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ANTIBIÓTICOS NATURALES
(publicado en Año Cero, (nº 151, febrero
2003, páginas 81-83).
©
Isabela Herranz
La
creciente resistencia de las bacterias a los antibióticos
químicos nos obliga a buscar otros remedios que nos
ayuden a combatir eficazmente a los gérmenes que nos
acechan. Son muchas las alternativas naturales que tenemos
a nuestro alcance.
“Mientras que los antibióticos utilizados
racionalmente tienen su lugar en la práctica médica,
el uso y el abuso tanto en la clínica como en la agricultura
de los antibióticos está produciendo generaciones
de bacterias resistentes; las infecciones se agravan y el
paciente no se cura”. Así se expresaba G.P. Kent
en un simposio celebrado en Dallas (Texas) en septiembre del
año 2000 dedicado al uso y abuso de los antibióticos.
Se trataba de una señal de alarma más ante el
empleo masivo e irreflexivo de antibióticos que en
muchos casos no sólo se han convertido en productos
químicos carentes de eficacia, sino con efectos perjudiciales.
Las primeras señales de alarma saltaron cuando algunos
hospitales de todo el mundo anunciaron que la vancomicina,
un potente antibiótico, era incapaz de combatir el
staphylococcus aureus, la bacteria responsable de muchas
infecciones hospitalarias. Ocurre lo mismo con la penicilina:
un 40% de las cepas de streptococus pneumoniae, responsable
de neumonías, meningitis y otitis se ha vuelto resistente
total o parcialmente a la misma. Más peligrosas aún
se han tornado algunas cepas de enteroccoccus (capaces
de provocar graves infecciones del tracto urinario y las válvulas
cardíacas) que se han vuelto resistentes a todos los
fármacos existentes en el mercado.
“Esta situación plantea la desconcertante posibilidad
de que llegará un momento en que los antibióticos,
como sistema terapéutico, tendrán interés
desde un punto de vista histórico”, ha advertido
el doctor Stuart Levy, experto de fama mundial sobre la resistencia
a las bacterias. Ya quedan incluso lejos los tiempos en que
gracias a las investigaciones de Alexander Fleming, E.B.Chain
y Howard Walter Florey, dispusimos del primer antibiótico
de la historia, la penicilina. Se creyó entonces que
aquello supondría el fin de las infecciones y de muchas
epidemias. Sin embargo, sesenta años después
los agentes patógenos que las provocan han aprendido
a combatir nuestras armas químicas. Ya lo había
advertido Fleming en 1945: “El uso indiscriminado de
la penicilina acabará provocando el desarrollo inevitable
de bacterias resistentes”. Y eso que entonces no se
sabía que las bacterias, además de comunicarse
de forma inteligente entre sí son capaces de prevenir
estratégicamente el ataque de otros medicamentos cuando
se hacen resistentes a uno. Así pues, cualquier intento
de destruirlas está destinado a fracasar tarde o temprano
porque además, según señala el doctor
Jeffrey Fisher ”las bacterias producen una nueva generación
cada veinte minutos, y se multiplican 500.000 veces más
deprisa que nosotros”.
¿Qué alternativas tenemos, pues, para combatir
a las nuevas cepas de superbacterias que hemos creado con
nuestro uso implacable e indiscriminado de antibióticos
químicos tanto en hospitales como en las grandes explotaciones
agrarias?
Fin de una era
Sin duda tenemos un problema grave, según observa Stephen
Harrod Buhner, autor del libro “Antibióticos
naturales”:
“La era de los antibióticos se ha acabado. El
grado y velocidad de evolución de las bacterias son
tan rápidos que los nuevos antibióticos generan
resistencia en muy pocos años en lugar de las décadas
que necesitaban antes. Es un futuro estremecedor. Pero quedan
unos rayos de esperanza”.
