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SAL: ALIMENTO IMPRESCINDIBLE
(publicado en Año Cero, nº 159, octubre
2003, páginas 81-85).
©
Isabela Herranz
Además
de ser un conservante alimentario fundamental, es el alimento
más importante para la salud humana después
del agua. ¿Cómo debe consumirse para que no
resulte perjudicial? Las diferentes clases que existen en
el mercado actualmente permiten elegir las más saludables.
Su dosificación adecuada no sólo resulta beneficiosa
sino necesaria para prevenir todo tipo de carencias minerales
y curar enfermedades crónicas.
Hay
importantes beneficios al reducir el consumo de sal. Hemos
establecido nuevas guías para los niños sobre
la base de evidencias científicas”, ha expresado
Sir John Krebs, presidente de Food Standards Agency (FSA).
La insistencia de este organismo en que la industria alimenticia
debe reducir el contenido de sal de la comida procesada se
apoya en un reciente informe del Comité de Consejeros
Científicos, que asesora al gobierno británico
en temas de salud y que es contundente: el consumo elevado
de sal implica riesgo de retención hídrica,
edemas y presión arterial alta.
Mientras el citado organismo solicita a los productores de
comidas procesadas y a los distribuidores que cumplan con
la anterior exigencia para prevenir infartos y apoplejías,
la Asociación de Productores de Sal aboga por
todo lo contrario: "Las advertencias de algunos científicos
sobre la reducción de la sal en la dieta son perjudiciales
para la salud y deben ser ignoradas", ha afirmado
Peter Sherratt, secretario general de la Asociación.
Mientras que un trabajo publicado en los noventa en el British
Medical Journal destacaba que cuanto más sal se
toma más aumenta el riesgo de presión arterial,
Julián Midgley, de la universidad canadiense de Toronto,
concluía en un estudio aparecido en la revista médica
Jama (1996) que las personas sanas no precisan restringir
la ingesta de este alimento. ¿A quién debemos
hacer caso? Si se tiene en cuenta que la investigación
de Midgley fue financiada por una multinacional de la alimentación,
no es difícil sacar conclusiones.
Sin duda, tomar demasiada sal implica riesgos importantes
para la salud, pero dado que esta “droga alimenticia”
es también imprescindible para vivir conviene tomar
conciencia de la cantidad que tomamos a diario y también
conocer y comprar las sales más saludables.
Elemento clave
La sal proporciona al cuerpo sodio y cloro necesarios para
el equilibrio hídrico y evitar la deshidratación
del organismo (tanto o más que el agua) y es fundamental
para la propagación de los impulsos eléctricos
en las fibras nerviosas. No en vano, algunos médicos
como Volker Desnizza emplean inyecciones de soluciones salinas
isotónicas para tratar dolores de espalda, hernias
discales, reuma o migrañas. Los resultados obtenidos
en dichas dolencias se deben a que los iones de sodio activan
los nervios y se inicia un proceso de curación propio
del organismo.
Recordemos que el cuerpo humano tiene unos 300 gramos de sal
que deben reponerse continuamente. Por ello, después
del agua, es el alimento más necesario para la salud
humana. Nuestro organismo está bañado constantemente
por una solución salina que le permite realizar sus
funciones eléctricas y nos reclama entre 0,5 y un gramo
de sal cada 24 horas. Ni una sola de los millones de células
del cuerpo podría vivir si no fuera por este preciado
elemento. Cuando nos falta, el hipotálamo, centro del
sistema neurovegetativo, estimula rápidamente el apetito
por tomarla.
Pero si una carencia de sal en el organismo puede llevarnos
a enfermar, el exceso de la misma es asimismo peligroso, según
confirman las estadísticas: el número de personas
hipertensas suele ser directamente proporcional a la cantidad
de sal que ingieren. Sin embargo, si esta es insuficiente
–además de hacer bajar la presión sanguínea-
también puede causar disfunciones y por ello es importante
tomarla en cantidades adecuadas.
Una sobredosis –a menos que sea extrema- se puede eliminar
por los riñones, pero siempre que se beba suficiente
agua. Por desgracia, en los países occidentales lo
habitual es la sobresaturación de cloruro sódico,
es decir, el compuesto básico de la sal refinada. Si
el máximo diario recomendado en los adultos es de entre
5 y 6 gramos, en España el consumo se sitúa
en unos 8 y 15 gramos (ver recuadro).
