VIAJES
EXTRACORPÓREOS
(publicado en Año Cero, nº 87, septiembre 2002, páginas
72-75).
© Isabela Herranz
¿Qué sucede durante las experiencias extracorpóreas? ¿Se viaja por el mundo físico normal? ¿Tal vez por uno creado por el pensamiento? ¿Utilizamos nuestros ojos físicos o es nuestra imaginación la que crea la experiencia? Cada vez son más las personas que están encontrado respuesta a estos interrogantes: son proyectores que han aprendido a "desdoblarse" conscientemente.
"Llevo
tres meses practicando las técnicas para salir del cuerpo que aprendí
en un curso. Al principio me costaba mucho estarme quieta (sentía picores
o incomodidad), pero desde el primer día me fascinó notar una
gran variedad de sensaciones corporales totalmente nuevas. Las experiencias
que he tenido han sido preliminares, pero muy interesantes. En una de ellas,
sentí como mi doble etérico se separaba del físico al menos
medio metro a la vez que escuchaba un ruido muy fuerte, como de una centrifugadora.
En otra experiencia, sólo se proyectó mi conciencia: veía
perfectamente y estuve 'paseando' por una ciudad en la que aparecí de
repente, era como si yo estuviese en persona... Al volver a mi cuerpo fui plenamente
consciente de todo lo ocurrido ya que en ningún momento había
estado dormida. Sigo practicando las técnicas aprendidas y tengo la convicción
de que con disciplina y voluntad podré dominar esta práctica tan
fascinante y enriquecedora".
El anterior testimonio de
Marta Sierra, doctora en ciencias físicas, no difiere en esencia
del de muchas otras personas entrevistadas para la elaboración de este
reportaje. Algunas de ellas se sorprendieron de forma repentina y espontánea
fuera de sus cuerpos siendo niños o adolescentes, como la arquitecta
Fabiana Cerato que tuvo serias dificultades para explicar a su familia
las experiencias espontáneas que tenía de niña. Estas personas
desean seguir explorando conscientemente esa "realidad extracorpórea"
y aseguran que a la misma puede accederse con relativa facilidad. De hecho,
algunas de ellas han tenido su primera experiencia tras tan sólo un mes
de práctica y hay otras que lo han conseguido incluso antes, como Miguel
Cirera, analista-programador de ordenadores: "El primer día
que me hablaron de la salida fuera del cuerpo decidí probar y al primer
intento salí inmediatamente". Esto no significa, sin embargo,
que Cirera pueda acceder continuamente: "No lo consigo siempre a pesar
de acostarme con esa idea todas las noches; va por temporadas. Hay meses en
que no tengo ninguna y otras épocas una o dos por semana. La técnica
que más uso es la proyección por estimulación de la pineal.
Centró la atención y las energías en esa zona y desde ahí
activo todo mi campo energético".
Otras personas han recurrido
a técnicas de sonido (Hemi-Sync), como las empleadas en el Instituto
Monroe (Virginia, USA), que permiten proyectarse rápidamente, sin
entrenamiento. Carol Sabick Quinn lleva diez años trabajando con
dichas técnicas y actualmente es instructora residencial en España
de los cursos del mencionado Instituto. Nos cuenta que para proyectarse al principio
empleaba la tecnología Hemi-Sync, pero luego le bastaba con sentirse
fuertemente motivada: "Todo empezó a fluir de otra manera en
un curso para aprender a ayudar a personas fallecidas que se han quedado enganchadas
en la energía de la tierra (por no saber que han muerto, tener miedo
a un juicio final, etcétera). Como había algo 'importante' que
llevar a cabo, es decir, ayudar, ya no me preocupaba salir del cuerpo o no,
simplemente me concentraba en conectar con estas personas y entonces salía
con facilidad. Posteriormente, trabajando en la sanación a distancia
me daba cuenta de que muchas veces estaba con la persona e incluso a veces me
veían".