Efectivamente, los científicos señalan que si
empezamos por reducir drásticamente el uso de los antibióticos
en la producción ganadera y avícola (los alimentos
cárnicos, pollos y huevos que nos venden están
con frecuencia contaminados con bacterias como el campylobacter
y la salmonella, que se han vuelto resistentes
a los antibióticos) y limitamos su uso a los casos
de amenaza grave para la salud, quizá podamos superar
al menos parte del problema porque… ¡los investigadores
han descubierto también que cuando las bacterias no
topan regularmente con antibióticos, empiezan a olvidar
cómo resistirse a ellos!
Un retorno a las prácticas agrícolas, ganaderas
y médicas de antaño, así como una toma
de conciencia en relación con la importancia de mantenernos
sanos y aprender a fortalecer de forma natural nuestro sistema
inmunitario son nuestras mejores armas para enfrentarnos contra
nuestros microscópicos enemigos.
Aunque afortunadamente nuestro cuerpo dispone de un conjunto
de mecanismos que nos sirven de protección natural
contra dichos microorganismos, la alimentación deficiente,
el tabaco, el alcohol, la higiene, el consumo continuado de
fármacos y otros hábitos de vida insanos debilitan
nuestra salud y favorecen el terreno para la invasión
de los mismos.
Son muchos los estudios documentados sobre algunos virus y
bacterias que pueden aumentar su virulencia en un organismo
con carencias nutricionales específicas, entre ellos
el selenio, el zinc, el manganeso y otros micro-nutrientes.
Esto es más grave de lo que creemos porque también
se ha demostrado que algunas especies no patógenas
de microrganismos se han convertido en patógenas al
incubarse en personas con deficiencias de varios nutrientes.
Así pues, para mantener el sistema inmunitario fortalecido
y hacer frente sin dificultad a cualquier infección
se aconseja una dieta general sana (ver recuadro).
Recurrir a medicinas como la ayurveda, la tradicional china
(acupuntura, fitoterapia), y desintoxicar el organismo mediante
hidroterapia, masaje, barros, etcétera, ayudará
a mantenernos sanos. En el terreno de las esencias florales
de Edward Bach, tan útiles para tratar los trastornos
emocionales que afligen al ser humano, también existe
una esencia específica con poder antibiótico.
Se trata del manzano silvestre (crab apple), una esencia
que ayuda a depurar y a obtener el sentido de la proporción.
Precisamente porque es un remedio de limpieza por excelencia
se le considera el “antibiótico” del citado
sistema floral.
No hay duda de que las ventajas de consumir antibióticos
naturales son innumerables. El hecho de que no generen resistencia
por parte de las bacterias ya es suficiente para plantearse
su empleo regular, pero no hay que olvidar que además
favorecen el proceso de regeneración epiteliar, estimulan
los mecanismos naturales de eliminación, favorecen
el funcionamiento de los órganos en general, inhiben
el crecimiento de los gérmenes patógenos y aumentan
las defensas del organismo mientras que los antibióticos
sintéticos suelen bajarlas.
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ALIMENTOS
ANTIBIÓTICOS PARA FORTALECER LAS DEFENSAS
Para reforzar el sistema inmunológico es conveniente
que nuestra dieta esté compuesta de alimentos
ricos en proteínas vegetales procedentes de LEGUMINOSAS
(lentejas, garbanzos, habas, alubias); GRANOS
INTEGRALES (arroz, avena, maíz, cebada, amaranto
y quinoa); FRUTAS Y VERDURAS debido a su alto
contenido de vitaminas, minerales y fitoquímicos,
muchos del grupo de los flavonoides. Varios compuestos
de éste grupo poseen efectos antibióticos
y antivirales. Entre las mejores frutas para consumo
frecuente podríamos destacar las ciruelas,
ya que contienen casi todas las vitaminas del complejo
B, lo que les permite ser valiosas frutas antibióticas
de la naturaleza. Los ácidos grasos poliinsaturados
de la piel refuerzan la protección de la membrana
de todas las células del cuerpo, impidiendo así
la entrada de bacterias causantes de infecciones y enfermedades.
Refuerzan el sistema inmunitario y el corazón.