A pesar de lo anterior, en la actualidad se ha comprobado
que incluso tomando las mismas proporciones de sal, cada persona
presenta presiones sanguíneas diferentes. Cuando aumentan
la cantidad, no todas reaccionan con una subida de su presión
sanguínea; al parecer eso depende en gran medida de
cómo elimina su cuerpo el exceso.
Muchos nutricionistas opinan que si nuestra dieta fuera equilibrada
y estuviera constituida por alimentos integrales y naturales
tendríamos un aporte suficiente de todos los nutrientes
necesarios, incluida la sal. Una dieta equilibrada, rica en
verduras, frutas y suficientes proteínas aporta por
sí misma una cantidad suficiente de sal. Sin embargo,
son muchas las personas que no comen siempre alimentos cocinados
y sazonados en casa, sino que comen en bares y restaurantes
donde las comidas suelen estar con frecuencia aderezadas con
sal común refinada, la más nociva. También
es habitual en la población el consumo de alimentos
enlatados, quesos, pastas, sopas, galletas, comida precocinada,
aceitunas, comida rápida, snacks picantes, patatas
y frutos secos salados. Si a eso añadimos el hábito
de añadir más sal aún a las comidas previamente
aderezadas, muy frecuente en niños y también
en adultos, no debe sorprender que sean tantas las personas
con problemas de hipertensión, entre otros. Lo queramos
o no, a la larga los efectos secundarios son graves. Veamos
por qué.
Sal común: veneno mortal
En la actualidad se producen más de 50 millones de
toneladas de sal en todo el mundo. Esencialmente existen dos
tipos que se diferencian por el modo de extracción
y por su composición. Se trata de la sal de roca o
sal gema que se extrae de depósitos subterráneos
y se refina tanto que en su composición se encuentra
al menos un 90% de cloruro sódico.
La otra es sal marina o solar, es decir, procede del agua
del mar y se obtiene en las salinas mediante un proceso de
evaporación. En principio, esta sal sólo contiene
un 34% de cloruro sódico y posee abundantes oligoelementos.
Sin embargo, en la obtención industrial de la misma,
la sucesiva concentración y el amontonamiento mecánico
de la sal cristalizada provocan una selección de las
diferentes sales de forma que prácticamente sólo
se obtiene cloruro de sodio y las sales y elementos minerales
restantes se eliminan en el proceso.
En cuanto a la sal de explotaciones mineras el proceso es
igualmente nocivo. Tanto la de mesa común como la marina
está cubierta de carbonato de sodio (E-500), dióxido
de silicio (E-551) o cianuro ferroso de sodio, para que sus
cristales se dispersen bien en el salero. La sal empleada
para adobar la carne y en la elaboración de quesos
y embutidos contiene además un suplemento de nitrato
de sodio de un 0,5 hasta un 0,6%.
La sal más saludable no es, pues, la refinada, de intenso
color blanco, ya que eso indica que ha sufrido un proceso
que la ha desprovisto de todos los nutrientes básicos.
Aquella sin refinar, grisácea y con impurezas, es más
segura para el consumo humano. Aunque es más cara que
la sal refinada de mesa, las ventajas para la salud compensan
la diferencia de precio. Aquí recogemos los tipos más
conocidos e incluimos uno que se ha puesto de moda recientemente:
la sal del Himalaya (ver recuadro). Todas ellas pueden obtenerse
en herbolarios, tiendas de dietética o alimentos artesanos.
Existen sutiles diferencias de sabor entre ellas, pero lo
importante es que, a dosis adecuadas, no sólo no envenenan
sino que favorecen los procesos psicofísicos que nos
mantienen vivos.
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APLICACIONES EXTERNAS DE LA SAL
-Baños de sal: Empleados tradicionalmente
en balnearios, pueden también tomarse en casa
con sal sin refinar como la del Himalaya o las sales
del Mar Muerto. Estos baños relajan, refrescan
y estimulan la formación de glucocorticoides
en la glándula suprarrenal y, en general, estimulan
el cuerpo activando los mecanismos de la curación.
Son eficaces para reuma, artrosis, poliartritis crónica,
gota, contracciones musculares, agotamientos psicovegetativos,
menopausia y menstruación, problemas circulatorios
y cutáneos como la psoriasis y la neurodermitis.
Según los casos, pueden tomarse dos baños
por semana empezando con 5 ó 10 minutos que se
alargarán hasta 20 minutos. La temperatura del
agua no debe exceder los 38º C. Después
del baño hay que envolverse bien y guardar cama
durante una hora. Dosis: medio kilo de sal por cada
120 litros de agua (contenido de una bañera media).
