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LA
TRISTE SONRISA
Análisis facial de Ana Patricia Botín OShea,
presidenta de Banesto
(publicado en Ausbanc, nš 168, junio 2004, página
102).
©
Isabela Herranz
No
es fácil decidir, señora Botín, si el
encanto de su rostro está en su labio inferior, carnoso
y bien delineado, o en la femenina barbilla, suavemente afinada
vista de perfil. Sin embargo, dicho encanto se difumina enseguida
adornado como está por unos músculos triangulares
-esos que envían hacia abajo las comisuras de los labios-
que tanto saben de desilusiones.
También los cigomáticos menores -empujando hacia
arriba y hacia fuera el labio superior- participan de penas
y nostalgias, igual que la nariz, rotunda, entre griega y
romana con su toque inglés tan señorial. Con
las fosas nasales replegadas se cierra en banda, prefiere
hacer mutis por el foro, mantener las distancias, controlar
intercambios, hacer de su capa un sayo y seguir consagrada
a lo suyo, economía y banca, a jornada completa.
Qué elevado precio tal privilegio
Esos músculos
traidores, se alían también a los orbiculares
de los ojos, los hacen plomizos, preocupados, concentrados
sin cesar en negociaciones, pendientes siempre de fluctuaciones
monetarias, absortos en múltiples responsabilidades
cotidianas. Así, todos ellos, sin el apoyo de músculos
risorios y cigomáticos mayores que tanto contribuyen
al placer y la sonrisa han ido acaparando posiciones seguras,
cercándola en un trono que no es fácil compartir
ni con la almohada.
Será por todo ello que en su rostro alargado, discretamente
bello, pero enérgico, voluntarioso, asoma un halo de
tristeza.
Una nube invisible le nubla la mirada, mientras sus ojos pequeños,
bien centrados en lo concreto, aquí y ahora, sin cejar
en empeños, dejan que fluya el sentido común
y la sensatez, imprescindibles cualidades para gobernar en
todas partes.
En cambio, sus orejas grandes y despegadas, con el lóbulo
en bisel- se empeñan inquietas en hacer las cosas como
les viene en gana, a su manera, independiente, contumaz, casi
revolucionaria en un terreno donde parece que toda innovación
está gafada, por mucho que sus puntos de vista estén
bien revisados y acotados, nada de prenderlos con alfileres,
las cosas hay que hacerlas bien o no hacerlas.
Mientras su boca grande, muy bien delineada, se ocupa de convencer
¡aún le quedan ganas-¡ a tanta muchachada,
sus cejas, tan largas y pobladas, convenientemente alejadas
de su mirada, le imprimen cierto aire soñador, como
si buscara horizontes lejanos más allá de las
tierras trilladas. Así conceden un respiro a sus ojos
pequeños que tanto gustan de cavilar. ¡Ay, cavilar,
cavilar! Con esa frente despejada, tersa y ancha, dispone
de cuadrigas y armas para cabalgar por las estepas varias,
cabellos al viento como aquel piel roja del relato de Kafka.
Las sienes estrechadas aportan agilidad en el viaje, igual
que la barbilla, nerviosa y rápida. Y en ese perfil
que avanza, con la nariz por delante y la boca bien cerrada,
las orejas puntiagudas se apuntan a todas las batallas. Saben
bien dónde van con la mirada al alza.
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La
morfopsicología es un método
de análisis facial que concibe el estudio del
rostro de forma global sin conceder valores absolutos
a rasgos aislados. Se apoya en la observación
de leyes biológicas que describen cómo
los organismos se adaptan al entorno.
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