Con ánimo de investigar
en su conciencia y aprovechando su gran facilidad para "volar", Teresa
Losada, auxiliar de vuelo, también siguió los cursos oficiales
impartidos en el Instituto Monroe cuando no era posible hacerlos en España,
y gracias a las tecnologías de la neurociencia se sorprendió viviendo
en "otra realidad" casi de continuo: "Al tratarse de cursos
intensivos de una semana las experiencias se producían continuamente...
parecía que estaba más tiempo fuera del cuerpo que en él...
me sentía literalmente flotando en una dimensión energética
menos densa". Tras sus primeras experiencias inducidas, Losada optó
por aprender a proyectarse conscientemente y para ello ha seguido los cursos
impartidos por el Instituto Internacional de Proyecciología y Concienciología,
donde se enseñan técnicas de proyección sin la ayuda de
aparatos. Su fundador, Waldo Vieira, lleva proyectándose desde
los 9 años (ver Año Cero, nº 112) y ha dedicado buena
parte de su vida a la investigación de las manifestaciones multidimensionales
de la conciencia y a fomentar el control consciente de las experiencias extracorpóreas
(EEC) como vía para una mayor plenitud existencial. "Actualmente
sólo me proyecto cuando es preciso hacer 'asistencias directas', no necesito
hacerlo para estar en contacto con los guías o amparadores cósmicos",
contesta cuando le preguntamos durante su última visita a Madrid si se
proyecta con mucha regularidad. A nuestra pregunta sobre cómo se puede
acelerar este proceso para expandir la conciencia responde sin pestañear:
"Practicando intensivamente y haciendo reciclajes continuos a diario...
Nosotros no hacemos ninguna catequesis. Sólo enseñamos técnicas
que funcionan y que son accesibles a cualquier persona que se sienta motivada
y desee aprenderlas... No todas las técnicas sirven para todo el mundo,
cada uno debe elegir aquellas con las que se siente más a gusto. La proyección
se efectúa así con plena confianza".
Sin duda, resulta muy tentador
probar alguna de estas técnicas a ver qué ocurre y no esperar
a que la experiencia suceda espontáneamente mientras caminamos o trabajamos
tranquilamente en el jardín. En los anales del Instituto de Investigación
Psicofísica de Oxford, actualmente dirigido por Celia Green,
una de las más prestigiosas investigadoras en el campo de los sueños
y todas sus variantes, hay registrados numerosos casos de personas que tuvieron
una EEC en situaciones muy diversas, desde conducir vehículos hasta cantar
ante un auditorio pasando por extraer un diente. En casos así el cuerpo
del sujeto puede seguir funcionando de forma aparentemente normal mientras parece
estar observándose desde fuera.
Un viaje alucinantemente lúcido
Al margen de las mencionadas
circunstancias que podrían considerarse de actividad "cotidiana",
lo más habitual es que la experiencia se produzca en otras en que el
cuerpo ha sufrido algún traumatismo grave: agotamiento extremo, accidente
o enfermedad, pero también cuando está intoxicado con marihuana,
una de las drogas que más fácilmente inducen la experiencia, según
confirmó la investigación del investigador americano Charles
T. Tart en 1971. En la encuesta que efectuó con 150 consumidores
de esta planta descubrió que el 44% había tenido desdoblamientos.
El consumo de la misma, sin embargo, no garantiza la experiencia y aún
teniéndola lo más frecuente es que sea breve y difícil
de controlar.
Los proyectores conscientes
como Waldo Vieira aseguran que "el control es la clave para una experiencia
fructífera y este se pierde cuando se utilizan substancias que alteran
le mente". Eso le ocurrió al pintor José Adillo una
mañana tras una clase de kárate: "Apenas había
desayunado y al llegar a casa me puse a dibujar tras fumar un cigarro de marihuana.
Hice un alto momentáneo y de pronto me vi desde atrás y desde
arriba. Al principio sentí más sorpresa que susto, incluso se
me ocurrió que podría visitar a mi prima que vivía enfrente,
o salir a curiosear en el exterior. No tenía conciencia de haberme muerto
ni nada parecido, pero regresé rápidamente a mi cuerpo porque
lo novedoso de la experiencia me asustó. El regreso fue instantáneo,
sin sobresaltos, igual que la salida. He tenido muchos sueños lúcidos,
pero nunca más he vuelto a desdoblarme".
La psicóloga y parapsicóloga
inglesa Susan Blackmore también tuvo una EEC bajo los efectos
de la marihuana, pero en su caso fue tan intensa que le sirvió de punto
de partida para una investigación sobre el fenómeno que culminaría
en su libro Beyond the Body (1982). A pesar del tiempo transcurrido Blackmore
recuerda bien muchos detalles de su experiencia según nos contó
en Londres hace unos meses: "Desde el techo podía ver aparentemente
el cuarto, todos los muebles y a mis amigos. Luego vi un cordón plateado
desde el cuello de mi cuerpo allá abajo hasta el ombligo de mi doble
arriba. Salí del cuarto atravesando las paredes y observé claramente
el color rojo de los tejados y la hilera de chimeneas antes de volar a lugares
más alejados como París, Nueva York y Sudamérica. Lo que
resultó muy interesante fue comprobar al día siguiente que los
tejados eran grises y no rojos; tampoco había chimeneas".