-Lavados de boca y garganta: Utilizar una solución
isotónica del 0,9% disolviendo 9 gramos de sal
en un litro de agua tibia. Los gargarismos con solución
de sal cristalizada después del cepillado de
los dientes constituyen un magnífico lavado y
aclarado natural que protege de infecciones y sangrado
de las encías. Cuando hay molestias de garganta,
hacer gárgaras durante un par de minutos con
agua salada con un poco de zumo de limón es ideal
para humedecer las mucosas y eliminar bacterias y células
muertas.
-Lavados de nariz: Conviene emplear una jarra
especial. Se coloca el pitorro en uno de los orificios
nasales y se comprueba que cierre bien. Se levanta la
jarra y se inclina suavemente la cabeza hacia un lado;
no tardará en salir el agua por el otro orificio.
Estos lavados son ideales en caso de resfriado común
y para limpieza y prevención de catarros.
-Lavados de ojos: Debe emplearse una bañera
ocular o un recipiente de cristal o plástico.
Se introduce el ojo en el mismo, previamente llenado
con la solución salina tibia, inclinando la cabeza
hacia atrás. Se mueven las pestañas repetidamente
para que la solución penetre bien y bañe
todo el ojo.
-Cataplasmas de sal: Se emplean frías
para torceduras, contusiones, tendovaginitis y para
bajar la fiebre. Las cataplasmas calientes están
indicadas para el reuma y las articulaciones doloridas.
Se preparan introduciendo un pañuelo limpio de
algodón o lino en una solución salina
de hasta el 8%. Las aplicaciones de compresas embebidas
en la misma son también eficaces para picaduras
de insectos, torceduras, contusiones e hinchazones.
-Mascarilla facial: Es ideal para las manchas
cutáneas, estimular la formación de piel
nueva, hidratar y estirar la piel. Se prepara con arcilla
fina especial para cosmética, agua mineral, un
poco de miel y sal del Himalaya molida en proporción
1:1. Si se tiene la piel muy seca se pueden añadir
unas gotas de aceite de almendras o jojoba. Extender
y dejar reposar durante 15 minutos.
CURAS INTERNAS DE AGUA SALINA
Las curas con agua salina ingerida son muy antiguas.
Claudio Galeno ya las prescribía y todavía
se aplican en los balnearios actuales. Las sustancias
minerales que contiene la sal cristalizada del Himalaya
permite llevar a cabo curas preventivas en casa. Aunque
estas curas son aptas para todo el mundo, no se recomiendan
en casos de insuficiencia cardiaca, circulatoria o renal.
Durante las mismas conviene reducir al máximo
el consumo de alimentos precocinados.
Se prepara una solución saturada a partir de
cristales de sal del Himalaya. Se añade agua
y se espera a que se hayan disuelto. El líquido
estará saturado cuando ya no se diluyan más
cristales de sal. Tendrá entonces una concentración
de un 26% aproximadamente. Se trata de una bebida estéril.
Por la mañana en ayunas se añaden dos
cucharaditas (no debe usarse metal) de esta solución
a un vaso de agua y se bebe este despacio, preferiblemente
a pequeños sorbos. También se puede dosificar
a lo largo del día incorporando la solución
a una botella con un litro de agua. Con ella el tejido
conjuntivo se depura, se eliminan los residuos tóxicos
en el organismo, se liberan los bloqueos energéticos
y se estimula el sistema inmunitario.
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REINAS
DE LA SAL
SAL DE BRETAÑA O DE GUÉRANDE
Se considera la mejor en Francia. Procede de los bancos
del fondo marino en la costa atlántica al sur
de Bretaña. Tradicionalmente se extrae mediante
evaporación del agua del mar en lagunas. Posee
una textura de gruesos cristales, es granulada y tiene
un color grisáceo brillante. Su sabor es excelente.
Muy apreciada por su riqueza en oligoelementos. Al igual
que las otras sales cristalizadas no conviene cocerlas
cuando se cocina con ella, sino añadirlas al
final, cuando se apaga el fuego.
SAL DEL HIMALAYA
Es la más primitiva ya que posee 250 millones
de años de antigüedad. Aporta materias minerales
y otros elementos que el organismo humano necesita.
