LA
PARÁLISIS DEL SUEÑO: ¿EXPERIENCIA NATURAL O PARANORMAL?
(publicado en Año Cero, nº 149, diciembre 2002, páginas.
58-61).
© ISABELA HERRANZ
¿Ha tenido alguna vez la aterradora experiencia al dormir o ir a despertarse de sentirse paralizado de repente? ¿Acaso tuvo durante la misma un encuentro con algún ser “de otra dimensión”? ¿Fue una alucinación? ¿Un ataque sobrenatural? ¿Una experiencia psíquica o paranormal? Las últimas investigaciones aclaran muchas incógnitas sobre este trastorno del sueño tan común.
“Durante
el ataque sé que estoy en la cama aunque no percibo mi entorno. Tengo
los ojos cerrados y soy consciente de mi incapacidad para moverme. Respiro con
mucho esfuerzo y tengo la impresión de que la manta me cubre la boca
y no puedo remediarlo. Siento una profunda ansiedad e incomodidad. Aunque llevo
muchos años interesado en la parálisis del sueño y he sido
el primero en emplear este término en un artículo, nunca me había
cruzado la cabeza el pensamiento ‘esto es sólo un ataque de parálisis
del sueño; debo tener paciencia, pasará enseguida’. Parezco
esperar que el alivio se producirá con la siguiente inhalación,
pero sigo paralizado. Tras media docena de intentos infructuosos, siento que
estoy haciendo un esfuerzo hercúleo al respirar y de repente el hechizo
se rompe y estoy totalmente despierto y en plena posesión de mis facultades”.
Esta angustiosa descripción que resultará familiar a muchos
lectores de Año Cero fue realizada en 1957 por Max Levin, uno
de los pioneros en investigar el fenómeno de la parálisis del
sueño sobre el que incluso hoy quedan incógnitas por desvelar.
Para empezar, convendría explicar en qué consiste y cuáles
son sus causas.
¿Ataques sobrenaturales?
En general, la parálisis del sueño es un periodo de incapacidad
para realizar movimientos voluntarios al inicio del sueño o cerca del
momento de despertar. Se trata de un estado en el que al parecer estamos físicamente
dormidos pero mentalmente despiertos. El doctor Eduard Estivill, director de
la Unidad de Alteraciones del Sueño del Instituto Universitario
Dexeus de Barcelona y autor de la obra “Duérmete, niño”
(Plaza & Janés) explica que “tanto el momento de despertarse
como el de dormirse está caracterizado por dos fases: primero se despierta
el cerebro y luego se despierta el cuerpo. Normalmente estos dos procesos se
dan simultáneamente, pero en ocasiones se produce un brevísimo
intervalo de tiempo entre el despertar del cerebro y el de la musculatura. Entonces,
uno es consciente de que está despierto, pero no se puede mover”.
En la Clasificación internacional de los trastornos del sueño
(siglas inglesas ICSD) efectuada por M.J. Thorpy en 1990, la
parálisis del sueño se define como “un periodo de incapacidad
para realizar movimientos voluntarios al dormirse (tipo predormital o hipnagógica)
o al despertarse durante la noche o por la mañana (tipo posdormital o
hipnopómpico)”.
Aunque en los años sesenta se sugirió que se trataba de una disfunción
del “sistema activador reticular”, la investigación
posterior realizada por el investigador japonés Y. Hishikawa en 1976
mostró que era un síntoma corriente entre los narcolépticos,
ya que un 57% de estos enfermos había sufrido un episodio. Debido a esta
elevada incidencia, los médicos han tendido a pasar por alto el hecho
de que la experiencia de “sufrir un ataque en apariencia sobrenatural”
también se produce con frecuencia en personas normales que no sufren
de narcolepsia, un trastorno del sueño caracterizado por excesiva somnolencia
durante el día, alteración del sueño nocturno y manifestaciones
alteradas de la fase REM del sueño. Además de estar conectado
con la citada alteración, Robert Baker ha sugerido que “el síndrome
de parálisis del sueño está muy asociado con los ciclos
alterados de soñar y dormir, periodos de estrés intenso, consumo
excesivo de alcohol y drogas, dormir en lugares poco familiares, o bien ser
el resultado de un problema psicológico o incluso una señal de
enfermedad física o mental”.