Al principio del "viaje"
su cuerpo duplicado le pareció bastante sólido, pero luego empezó
a alargarse y a encogerse al estilo de Alicia en el país de las maravillas.
Estas transformaciones y la confirmación de que la realidad circundante
no era como la había visto le hicieron concluir que todo había
sido producto de su imaginación a pesar de haberle parecido una experiencia
completamente real. ¿Sería efecto de la droga que había
consumido? Es improbable, ya que estas sensaciones y otras igualmente raras
o más son habituales también en proyectores conscientes (ver recuadro
general). El testimonio de la citada Marta Sierra es buena prueba de ello: "He
tenido dos tipos de desdoblamientos... En uno de ellos me siento de forma muy
parecida a como soy en el cuerpo físico, es decir, 'tengo' brazos, piernas,
cabeza, pero estoy flotando y no peso nada. Además oigo ruidos fuertes
y extraños que no tienen que ver con la realidad exterior (habitación,
etc...) donde estoy. El otro tipo de desdoblamiento que conozco es radicalmente
diferente: tengo conciencia pura con visión, pero sin ningún cuerpo
sutil que les acompañe. No hay sentido cinestésico ni sensaciones
corporales de ningún tipo, ni siquiera audición (aunque curiosamente
mi audición permanece con el cuerpo físico ya que puedo escuchar
mi respiración y no se oyen sonidos extraños). La visión
es totalmente realista, pero no puedo oír nada de lo que me rodea y tampoco
siento el calor del sol ni el viento que corre: puedo ver el viento moviéndose
en las ramas de los árboles, en el pelo y ropa de la gente pero no puedo
sentirlo".
Precisamente estos dos tipos
de desdoblamiento han sido clasificados por Celia Green: en las EEC parasomáticas
el sujeto parece estar situado en un cuerpo duplicado más o menos
parecido a su cuerpo físico, mientras que en las asomáticas
el sujeto y su nuevo punto de vista no parece estar asociado a un cuerpo,
es decir, siente que es una conciencia incorpórea.
Si durante la experiencia
tenemos la impresión de que abandonamos el cuerpo físico y observamos
el mundo desde fuera, resulta natural asumir que, al menos temporalmente, tenemos
un doble que puede ver, oír (aunque no siempre, según nos contaba
Marta Sierra), pensar y desplazarse. ¿Es ello indicativo de la existencia
independiente del alma según afirman los defensores de la doctrina de
la proyección astral? Esta doctrina no es la única que apoya la
teoría de que algo abandona el cuerpo, pero no vamos a
exponerla aquí ahora dado que ha sido ampliamente divulgada por teósofos
y diversas corrientes esotéricas. En su lugar revisaremos brevemente
la teoría psicológica según la cual la EEC es una
experiencia metacórica en la que el ego niega la muerte inevitable del
cuerpo físico mediante la manifestación del Yo al Yo. Aunque dicha
teoría considera a la EEC más como un proceso psicológico
que como una indicación de que el alma, el yo astral o lo que sea se
separa verdaderamente del cuerpo, no significa que no valore esta experiencia
tan notable, todo lo contrario. Gran número de psicólogos sostiene
que las EEC proceden del estado mental denominado "sueño lúcido"
(ver Año Cero, nº ), mientras que otros opinan que es una
variante del mismo. Sin embargo, las cosas no terminan ahí.
Una experiencia metacórica
El psicólogo Stephen
LaBerge, de la universidad de Stanford, ha señalado que aproximadamente
en un 1% de los sueños lúcidos, muchas personas tienen la sensación
de encontrarse fuera del cuerpo. Esta información se corresponde con
los datos obtenidos por el antropólogo norteamericano Dean Sheils
a finales de los años setenta en más de 67 culturas alrededor
del mundo: en un 80% de las mismas el sueño era considerado como la vía
más importante de experiencias extracorpóreas.
A pesar de estos datos, hay
que tener en cuenta que la forma más típica de sueño lúcido
es ciertamente distinta de la experiencia extracorpórea más típica.
