carl August Wickland, Los Ángeles,
Dunham Medical College, Chicago, 1900; murió el 13 de noviembre
a los 84 años". Era la sección necrológica.
Un reverendo espiritista
Además de las citadas referencias, Stillings consiguió localizar
a mediados de los setenta al reverendo Justin E. Titus, ex pastor de
la Iglesia Espiritualista de Plymouth en Rochester (Nueva York) y antiguo amigo
de Carl A. Wickland. Le solicitó información sobre el famoso electro-exorcista
de Los Ángeles y Titus no tardó en responderle. La carta que le
envió es un documento único, ya que recoge el modus operandi
de los Wicklands en el contexto que analizamos, de ahí el interés
en reproducirla completa: "Conocí al doctor Carl A. Wickland
y a su esposa. Vivían y trabajaban en Highland Park, Los Angeles (California).
Para poder asistir a una de sus sesiones espiritualistas y ver cómo trabajaba
con su máquina eléctrica hacía falta conocer a alguien
cercano que te presentara al grupo. La señora Marcella Pray, viuda de
Ned Pray, y un escritor amigo mío me presentaron. Sólo se podía
atender a estas sesiones. El doctor Wickland consiguió el plano/diseño
de una máquina electro-estática con la ayuda de unos científicos
espiritistas. El aparato era una silla grande acoplada en una plataforma elevada
con maquinaría por debajo y un especie de antena circular grande en la
parte derecha de la silla. Las personas con problemas mentales, o obsesionadas
por los espíritus, se sentaban en la silla y entonces se les enchufaba
la electricidad estática. El efecto no era desagradable para los pacientes,
sino para las entidades que les obsesionaban. De hecho, era tan desagradable
que eran exorcisadas y abandonaban literalmente al paciente envueltos en chispazos
de fuego. Las entidades se quejaban del insoportable dolor de las quemaduras.
El doctor Wickland me invitó a sentarme en la silla para que comprobara
las sensaciones de los pacientes. Lo hice así y experimenté la
sensación de un fuerte viento que me calaba hasta los huesos. Al concluir
el exorcismo, el espíritu obsesivo con la ayuda de espíritus poderosos
y sabios entraba en el cuerpo de la señora Wickland, que era una médium
excepcional. Su cuerpo se utilizaba como trampa para cazar y sujetar al espíritu
exorcisado. Atrapados así, los espíritus eran educados. La mayoría
reaccionaban favorablemente y eran escoltados a planos espirituales positivos.
Aquellos que reaccionaban de forma no favorable eran escoltados a prisiones
espirituales por la policía psíquica. Fuimos testigos de espíritus
rebeldes tan violentos que mientras estaban en el cuerpo de la señora
Wickland tenían que ser sometidos a la fuerza.
Naturalmente, conseguimos eliminarlos y encarcelarlos. Las prisiones de espíritus
son los reformatorios reales del Amor y la Sabiduría Divinos. Tanto el
doctor Wickland como la señora Wickland eran gente honesta, noble y dedicada.
Fue un privilegio para mí conocerles. Deseo señalar que su trabajo
no tenía repercusiones negativas sobre la salud mental o física
de ninguno de ellos. Ambos han muerto y no sé que ocurrió con
la máquina electro-estática. Le sugiero que indague en el testamento
de Wickland para ver que había pasado con ella.
Dennis Stillings le siguió la pista a la máquina pero no la encontró.
De haberlo conseguido probablemente se la hubiera llevado a la Bakken -un
artefacto utilizado para un fin tan peculiar como la expulsión de espíritus
habría tenido un sitio en el museo-, pero lo cierto es que el aparato
en sí no poseía ninguna característica especial, a pesar
de las indicaciones de Titus en este sentido. Según las indagaciones
de Stillings lo más probable es que se tratara de un generador electro-estático
del tipo Holtz-Toepler, aparato muy típico y corriente en su época
para "electrificación general".
Además de la popularidad y éxitos confirmados de la electromedicina
del siglo XVIII, la terapia de electricidad estática no sólo seguía
practicándose con gran efectividad a principios del siglo XX, sino que
en cierto modo fue un antecedente muy importante de las terapias modernas: el
tratamiento eléctrico contra el dolor, la parálisis, los trastornos
nerviosos periféricos o cardiacos, la depresión y la impotencia.
A pesar de su eficacia, su uso había desaparecido casi por completo hacia
los años veinte, en gran parte debido a la popularidad alcanzada por
los fármacos. No se sabe por qué funcionaba -tal vez sus efectos
eran el resultado de una polarización de moléculas conectadas
a la superficie de la piel-, pero lo cierto es que era muy eficaz y en lo relativo
a su empleo para expulsar espíritus los éxitos de Wickland no
parecen dejar la menor duda al respecto. Sin embargo, los Wicklands no tuvieron
sucesores.
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