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ALGAS: NUTRIENTES Y BIOMEDICAMENTOS DEL SIGLO XXI
(publicado en Año Cero, (nº 136, noviembre
2001, páginas 81-82).
©
Isabela Herranz
Su
elevada concentración en sustancias vitales convierte
a las algas en uno de los alimentos más valiosos del
planeta. La medicina y la cosmética las han concedido
un lugar de honor por sus propiedades para revitalizar y rejuvenecer.
“Las
algas son una delicadeza digna del invitado más honorable”,
escribía en China Sze Teu en el siglo VI
a.C. Los japoneses las aprecian si cabe más aún
que los chinos, sin embargo hay occidentales que se refieren
a ellas “como alimentos para peces”. Ciertamente
son una fuente de nutrición básica para los
animales marinos, pero también para los seres humanos
por su gran riqueza en minerales y oligoelementos. Poseen
los que más necesitamos: calcio, hierro, potasio, yodo,
magnesio, zinc, y también vitaminas A, B, C, D3, E
y K. Hasta la vitamina B12, ausente en muchas verduras, está
presente en ellas. Ciertas algas como la ulva lactuca,
por ejemplo, es diez veces más rica en vitamina
C que la naranja y posee el doble de vitamina A. Otras como
la microalga klamath contiene molibdeno, un elemento
que mejora la absorción del flúor, favorece
el metabolismo de las proteínas y transforma los residuos
(purinas) que estas generan. Sus propiedades terapéuticas
son tan numerosas que están indicadas en todo tipo
de estados carenciales, así como para tratar múltiples
trastornos funcionales (nerviosismo, angustia, estrés,
insomnio, etcétera) y en la prevención de enfermedades
como el bocio por su alto contenido en yodo.
Melenas de sirena
Con apelativos tan sugestivos como musgo de Irlanda, cabello
de sirena, espagueti de mar, boa emplumada o uva de mar,
estos vegetales carentes de hojas, raíces y tallos
propiamente dichos se han ganado un lugar de honor en el campo
de la nutrición -sólo tienen contraindicaciones
en el caso de hipertiroidismo agudo-, así como en la
medicina, la cosmética y la industria. Con ellas se
producen colas para los aprestos de sedas y telas, yeso para
emplastecer o cemento para alicatar, betunes para zapatos,
pegamentos y barnices. También parecen constituir una
excelente materia prima para producir un gas combustible parecido
al metano, según las investigaciones llevadas a cabo
sobre las algas macrocystis pyrifera y la macrocystis
intergrifolia.
Si la industria de las algas mueve miles de millones de dólares
al año, la cosmética y la medicina no se quedan
atrás. Cada vez son más las investigaciones
que se efectúan para comprobar los importantes beneficios
que estos vegetales marinos aportan a la salud siguiendo una
tónica iniciada a finales de los años cuarenta
por la doctora británica Kathleen Mary Drew. En
1949 descubrió en Japón que el alga porphyra
(nori) producía esporas y los japoneses no tardaron
en aprender a cultivarla aumentando así su producción
de algas que se ha convertido en la de mayor volumen del país.
Otros estudios científicos como los realizados por
la universidad McGill en Montreal hace varias décadas
mostraron que una sustancia llamada ácido algínico
ayuda a eliminar toxinas y a reducir la absorción del
cuerpo de metales pesados y radioactivos como el estroncio.
Como complementos nutricionales su popularidad ha ido en aumento,
especialmente determinadas microalgas como la espirulina
y la chlorella. Además de las microalgas,
auténticos biomedicamentos del siglo XXI, en un planeta
que está agotando rápidamente las fuentes de
alimentación tradicionales, las algas desempeñan
actualmente un papel clave en la dieta mundial. Se conocen
más de 24.000 especies y hasta ahora sólo se
comercializan unas pocas para la alimentación humana.
No obstante, a pesar de su extraordinario valor alimenticio
muchas personas no se sienten atraídas por su sabor.
En este sentido los asiáticos y los hawaianos tienen
mucho que enseñar ya que saben prepararlas de forma
exquisita. Sin duda es cuestión de acostumbrarse a
su sabor y de aprender a cocinarlas (ver recuadro). Otro aspecto
a tener en cuenta es que son económicas –se expanden
considerablemente cuando se remojan-, pero sobre todo no debe
olvidarse que resultan ideales para prevenir y combatir enfermedades.