La EEC normalmente comienza de forma que parece una continuación del
entorno del sujeto, pero luego prosigue con viajes espectaculares o un regreso
al pasado. El sueño lúcido, en cambio, ofrece una imitación
convincente de la realidad física pero no de un lugar especialmente familiar
al soñador y tampoco suele incluir "viajes" a lugares distantes
si bien la sensación de volar es frecuente.
Entre los investigadores que
no aceptan la teoría del sueño lúcido o que se trata de
una posible variante destaca Susan Blackmore. Para justificar su opinión
se apoya en los resultados obtenidos en diversos experimentos en laboratorio
(ver recuadro) realizados con ciertos sujetos especialmente dotados para proyectarse
a voluntad como Robert Monroe, Keith Harary o Ingo Swann:
los indicadores fisiológicos como el pulso cardiaco, los movimientos
oculares y las ondas cerebrales reflejaban durante sus proyecciones que no se
encontraban totalmente dormidos.
Es posible que la EEC no sea
un sueño, pero si no es así, ¿qué es entonces? ¿Tal
vez una "alucinación"? ¿Una experiencia metacórica,
según denominó Celia Green a las experiencias en las que el
perceptor reemplaza el entorno perceptivo normal por otro alucinatorio que suele
ser una réplica convincente del mundo de la percepción normal?
Si efectivamente se trata
de una alucinación no cabe duda de que posee un carácter "muy
especial". Para empezar es muy estable ya que uno de sus rasgos
fijos es su impresión de realismo y autenticidad. Esa impresión,
no obstante, es ilusoria según nos aclara Hilary Evans, investigador
de los estados alternados de conciencia: "Por real que parezca
el cuerpo, el cordón y el entorno siempre pueden ser imaginados y ello
no constituye una prueba de que tengamos un segundo cuerpo y mucho menos de
que vivamos una experiencia sobrenatural".
Susan Blackmore ha intentado
relacionar la EEC con una disrupción de los procesos cognitivos normales
que son responsables de mantener nuestra imagen corporal, es decir, la imagen
mental que tenemos de nuestros cuerpos y de cómo nos situamos en el entorno
inmediato: "Si por algún motivo se produce una disrupción
repentina de la información sensorial entrante, la mente tiene dificultad
para mantener la imagen corporal que tenemos de nosotros mismos y entonces puede
producirse una EEC". Su teoría, sin embargo, no describe adecuadamente
cómo y por qué algunas personas pueden tener EEC conscientes.
Sin duda queda mucho por investigar
en un campo aún bastante inexplorado por los científicos, pero
así y todo disponemos de algunos datos "muy intrigantes" como
los obtenidos por Charles T. Tart en los experimentos con hipnosis efectuados
a finales de los setenta. Al parecer todos los participantes tuvieron EEC vívidas
que parecían experiencias reales con desplazamientos a lugares que conocían,
pero ninguno acertó a ver los objetos colocados en una mesa de laboratorio
a pesar de haber hecho "viajes" al cuarto donde estaban encerrados
con llave. En vista de estos resultados, Tart concluyó que bajo los efectos
de la hipnosis la mente de la persona vive la EEC como si realmente estuviera
fuera de su cuerpo cuando en realidad está alucinando, es decir, lo que
ve es una ilusión. Esta explicación es rechazada por los que consideran
que la experiencia posee un carácter "sobrenatural" dado que
con frecuencia la información obtenida por los proyectores sobre el espacio
exterior es correcta. Antes de sacar conclusiones veamos qué opina Hilary
Evans: "Mientras que la información facilitada por las personas
que han tenido la experiencia es con frecuencia correcta no siempre es así;
a veces es demostrablemente incorrecta. Esto sugiere que la EEC, igual que la
hipnosis o el trance mediúmnico es un estado alternado de conciencia
en el que el acceso a información aparentemente obtenida de forma paranormal
se combina con una tendencia a mezclar la información verdadera con la
falsa de forma indiscriminada".
Dada la gran complejidad de
la experiencia no sorprende que Tart haya tardado tanto tiempo en tener algunas
ideas claras: "Tras décadas de reflexión sobre los resultados
de mi propia investigación y la de otros sobre la naturaleza de la conciencia
y los estados alternados, creo que en algunas EEC la mente puede, al menos parcialmente,
situarse realmente en otro lugar que no es el cuerpo físico. En el extremo
opuesto, como ocurrió con los sujetos hipnóticos cuya experiencia
fue perfectamente real para ellos pero su percepción del cuarto de pruebas
fue ilusoria, creo que una EEC puede ser una simulación. Eso no nos impide
obtener a veces información de forma extrasensorial de tal modo que la
simulación del lugar de la EEC sea exacta y verídica".
