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LA MIRADA CONCENTRADA
Análisis facial de Pedro Solbes, ministro de
Economía
(publicado en Ausbanc, nš 169, julio 2004, página
104).
©
Isabela Herranz
No
hace falta fijarse mucho para darse cuenta de que usted, señor
Solbes, tiene un rostro pequeño dentro
de uno grande. Su marco facial óseo tan
contundente recoge bien enmarcaditos a sus ojos,
nariz y boca, que se pierden entre los pliegues de la barba
y la apenas perceptible montura de sus gafas. Si no fuera
por sus orejas grandes y carnosas, todos sus receptores sensoriales
serían espléndido modelo de concentración.
Mientras a las orejas bien pegadas al cráneo no les
importa depender del entorno prestando atención a cuanto
haga falta, los otros receptores van a lo suyo, están
muy ocupados con infinidad de asuntos y listados de cuentas
sin fin, no les gusta que les distraigan.
Cuánto les hace arrimar el hombro al mando de sus cejas
circunflejas tan inquietas y curiosas. Sus ojos pequeños
de mirada penetrante y concentrada se encargan de seleccionar
con precisión, apreciar los detalles sin que ninguno
se escape; se pasan el día analizando y controlando
rigurosamente bien centrados sobre objetivos concretos. Cuando
se ponen a hacer algo lo hacen a fondo, vigilan y estructuran
con paciencia y método, con orden y concierto, siempre
serios y organizados. Su boca de piñón remata
lo anterior con un espíritu crítico muy fino,
gusto por la ejecución bien hecha y sutileza en los
gustos.
Si la zona media de su rostro fuera más abierta y expansiva
su nariz podría echarle una mano en asuntos del corazón,
pero también ella participa de ese empeño suyo
por implicarse lo justo en los intercambios, le sale más
rentable dominarse. First things first, o sea,
lo primero es lo primero. Así que su vida
sentimental no corre peligro. Siempre solo ante el peligro,
a lo Gary Cooper, a ver quién se atreve a desviarle
de sus metas. No sirve de mucho que la dilatación de
su marco le empuje a los contactos. Ya veíamos: sus
receptores pequeños y cerrados los dificultan. Son
demasiados selectivos, nunca están conformes, toman
decisiones sin contar con nadie acostumbrados como están
a actuar por su cuenta y riesgo. Menos mal que el modelado
medianamente carnoso de sus mejillas a veces se rebela y suaviza
los contactos regalando alguna sonrisa que otra, acercándole
un poco al mundo, ayudándole a parecer un poco más
simpático
Sea como fuere, controla divinamente sus sentimientos en público
y donde haga falta. Con receptores sensoriales como los suyos
da gusto funcionar: no les gusta delegar, les encanta hacerlo
todo ellos solitos. A poco que se descuide, con ese dominio
del nivel cerebral y la fuerza de su marco facial, ancho,
suficientemente tónico y anclado en lo real, habrá
creado algún sistema, un nuevo modelo a imitar. Qué
pena que falte fantasía y haya tanta obsesión
por lo práctico
Intransigentes y severos, estoicos
y rigurosos, muy concentrados, sus receptores sensoriales
son capaces de hacerle renunciar a lo que haga falta menos
a bregar y bregar.
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La
morfopsicología es un método
de análisis facial que concibe el estudio del
rostro de forma global sin conceder valores absolutos
a rasgos aislados. Se apoya en la observación
de leyes biológicas que describen cómo
los organismos se adaptan al entorno.
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