En los análisis químicos realizados se
ha comprobado que contiene calcio, potasio, magnesio,
óxido de sulfuro, hierro, manganeso, flúor,
yodo, zinc, cromo, cobre y cobalto, entre otros elementos
(se habla de 84). Se considera la sal energéticamente
más rica de la tierra. Es de coloración
entre rosa y anaranjada y en el granulado se percibe
un suave brillo. Es un condimento de alto valor nutricional
y puede además emplearse tanto externa (lavados,
baños, cataplasmas, inhalaciones) como internamente
(bebidas de solución o agua salina). Como máscara
facial es ideal para hidratar y regenerar la piel.
SAL DE MALDON
Procede de Maldon (condado inglés de Essex) y
es una flor de sal que se elabora artesanalmente y sin
aditivos. Posee gran pureza natural.
Estos cristales mantienen su consistencia hasta que
se humedecen; por ello no conviene sazonar la comida
hasta el último momento. Tiene un fuerte gusto
salado pero no amarga como le ocurre a la sal común.
Debe conservarse en sitio seco y a la sombra.
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LAS
DOCE SALES DE SCHÜSSLER
No son sales para cocinar propiamente dichas, pero su
carencia orgánica genera trastornos diversos,
según comprobó William H. Schüssler
(1821-1898). Este homeópata alemán
creía que todos los trastornos orgánicos
podían deberse a una deficiencia en una o más
sales esenciales y designó doce sales inorgánicas
fundamentales para el funcionamiento correcto de las
células que integran el cuerpo humano. No hay
que tomarlas continuamente a menos que exista un trastorno
acusado, en cuyo caso debe consultarse siempre al médico.
Un frasco cada dos o tres meses es suficiente para mantener
el equilibrio mineral de nuestro organismo y prevenir
posibles carencias. Están recomendadas para estados
carenciales de todo tipo y pueden tomarlas los niños,
las embarazadas, los ancianos y hasta los animales de
compañía.
Existen preparados específicos en herbolarios
que contienen las doce sales juntas de tal manera que
al tomarlas a la vez se suplen todas las posibles carencias.
Es muy interesante mezclar unas con otras según
el resultado que se desee obtener. La calcarea phosphorica,
por ejemplo, resulta muy eficaz mezclada con magnesia
phosphorica y ferrum phosphoricum para memorizar
información antes de un examen o una conferencia.
La combinación de ferrum phosphoricum con
kali muriaticum alivia los resfriados. Kali
muriaticum combinada con calcarea shulpurica
ayuda en las supuraciones y disminuye la formación
de cicatrices después de quemaduras. La magnesia
phosphorica alternada con kali phosphoricum y
ferrum phosphoricum alivia los problemas de cansancio
y agotamiento psicofísico producido por exceso
de trabajo: kali phosphoricum se toma antes de
las comidas y la magnesia phosphorica por la
mañana, por la tarde y al acostarse y, por último,
ferrum phosphoricum después de las comidas
para fortalecer el cerebro.
Calcarea fluorica (fluoruro de calcio): Aporta
elasticidad a los tejidos conectivos y a las fibras
de las venas y glándulas. Indicaciones: Tensión
y desgarro muscular, hemorroides, cicatrices, fibromas,
lumbago, várices y úlceras varicosas.
También está indicada para el enfisema
pulmonar.
Calcarea fosphorica (fosfato de calcio): Ayuda
a formar nuevas células sanguíneas; promueve
el crecimiento en los niños; se aconseja en las
convalescencias y es sobre todo muy buena para los huesos
y los dientes. Indicaciones: Trastornos
circulatorios, problemas de piel, anemia, dentición,
diarrea, fontanelas que permanecen abiertas mucho tiempo,
columna vertebral débil…
Calcarea sulphurica (sulfato de calcio): Se encuentra
en los tejidos de la piel, la sangre y las membranas
de la mucosa. Indicaciones: Carbunclo, erupciones
de la piel, forúnculos, trastornos pulmonares
crónicos, úlceras. Especialmente indicada
si los síntomas se agravan por la humedad. Junto
con la sílice es la sal que más se utiliza
para la heridas.
Ferrum phosphoricum (fosfato de hierro): Se encuentra
sobre todo en las venas, las arterias, los pulmones,
los oídos y la nariz. Indicaciones: Es
un potente antiinflamatorio y se recomienda siempre
cuando hay fiebre, así como heridas, catarros
(primera fase), dolores de garganta, bronquitis, reumatismo,
congestión pulmonar, hemorragias nasales, incontinencia
de orina, otitis y sarampión.