Lo que Tart quiere decir con
todo esto es que, durante la EEC, la percepción que tenemos de nuestros
cuerpos es en realidad una simulación compleja, una realidad virtual
biopsicológica que sirve para asegurarnos la supervivencia, pero
seguramente también algo más: "Aquellos que han tenido
una experiencia al borde de la muerte o una extracorpórea saben que la
mente o el alma es algo más que nuestro cuerpo físico. La identificación
psicológica automática de nuestro cuerpo físico con la
simulación construida por el yo ecológico es muy útil como
instrumento de trabajo, pero no es la respuesta final", concluye Tart.
Entretanto se aclaran nuevos
aspectos de esta rara experiencia, tal vez lo mejor sea ponerse a la tarea de
obtenerla a voluntad. En este sentido, el IIPC, con sede en muchos países
del mundo, está llevando a cabo una gran tarea. No sólo enseñan
técnicas de proyección consciente sino que están contribuyendo
a una mayor divulgación y comprensión de las EEC. Los coordinadores
del IIPC de Londres -Wagner Alegretti y su esposa Nanci Trivellato-
han puesto en marcha una encuesta en Internet con un cuestionario
de 110 preguntas que cubre todos los aspectos posibles de la experiencia. Disponen
de resultados parciales de dicha encuesta a la que han respondido ya cerca de
4.000 personas (consultar recuadro). Waldo Vieira se siente muy satisfecho por
este y otros logros, en especial por la creación de la Academia Internacional
de Concienciología, que empezará a construirse en breve en
la localidad de Évoramonte, al sur de Lisboa: "Pretendemos que
se convierta en un centro de vivencias multidimensionales, en un ambiente rural.
Estará dotado de laboratorios de investigación, biblioteca, salas
de estudios de la conciencia, etcétera. Será como una puerta europea
para nuestros trabajos. Por otra parte estamos organizando nuestro 'Tercer
Congreso Internacional' en Nueva York para el año 2002. En el mismo
presentaremos oficialmente los resultados de las investigaciones más
recientes del IIPC y su celebración coincidirá con la publicación
en inglés de mi tratado Proyecciología".
Ensayo para la muerte
Muchos lectores se preguntarán
qué interés puede tener entretenerse en estas experiencias de
exploración fuera del cuerpo y sobre todo si no serán peligrosas.
Son numerosos los escritos esotéricos que recomiendan mucha precaución
en este tipo de prácticas por los riesgos que puede correr el cuerpo
inconsciente que queda atrás, pero esto suena más a folclor supersticioso
que a verdad. Es indudable que si se emplean técnicas de agotamiento
físico extremo, inanición, sed, o cualquiera de los métodos
conocidos para inducir el trance instantáneo, el peligro es tal que puede
llevar a la muerte. Sin embargo, no es preciso recurrir a procedimientos tan
extremos, ya que existen métodos que no implican riesgos. Los proyectores
conscientes a los que hemos consultado no tienen dudas de que vale la pena intentarlo.
Ya sean promotores de centros especializados o alumnos de los mismos, todos
creen que se trata de una oportunidad única de experimentar y explorar
más allá de los límites de los sentidos físicos,
a la vez que se obtiene un conocimiento muy profundo sobre nosotros mismos y
una clarificación del porqué de nuestra existencia.
La mayoría de estas
personas suele coincidir, por ejemplo, en que les ayuda a perder el miedo a
la muerte. A pesar de su escepticismo respecto a la posibilidad de que del cuerpo
se desprenda un "doble etérico", Susan Blackmore también
comparte esta visión: "Si me hubiera muerto en medio de mi EEC
creo que no me hubiera importado lo más mínimo. La experiencia
eliminó mi miedo a la muerte por completo".
Al preguntar a la auxiliar
de vuelo Mamen Mosteiro si estas experiencias la han transformado y afectado
en algún punto concreto de su vida señala que "sobre todo
en el concepto que tenía de la muerte. El miedo que sentía me
hizo buscar la forma de acercarme más a ese estado... meditación
vipasana, cursos en el Instituto Monroe de Virginia y las inmovilizaciones de
los laboratorios del CEAEC. Ahora sé que el cuerpo muere o se
transforma en sustancia energética, pero la conciencia continúa".