Aunque no hay cifras concluyentes todavía respecto a su frecuencia, estas
se han ido ampliando a lo largo de las últimas décadas: en 1962
el neurólogo G.B. Goode registró una incidencia del 4.7% frente
al 15% obtenido por D.J. Hufford en 1982. En 1987, los estudios de los japoneses
K. Fukuda, A. Miyasita, M. Inugami y K. Ishihara alcanzaron un 40%. Un año
después J. McClenon registró un 58% entre los estudiantes chinos
y en 1998, la inglesa Susan Blackmore registró un 46% en una muestra
de 224 estudiantes universitarios y un 34% en una muestra de 124 niños
de entre 8 y 13 años.
¿Existen factores de “riesgo” además de los citados
por Baker para padecer estos episodios? Parece ser que el tipo de personalidad
es uno de ellos. En 1995 N.P. Spanos y su equipo descubrieron que la capacidad
para imaginar permitía predecir la incidencia de la parálisis
del sueño y la intensidad de los síntomas. Encontraron una estrecha
correlación entre las imágenes vívidas (por ejemplo, pesadillas/terrores),
la imaginación, las experiencias fuera del cuerpo y la susceptibilidad
para ser hipnotizado/a. Estos resultados les llevaron a sugerir que la gente
imaginativa tiende a darse cuenta de la parálisis con más frecuencia
que el resto y que la auténtica incidencia de esta podría ser
superior entre la población pero pasa inadvertida entre muchas personas.
Otros investigadores han analizado la “sintomatología” del
fenómeno. Los japoneses K. Fukuda, N. Inamatsu y A. Miyasita realizaron
en 1987 una encuesta entre 635 estudiantes universitarios en Japón. Un
43% (273) dijeron haber tenido al menos un episodio con “la Vieja Bruja”
(Kanashibari para los japoneses); un 60% de los participantes sintió
ansiedad o terror; un 40% sintió opresión en el pecho y un 30%
tuvo alucinaciones auditivas; otro 15% tuvo alucinaciones visuales y una proporción
similar tuvo alucinaciones táctiles.
La similitud subyacente de los informes de parálisis del sueño
en diferentes entornos culturales sugieren que hay un núcleo de rasgos
invariables en este fenómeno, pero así y todo hay algunas variaciones
significativas en cuanto a incidencia y características. Con ánimo
de crear una base de datos que permitiera comprender mejor la fenomenología
de la experiencia e identificar sus rasgos fundamentales, el inglés Christopher
C. French del Goldsmiths College de la universidad de Londres ha estado coleccionando
durante dos años descripciones de estas experiencias y los resultados
obtenidos muestran que ha conseguido su objetivo. Al sacar conclusiones sobre
su investigación, French ha señalado que “los testigos
no sólo informan de ataques de fantasmas y brujas, sino también
de experiencias de clarividencia, precognición o telepatía”
(ver recuadro de características e incidencia).
Cuando preguntamos al doctor French qué opina sobre los “ataques
de pánico” durante los episodios de parálisis del sueño
indica que “hay una serie de posibles interpretaciones de la relación
entre ambos. Las dos condiciones se solapan en cuanto a sintomatología
(dificultad al respirar, sensación de morirse) pero no son idénticas
ya que habitualmente los ataques de pánico no implican incapacidad para
moverse. Es posible que los episodios de parálisis del sueño sean
suficientes para activar estos ataques en personas susceptibles. Sin embargo,
es muy probable que haya una base neurofisiológica común en todos
los episodios de pánico. Se cree que el trastorno del pánico está
asociado con una regulación anormal del sistema noradrenérgico
que está también implicado en la narcolepsia. Si así fuera
esto supondría un hallazgo positivo, ya que los métodos terapéuticos
que se emplean para ayudar a personas a reconocer y evitar dichos ataques podrían
en algunos casos emplearse también para ayudar a personas a superar los
que acontecen durante la parálisis del sueño”.