Kali muriaticum (cloruro de potasio): Es un componente
esencial de los músculos, las células
nerviosas, la sangre y el cerebro. Ayuda en los procesos
metabólicos. Indicaciones: Congestión
general, rinitis, sinusitis, problemas respiratorios
y para paliar los efectos secundarios de las vacunas.
Kali phosphoricum (fosfato de potasio): Nutriente
en la estructura de los tejidos nerviosos y cerebrales,
músculos y células sanguíneas.
Indicaciones: Insomnio, alteraciones nerviosas
y en todos los problemas emocionales como la depresión,
la tristeza, la apatía, el estrés, la
irritabilidad y los miedos irracionales.
Kali sulphuricum (sulfato de potasio): Ayuda
en la formación de células de la piel,
retrasa el envejecimiento celular y lleva oxígeno
a los tejidos. Indicaciones: Asma, bronquitis
crónica, reumatismo, fiebres reumáticas,
catarros, dolores de cabeza, psoriasis, seborrea, indigestión,
eczemas, hongos, sudoración excesiva.
Magnesia phosphorica (fosfato de magnesio): Nutriente
de la sangre, huesos, dientes, cerebro, nervios, músculos.
Indicaciones: Calambres, neuralgias, picores,
cólicos hepáticos, convulsiones, tics,
flatulencia y trastornos menstruales.
Natrum muriaticum (cloruro de sodio): Ayuda a
regular el contenido acuoso corporal y forma parte de
todos los fluidos y tejidos del organismo. Indicaciones:
Desequilibrios de sal, dispepsia ácida, eczema,
hipocondría, melancolía, reumatismo, fiebre
del heno, piel seca y deshidratada, tendencia a las
torceduras con facilidad.
Natrum phosphoricum (fosfato de sodio): Regula
el nivel de acidez en las células. Indicaciones:
Desequilibrios de la bilis y el ácido úrico,
indigestión, nauseas, acidez estomacal, cólicos
intestinales, diarrea, reumatismo. Está especialmente
indicada en los casos de deshidratación y de
exceso de ácido láctico.
Natrum sulphuricum (sulfato de sodio): Estimula
las secreciones naturales del páncreas, bilis
e intestinos. Es fundamental para la digestión
correcta y el buen funcionamiento del hígado.
Indicaciones: Problemas hepáticos; dolores
de cabeza, asma y nauseas.
Silicea (sílice): Promueve la supuración
de las heridas. Constituyente básico de los tejidos
conectivos. Se le considera una especie de cirujano
homeopático. Indicaciones: Debilidad general,
toxicidad, abscesos dentales y fístulas del canal
lagrimal, amigdalitis frecuentes, anemia, bronquitis
crónica, bulimia, estreñimiento, epilepsia,
incontinencia de orina, otitis aguda y crónica.
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NORMAS
BÁSICAS SOBRE EL CONSUMO DE SAL
-La ingestión de 150 a 200 gramos de sal común
puede provocar la muerte en los humanos. Pero tan malo
es tomar mucha como poca. Hay dos normas básicas:
dosificación correcta y no tomar sal refinada.
-Reduzca el consumo de productos industriales y comidas
precocidas de las que desconoce con qué tipo
de sal se prepararon.
-Sustituya la sal refinada que contiene apelmazantes
y es cloruro sódico puro por cristales de sal
natural. Si utiliza granulado de sal cristalizada lo
ideal es molerlo en molino de sal.
-La mayor parte de la sal que ingerimos procede de alimentos
refrigerados, procesados o precocinados. Deben mirarse
siempre las etiquetas de estos alimentos para comprobar
su contenido salino. No olvidar que cuantos más
productos de este tipo se empleen en la cocina, menos
sal se precisará.
-Controlar la ingesta de embutidos y quesos: son alimentos
que contienen mucha sal refinada y perjudican a los
riñones que no pueden eliminar correctamente
el exceso de este producto.
-La OMS aconseja tomar sal de manera moderada.
El máximo recomendado en los adultos es de entre
5 y 6 gramos diarios. Los niños de un año
de edad no deben consumir más de un gramo al
día; entre uno y tres años se recomiendan
2 gramos; entre cuatro y seis años se aconsejan
3 gramos y 6 gramos para los que tienen entre 11 y 14
años.
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Referencias:
Jürgen Weihofen, La sal cristalina del Himalaya, Ediciones
Obelisco, Barcelona, 2002.
Lionel Rolfe y Nigey Lennon, Doce remedios mágicos
de la naturaleza, Editorial Obelisco, Barcelona.
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