Para prevenir las infecciones conviene asimismo reducir
al máximo el consumo de harinas, azúcares
refinados, lácteos y carnes. Su alto contenido
en grasas saturadas y sus deficiencias de ácidos
grasos omega 6 y omega 3 ejercen un efecto negativo
sobre las defensas y favorecen en cambio las infecciones
recurrentes.
Existen asimismo PLANTAS MEDICINALES con poderosos efectos
antibióticos directos o bien activadores de las
defensas (ver recuadro) que conviene consumir con cierta
regularidad o utilizar expresamente como alternativa
a los antibióticos químicos cuando sea
preciso. Alimentos con elevadas dosis de vitaminas
como la A (retinol) ayudan a mantener la
integridad de los epitelios, que es por donde entra
cualquier infección. Otras vitaminas básicas
son la vitamina E (antioxidante) ya que la oxidación
celular aumenta considerablemente durante las infecciones.
El ácido ascórbico o vitamina
C suele usarse asimismo en los procesos infecciosos
porque aumenta las defensas frente a los gérmenes.
Otro nutriente importante para ayudar al cuerpo a luchar
contra la infección fabricando anticuerpos específicos
es el zinc, ya que disminuye la severidad de
los síntomas y acorta la duración del
episodio infeccioso.
La ingestión de prebióticos (sustancias
que se encuentran en alimentos como el trigo, ajo, melocotones,
la cebolla, la remolacha o las alcachofas, y/o probióticos
(se encuentran en alimentos como el yogurt y leches
fermentadas, ambos ricos en lactobacilos acidofilus)
en nuestra dieta diaria, ayuda a equilibrar y mantener
saludable la flora intestinal y la vaginal disminuyendo
así la susceptibilidad de sufrir infecciones
de estómago, intestino y vaginal. Así
mismo, los prebióticos y probióticos son
vitales en aquellas personas que están recibiendo
tratamiento médico con antibióticos, ya
que reponen la flora intestinal y vagina (lactobacilos)
destruida por los antibióticos, previniendo así
la aparición de diarrea. En general, tienen un
importante papel como anticancerígenos, sobre
todo contra el cáncer de colon.
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PLANTAS
Y OTROS REMEDIOS NATURALES
Son numerosas las plantas medicinales de reconocidas
acción antibiótica frente a bacterias,
virus y hongos. En general, estos antibióticos
naturales pueden encontrarse en herbolarios y farmacias
a precios razonables. Pueden emplearse con fines preventivos
y para reforzar el sistema inmunitario, así como
para tratar diversos problemas de salud. Aquí
destacamos algunos de los más efectivos, pero
tampoco deben olvidarse el enebro, la acacia,
la miel, la usnea, la hidrastis,
el ajenjo, la cryptolepsis, el eucalipto
y la salvia. Todos ellos poseedores asimismo
de potentes poderes antibióticos.
Árbol del té (aceite): Esencia
etérica obtenida de las hojas del árbol
del té australiano. Alternativa eficaz y bien
tolerada en el tratamiento del acné, inflamaciones
vaginales, micosis por cándidas en boca, garganta
e intestino, enfermedades infecciosas de tipo bacteriano
y vírico de las vías respiratorias y micosis
de la piel y las uñas.
Equinácea: Posee efecto antipirético,
es decir, baja la fiebre. Desintoxica los residuos metabólicos
de infecciones provocadas por serpientes venenosas o
alacranes. Actualmente hay más de 250 medicamentos
anti-infecciosos que la contienen, especialmente para
infecciones de las vías respiratorias. Tiene
un efecto activador de las dos ramas de la inmunidad,
tanto la celular como la química o humoral. No
tiene rival en el tratamiento de las infecciones de
garganta por estreptococos, gripes y resfriados cogidos
en fases tempranas. Excepcionalmente útil como
aditivo a los polvos y pomadas antibióticas para
aplicación externa sobre quemaduras, heridas
e infecciones de la piel.