Una zona “intermedia”
NO debe olvidarse que la parálisis del sueño es un trastorno benigno,
pero debido a que con frecuencia es aterrador y extraño a muchas personas
les angustia sólo la idea de revivirlo mientras duermen. En busca de
información “en la calle” sobre el fenómeno, nos hemos
asomado a los foros de Internet y tanto en inglés como en español
aparecen recogidos multitud de testimonios, en su mayoría “angustiosos”
de personas que sufren con regularidad episodios de este tipo, habitualmente
acompañados de imágenes alucinatorias de presencias que definen
como “alienígenas”, “demonios”, “hombres
de negro”, etcétera. Esta muestra pone de relieve una experiencia
bien conocida desde siempre y que claramente se encuentra en la raíz
de las famosas historias de “la Vieja Bruja” o “el
Hombre del Saco”, por usar términos afectuosos, recogidas en
todos los pueblos y culturas (ver recuadro). Según hemos señalado,
aunque la mayoría de estas experiencias son terroríficas eso no
significa que no sean reversibles. Muchas personas han aprendido a controlarlas,
según observamos en el relato del testigo inglés Richard Scott:
“Llevo veinte años experimentando la parálisis del sueño
y creo que se puede eliminar el miedo por completo. Si como dicen los expertos
nos encontramos en una zona intermedia entre los sueños y la realidad,
entonces algunos aspectos del sueño deberían funcionar. Cuando
experimentamos la parálisis del sueño nos asustamos porque no
comprendemos qué está pasando. Sentimos gran opresión en
el pecho y no podemos respirar. Si, sin embargo, podemos relajar la mente y
no luchar contra la experiencia entonces todo empieza a calmarse. Las imágenes
aterradoras desaparecen y son sustituidas por otras apacibles. Creo que podemos
revertir toda la experiencia en una maravillosa oportunidad para experimentar
con un estado alterado de conciencia”.
El ingeniero colombiano César Jiménez de 34 años de edad
también afirma haber aprendido a controlarla: “Una o dos veces
cada mes y en ocasiones hasta semanalmente, según mi estrés y
estado emocional, suelo tener episodios de parálisis del sueño.
Con frecuencia he logrado controlarlos calmándome en ese mismo instante
y recurriendo al único movimiento controlable a mi alcance: la respiración.
Esa es la clave. He comprobado que con la práctica de la meditación
puedo manejar mejor mi cuerpo y mente. Es necesario un buen entrenamiento y
una programación mental para manejar la situación”.
Según nos contaba el doctor French, la labor de los neurólogos
que tratan este y otros trastornos del sueño también es de gran
ayuda. J.A. Cheyne y C.M. Paradis, por ejemplo, han comprobado que simplemente
tranquilizando a sus pacientes de que esta experiencia tiene un nombre y no
es peligrosa suele ser suficiente para aliviar su angustia y preocupación
en gran medida. E. Estivill hace hincapié en que “la mejor manera
para superar la parálisis del sueño es hacer precisamente lo contrario
de lo que hace todo el mundo, es decir, en vez de querer despertarnos, lo mejor
es intentar volver a dormirnos. Seguramente no conseguiremos dormirnos de nuevo
pero el solo hecho de tranquilizarnos puede hacernos salir del episodio”.
Por su parte, French espera confiado que su investigación sobre este
fenómeno común del sueño alcance una mayor difusión
y permita aliviar los miedos de los que lo padecen mediante una comprensión
adecuada del mismo.
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CARACTERÍSTICAS
DE LAS EXPERIENCIAS DE PARÁLISIS DEL SUEÑO |
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RELACIÓN
DE UNIDADES DEL SUEÑO EN ESPAÑA |