HUA-SHAN:
EL MONTE DE LOS INMORTALES
(publicado en Año Cero, nº 136, noviembre 2001, páginas
40-43).
© Isabela Herranz
Refugio milenario de los taoístas, Hua-Shan simboliza mejor que ningún otro monte chino una doctrina sustentada en rígidas prácticas mentales y físicas dirigidas hacia un objetivo último: la inmortalidad.
"Cerca
de la cumbre del Monte Hua-Shan, me encontré con una inscripción
en una roca que decía: 'Todo aquel que sobrepase este punto se convertirá
en medio inmortal'. Seguí subiendo penosamente. Sin embargo, dudo de
si volveré a tener la fuerza o la valentía de ascender de nuevo
el Monte Hua-Shan para ver si puedo inmortalizar mi otra mitad".
Así describía el escritor norteamericano Foster Stockwell
la ascensión que realizó al monte Hua-Shan en 1983. Muchos otros
viajeros occidentales que han conseguido coronar los cuatro picos de esta escarpada
montaña también han comprobado la dificultad de la ascensión
y experimentado la rara sensación de “convertirse en medio inmortal”,
aun sin estar iniciados en taoísmo ni saber nada de la mencionada inscripción.
No en vano, a medida que se asciende por este emblemático monte, parece
que uno estuviera llevando a cabo una de las tareas más arduas de su
existencia. Escaso esfuerzo comparado con el efectuado por los monjes taoístas
que, orgullosos de prosperar con las privaciones y las dificultades, han construido
en las empinadas laderas magníficos templos y un largo sendero hasta
la cima, una auténtica escalera que partiendo del mundo permite identificarse
con la vía celeste (T'ien-tao) y rozar el espíritu del
Tao, causa permanente del devenir universal y del mundo fenoménico que
procede de él y vuelve a él.
Escalera
al cielo
Desde tiempos inmemoriales el monte sólo ha tenido un sendero único,
pero es tan escarpado y estrecho -en algunos puntos el cielo parece un pequeño
pozo- que la sensación de peligro es permanente. Hay cadenas para ascender
por los escalones –unos diez mil- esculpidos en la roca, pero en algunas
zonas del recorrido es preciso sujetarse con las dos manos para evitar el vértigo
y el pánico, ya que buena parte del sendero atraviesa precipicios a ambos
lados como el del Dragón Negro (canglongling), esculpido en una
empinada arista de roca que tiene tan sólo 80 centímetros de anchura.
Hay varias secciones de "cuello de botella" casi verticales, que son
sumamente peligrosas cuando hay muchos peregrinos, sobre todo si además
hay hielo y agua. Y cuando uno piensa ingenuamente que ha dejado atrás
lo más duro de la escarpada ruta se encuentra con unos empinados peldaños
que ascienden por un desfiladero con un ángulo de 90 grados. Se trata
de la "garganta de los cien escalones". No acaban ahí
los sustos: un poco más adelante hay que atravesar el "puente
de los dos inmortales", y luego el "entrecejo del mono"
para alcanzar caerya, paso que significa "subiendo a la escalera
del paraíso".
Una idea de la dificultad de la ascensión la muestra el hecho de que
durante la Revolución Cultural, los Guardias Rojos que intentaron destruir
todos los templos taoístas sólo consiguieran derrumbar los situados
en la parte inferior. Sin embargo, la prueba de resistencia física que
supone el ascenso a Hua-Shan no detiene a aquellos que desean disfrutar de este
magnífico escenario de picos y precipicios verticales, cascadas, manantiales
y pinos venerables. Los peregrinos chinos que visitan el monte parece que si
estuvieran haciendo una pequeña excursión y todas las primaveras,
entre lilos y almendros en flor, se ve ascender por el abrupto sendero a miles
de ellos sonrientes, incluidas ancianas de pies deformes.
Es un misterio cómo construyeron los antiguos taoístas este sendero.
Se cuenta que el gran filósofo Lao-Tse, morador de Hua-Shan, surcó
los escalones con un arado de hierro en una tarde al ver la dificultad que tenía
la gente para abrir un sendero en la montaña. Así y todo, tuvieron
que colgarse desde las rocas con cuerdas para esculpir los peldaños en
el desfiladero. Igualmente difícil tuvo que ser el acarreo de los materiales
de construcción para los numerosos templos que erigieron en los cinco
picos. Algunas de las piedras debieron de ser llevadas a rastras por la cara
del abismo con los monjes sujetos a cadenas, cuerdas y incluso lianas para arrastrarse
a gatas. Aunque ahora un funicular hasta el Pico Este resulta muy caro y la
mayoría de la gente precisa subir a pie, sobre los hombros, todo lo necesario
para abastecer las necesidades de los templos y de los rudimentarios hoteles
que hay en el camino. Desde Hua-Shan, el pueblecito emplazado en su falda, se
tarda unas diez horas sin descansar en alcanzar la última cumbre, de
forma que es preciso hacer noche.