Jengibre: Posee fuerte acción antibacteriana
contra distintos patógenos de los alimentos,
sobre todo tres de los que ahora infestan los alimentos
comerciales: shigella, escherichia coli y salmonella.
También es activo contra muchas bacterias
patógenas humanas. Se emplea eficazmente para
tratar resfriados y gripes.
Orégano: Su aceite aromático
es un excelente remedio contra cualquier infección
aguda del tubo digestivo y de las vías respiratorias
por su amplia acción antimicrobiana. De hecho,
es eficaz contra los mismos gérmenes para los
que actúa el tomillo.
Propóleo: Se trata de una mezcla
de resinas de árboles recolectada por las abejas
y transformada por sus secreciones digestivas. Es un
antibiótico eficaz contra numerosos microorganismos.
No produce efectos secundarios. Activa el timo, órgano
fundamental del sistema defensivo y hormonal de nuestro
organismo. Eleva el metabolismo celular, es útil
en la prevención de resfriados, infecciones recidivantes
de las vías respiratorias, amígdalas y
órganos urinarios.
Regaliz: Es un gran estimulante del sistema
inmunitario y posee una gran actividad antibacteriana.
Específico para las infecciones de las vías
respiratorias altas, resfriados, tos y ulceraciones
del sistema digestivo. Se usa en infusión, en
cápsulas, en tintura. Combate los siguientes
microorganismos: bacillus subtilis, staphylococus
aureus, salmonella typhimurium, escherichia coli, toxocara
canis, entre otros.
Semillas de pomelo (extracto): Este extracto
es activo frente a unas 800 cepas bacterianas distintas
y unos 100 tipos de hongos. No tiene efectos secundarios
si se emplea en dosis correctas, ni afecta a la flora
natural que coloniza las mucosas de la boca, garganta,
intestino y vagina. Puede emplearse ante todas las enfermedades
de origen bacteriano, vírico o fúngico.
Tomillo: Contiene gran cantidad de aceite
aromático (un 50% de timol) que es el responsable
de su notable efecto antibiótico. Sus aplicaciones
son múltiples. Puede tomarse en infusión
contra la tos espasmódica y los diferentes aceites
que se extraen de esta planta ayudan en caso de catarros
y otras dolencias comunes. En general actúa contra
los siguientes gérmenes: proteus, enterococos,
estafilococos, estreptococos, pneumococos, alcalescens
dispar y candida albicans.
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CRUCÍFERAS
Y LILIÁCEAS
Son numerosas las plantas crucíferas y liliáceas
que poseen un intenso poder antibiótico.
CRUCÍFERAS: En este grupo cabe
citar la MOSTAZA, el RÁBANO, la
COCLEARIA y en especial el BERRO. El consumo
de 20 gramos de berros permite obtener un potente efecto
antimicrobiano que persiste en la orina durante horas,
gracias a los compuestos azufrados especiales (S-metil
y S-propilcistein-sulfóxido) que contiene esta
planta.
LILIÁCEAS: A esta familia pertenecen
AJOS, CEBOLLAS y PUERROS. Todos ellos
contienen ácido tiociánico-HSCN cuya estructura
química presenta complejos compuestos azufrados
con gran poder bactericida. Además de favorecer
la actividad de las enzimas involucradas en la desintoxicación
de todos los sistemas del organismo, ayudan en el proceso
de curación de heridas, ejercen efecto antiinflamatorio
y analgésico y en especial el AJO y la
CEBOLLA tienen un efecto anticancerígeno.
Otra liliácea con gran poder antibiótico
es el ÁLOE VERA, que cuenta con más
de 200 especies. Se han identificado hasta ahora más
de 160 componentes en esta planta y posee sobre todo
un principio activo –mucopolisacárido acemannan-
que participa decisivamente en sus efectos medicinales,
ya que posee propiedades antivirales, antibacterianas
y antifúngicas.
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Referencias:
Petra Neumayer, Antibióticos naturales, Integral,
Barcelona, 2000.
Stephen Ardo Buhner, Antibióticos naturales, Ediciones
Obelisco, Barcelona, 2002.
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