Algunos testigos van incluso
un poco más lejos al declarar que no sólo han perdido el miedo
a la muerte sino que han experimentado la "inmortalidad". Antonio
Moraga, instructor de Reiki y de proyecciones conscientes, es uno
de ellos: "Estas experiencias me han clarificado ciertos patrones de
conducta... me han permitido resolver muchas cuestiones como las relativas a
quién soy y de dónde vengo... me han ayudado definitivamente a
resolver el miedo a la muerte y me han hecho experimentar la inmortalidad aquí
y ahora".
Teniendo en cuenta que al
menos sobre este punto hay "consenso", tal vez deberíamos considerar
a las EEC como una especie de "ensayo de la muerte". Sin embargo,
según apuntaba Tart, la magnitud de la experiencia hace pensar que sirve
más bien de "ensayo para mejorar la vida". La abogada
Cristina Arakaki lo tiene muy claro: "Con las proyecciones lúcidas
tuve oportunidad de cambiar mis valores y objetivos de vida por saber que soy
mucho más que mi cuerpo físico. Con el trabajo de las energías
concienciales tengo más seguridad, tranquilidad y confianza en mis acciones".
A Amparo Arteaga León, autónoma, le han hecho "entender
que existen otras realidades". A la cirujana dentista Andrea Albuquerque
le han vuelto "más universalista... comprendo mejor el mundo
y me siento más alerta". A Miguel Cirera le han
permitido "agilizar mi evolución a la vez que transmitir el conocimiento
adquirido... Han cambiado mucho mi vida pues he conseguido entender muchas más
cosas del proceso evolutivo".
En esto último parecen
coincidir casi todos los testigos. Elegimos la opinión de la psicóloga
Paloma Cabadas como ejemplo significativo de algo que acontece a prácticamente
todos los proyectores conscientes, es decir, aquellos que suelen repetir su
experiencia de forma consciente con regularidad y, por tanto, están bastante
familiarizados con ella: "Los cambios han sido notables, mayor auto-conocimiento,
definición y significado en mi vida. Poder comprender y comprobar los
procesos de la evolución, tener la certeza de la inmortalidad, saber
que la evolución es esfuerzo y asistencia a los demás".
Por mucho que las vivencias
extracorpóreas de estas personas tengan el componente de la simulación,
según señalara Tart, lo que no pueden simular es su "sentir":
todas ellas sienten que están en un proceso evolutivo muy profundo que
no pueden frenar. En este sentido, el psicólogo transpersonal Chris
Bache, que acaba de publicar su segundo libro -Dark Night, Early Dawn:
Steps to a Deep Ecology of Mind- nos comenta que "las experiencias
fuera del cuerpo son especialmente beneficiosas para el desarrollo espiritual
individual. Las de santa Teresa de Jesús, por ejemplo, fueron muy dolorosas
pero le ayudaron en un proceso de purificación. Gracias a ellas se desprende
del alma algo negativo y nos ayudan a elevarnos".
Kenneth Ring, investigador
de las experiencias cercanas a la muerte, nos contaba en Sausalito (California)
que "estas experiencias nos permiten acceder a una clase de conocimiento
al que he denominado 'visión de la mente' (mindsight). No se trata de
la visión tal y como la entendemos, sino de una especie de omnisciencia
que trasciende completamente lo que el mero hecho de ver podría aportarnos.
En dicha visión no son los ojos los que ven, sino el yo interno que de
repente contempla el mundo y ve sin ojos. Bajo estas condiciones, 'con las puertas
de la percepción limpias', las cosas se nos presentan tal y como son:
infinitas". Cuando le pregunto por qué cree que nos acontecen,
su respuesta no puede ser más alentadora: "Nos ayudan a sobrevivir
y en consecuencia a evolucionar", expresa con una sonrisa.
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Encuesta
del I.I.P.C. en Internet sobre la proyección consciente |
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ANATOMÍA
DE LA EXPERIENCIA EXTRACORPÓREA
Espontáneas:
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Conexión
cuerpo-alma ¿Cordón
de plata o algodón mágico?
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¿Cuál
es la naturaleza de lo que se desdobla? |
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INVESTIGACIÓN
CIENTÍFICA |
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Veinte
pasos para salir del cuerpo
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Referencias:
Keith Harary y Pamela Weintraub:
Experiencias extracorpóreas en 30 días. Editorial Edaf,
1990.
Denning Phillips: Proyección
astral. Llewellyn Español, 1998.
Sylvan Muldoon y Hereward
Carrington: La proyección del cuerpo astral, E. Kier, 1992.