Inscripciones
y leyendas
Poetas, sabios y pintores han dejado inscripciones caligráficas en
las rocas de la montaña enriqueciendo así su belleza. Estas caligrafías
suelen estar hechas previamente con pincel y sobre papel y luego son copiadas
en la piedra por auténticos artesanos. Algunas son pensamientos o poemas
escritos en chino literario, incomprensible para muchos chinos modernos; otras
simplemente señalizan el camino o se refieren a los templos taoístas
que jalonan el sendero a las cumbres. Todos ellos poseen leyendas.
El templo de la Primavera de Jade, por ejemplo, se encuentra en la base del
monte y fue construido hace más de novecientos años en memoria
del monje taoísta Chen Tuan. Al parecer, Zhao Kuangyin,
el fundador de la Dinastía de la Canción del Norte (960-1127),
jugó un día al ajedrez con dicho monje, pero el futuro emperador
perdió la partida y la montaña se convirtió en propiedad
de los taoístas. Desde entonces los emperadores feudales de las dinastías
posteriores nunca exigieron tributo a los taoístas de Hua-Shan. El sitio
de la famosa partida de ajedrez se ha preservado y hasta principios del siglo
XX poseía un tablero de ajedrez con las piezas colocadas tal y como estaban
al final de aquella famosa competición.
También hay leyendas relativas a los cuatro picos de granito que coronan
Hua-Shan situada en el condado de Huayin, 120 kilómetros al este de Xi'an,
con una altitud de 2.200 metros, que a su vez enlazan las cordilleras de Quinling
en el sur y bordean el Río Amarillo y el Wei en su parte noreste.
El Pico Medio de Hua-Shan también se llama el Pico de la Chica
de Jade. Se dice que en primavera y en otoño Nongyu, hija del
duque Mugong del estado de Quin, fue atraída por el sonido de
una flauta que tocaba Xiaoshi. Abandonó su vida en la corte y
volando en un fénix siguió a Xiaoshi hasta aquel pico para vivir
recluida allí.
La leyenda del Pico Oeste explica la existencia de una gigantesca grieta
en la mitad como si se hubiera partido con un hacha. Los sacerdotes del templo
todavía muestran la marca. En el mango de un gran hacha hay una inscripción
que narra la historia: se dice que un erudito que iba de camino a Chang'an para
pasar un examen imperial atravesó el monte Hua-Shan y allí se
encontró a la diosa del monte. Se enamoraron y tuvieron un hijo. Como
a los inmortales no se les permitía amar a los mortales, la diosa fue
apresada bajo la gigantesca piedra. Cuando su hijo creció consiguió
partir la piedra con un enorme hacha y liberó a su madre.
También se cuenta que los taoístas inmortales se elevaban
al Cielo desde las cumbres de Hua-Shan. Ellos se elevaban al cielo, pero todo
aquel que ha subido a Hua-Shan se ha convertido en “medio inmortal”
y, entre su mar de nubes, ha estado más cerca del cielo.
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LOS OCHO INMORTALES Las
gentes de la antigua China creían que era posible alcanzar la
inmortalidad. Las enciclopedias y textos religiosos recogían
relatos de hombres y mujeres que se hicieron inmortales y hablaban de
ermitaños muy ancianos que se mantenían sanos y jóvenes
alimentándose de rocío y pan. |
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· *LU DONGBIN llegó al paraíso caminando sobre las olas. Era un erudito que no pasó el examen imperial en la dinastía Tang (618-907) y se convirtió en un sacerdote taoísta errante. · *CAO GUOJIU cruzó el mar ataviado pobremente en un colador de mimbre. Era cuñado de un emperador de la dinastía Song (960-1279). Indignado por las maldades de su hermano pequeño y temeroso de verse implicado en las mismas, distribuyó su riqueza entre los pobres y se hizo taoísta. · *LAN CAIHE hizo el viaje sobre ocho losas de jade. · *IRON CANE LI era un inmortal cojo, con aire de vagabundo descuidado, que caminó por el mar con la ayuda de una caña. · *HAN XIANGZI navegó en un barquito de recreo que había sacado por arte de magia de un cesto de flores. Era sobrino de un famoso escritor de la dinastía Tang. · *ZHANG GUOLAO siempre cabalgaba hacia atrás en un burrito blanco que al parecer podía recorrer diez mil li (kilómetros) al día. Flotó por encima del mar en una calabaza mágica que llevaba colgada a la espalda. · *ZHON LIQUAN utilizó un abanico para atravesar el mar. · *HE XIANGGU era la única mujer entre los ocho. Danzó sobre las aguas sosteniendo una flor de loto. |