Algunas depuran la sangre y reducen los desechos radioactivos
y los metales pesados (wakame y kombu), mientras
que otras son buenas expectorantes y combaten el estreñimiento
crónico y los trastornos urinarios (agar-agar y
musgo de Irlanda). También las hay reconstituyentes
y remineralizantes (dulse y espirulina) o indicadas
para la disolución y eliminación de los depósitos
grasos (agar-agar, arame y nori). Una ingesta
regular de estas verduras marinas puede aportar una importante
mejora a nuestro sistema inmunitario. Y no hace falta comer
muchas: es suficiente una cantidad pequeña para obtener
beneficios.
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VARIEDADES
DE ALGAS COMESTIBLES
- Agar-agar:
Se obtiene de diferentes especies de algas de
la familia de las gelidiáceas y es rica en
oligoelementos y calcio. Suele utilizarse como una
gelatina vegetal, ya que es muy fácil y rápida
de usar en forma de copos para hacer aspics de verduras
o todo tipo de postres. En microbiología
se usa como caldo de cultivo.
- Musgo
de Irlanda (chondrus crispus): Elevado contenido
en mucílago y rica en yodo, sales minerales
y vitaminas A y C. Tiene un sabor neutro y se usa
para espesar sopas, postres y purés.
- Dulse
(rhodymenia palmata): Elevado contenido en proteínas,
yodo, potasio, hierro y fósforo. Sabor algo
picante. Se sirve cruda como aperitivo y se añade
a ensaladas tras ponerla en remojo. Se toma también
salteada con cebolla y verduras. Resulta deliciosa
rebozada y frita.
- Fucus
(fucus vesiculosus): Contiene 12 microgramos
de yodo por 100 gramos y es rica en ácido
algínico y vitaminas A, B, C y E. Se prepara
en decocción y se toma el líquido.
- Kombu
(laminaria ochroleuca): Rica en calcio, yodo,
ácido algínico y vitaminas A, B2,
C, D y E. Se comercializa en tiras y se emplea en
sopas y guisos de legumbres: ayuda a digerirlas
mejor. Es muy buena para diabéticos por su
contenido en fucosa y manitol, dos azúcares
simples que no aumentan el nivel de azúcar
en la sangre.
- Arame
(eisenia arborea): Elevado contenido en manitol,
un azúcar natural, así como en calcio,
yodo, proteínas y vitaminas A, B1 y B2. Su
sabor suave y dulzón acompaña muy
bien verduras y postres.
- Hijiki
(hizikia fusiforme): Muy rica en hierro y calcio.
Puede tomarse cruda y es ideal como guarnición
para los cereales. Revuelta con ensalada es muy
decorativa.
- Nori
(porphyra umbilicalis): Contiene abundantes
proteínas, clorofila, minerales y vitaminas
A, B1 y C. Su intenso sabor la convierte en un condimento
delicioso (tostada y desmenuzada). También
se emplea para envolver croquetas de cereales, sobre
todo arroz, y el pescado crudo al estilo japonés.
- Wakame
(undaria pinnatifida): Es muy rica en calcio,
hierro y magnesio, así como en vitaminas
C y B. Es un ingrediente básico en la sopa
japonesa de miso. Es deliciosa simplemente remojada
y añadida a las ensaladas o cocinada como
guarnición con cebollas y otras verduras.
- Espagueti
de mar (himanthalia elongata): Elevadísimo
contenido en hierro y potasio. Sabor parecido a
la sepia. Se fermenta como si fuera choucroute.
MICROALGAS
Las microalgas se emplean más como complemento
dietético encapsulado que como alimento. Todas
ellas están indicadas para trastornos diversos
desde cansancio físico e intelectual, estados
carenciales por desnutrición o quimioterapia
hasta dietas de adelgazamiento pasando por estados gripales,
diabetes, asma o trastornos intestinales.
- Espirulina
(spirulina platensis): Contiene un 70% de proteínas
y elevado contenido en vitaminas A, B1, B2, B12,
además de hierro, potasio y magnesio.
- Klamath
(alphanizomenon flos-aquae): Contiene los ocho
aminoácidos esenciales que no metaboliza
el organismo, así como vitaminas B9, B12
y C. Lo más importante es la gran variedad
de minerales que contiene: calcio, flúor,
silicio, magnesio, vanadio y molibdeno.
- Chlorella:
Elevado contenido en zinc, vitamina B12 y clorofila,
importante antiséptico natural estimulante
del peristaltismo intestinal.
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