OBJETIVO:
REJUVENECER EL CEREBRO
(publicado en Año Cero, nº 154, mayo 2003, páginas
81-85).
©
Isabela Herranz
La
asombrosa plasticidad del cerebro le permite establecer continuamente nuevas
conexiones y aprender. Con los cuidados adecuados se puede alargar su duración
y hacerle funcionar a pleno rendimiento. La alimentación es el principal
eslabón que afecta a su química, pero hay otros factores que le
benefician como el ejercicio físico y mental, la meditación e
incluso algunas tecnologías revolucionarias.
“El
cerebro es capaz de adquirir once datos nuevos por segundo, pero no funcionará
de forma óptima si está privado de los nutrientes esenciales.
Cuidando nuestra alimentación podemos controlar el estado de ánimo,
la eficacia de la memoria, la energía y claridad de pensamiento. Para
mantener las arterias cerebrales limpias hay que seguir una dieta baja en grasas
con muchos antioxidantes: frutas y verduras”, ha expresado recientemente
Jill Palmer, nutricionista del cerebro, quien también recomienda el consumo
de pescado y avena, ambos alimentos por excelencia para potenciar el rendimiento
cerebral debido a su elevado contenido en fósforo. Palmer los recomienda
tanto a niños como ancianos y especialmente a estos últimos, así
como a los adultos sugiere ginkgo biloba, una hierba supuestamente eficaz para
combatir el envejecimiento senil (ver recuadro). Otros alimentos especialmente
indicados para nutrir el cerebro son las semillas ya que algunas de ellas poseen
hasta veinte veces más fósforo que el pescado (ver Año
Cero, nº 153).
Sin duda, la dieta afecta a los componentes químicos del cerebro que
influyen en los estados anímicos y el comportamiento, los procesos de
pensamiento y las reacciones emocionales que en última instancia crean
la historia de nuestra vida. Que “comer mal reduce el poder cerebral”
es un hecho compartido tanto por científicos como por educadores, según
pone de manifiesto, cada día con mayor contundencia, la investigación
actual.
La inteligencia, en concreto, puede aumentarse consumiendo alimentos ricos en
determinados nutrientes según las diferentes etapas de la vida. A los
fetos, por ejemplo, les puede afectar muy negativamente la falta de yodo en
la dieta de sus madres embarazadas, hasta el punto de producirles dolencias
hipotiroideas que les causen graves daños cerebrales. Durante la pubertad,
en cambio, la falta de hierro puede ser altamente perniciosa debido al crecimiento
en los chicos y la menstruación en las chicas. El Instituto Massachussets
de Tecnología en América ha comprobado que los estudiantes
cuya dieta está constituida por una elevada cantidad de carbohidratos
refinados –azúcar, cereales comerciales, pan blanco y dulces- tienen
un coeficiente intelectual más bajo. Otro dato interesante ha sido aportado
por el Lecithin Department of Health en relación con los niños:
los que desayunan y luego comen caliente a mediodía se concentran más
y obtienen mejores resultados que aquellos que se saltan el desayuno y luego
toman un bocadillo en la comida.
Suplementos nutricionales
Son muchos los factores que inciden negativamente en la salud cerebral, sobre
todo el estrés, la exposición a radiaciones, y en gran medida
la contaminación en los cultivos y otros alimentos de consumo diario
que les restan buena parte de sus nutrientes básicos. Por ello, aunque
una dieta equilibrada debería cubrir por sí sola todas las necesidades
del organismo y, por ende el cerebro, con frecuencia hacen falta suplementos
para complementarla.
El doctor William J. Rea, del Enviromental Health Center de Dallas ha
señalado que para nutrir adecuadamente el cerebro son precisos aminoácidos
como el glutathione que ayuda al cerebro a combatir el estrés químico,
mientras que otro aminoácido -la L-taurina- ayuda a estabilizar las membranas
celulares del cerebro y prevé la pérdida de minerales y los ataques
epilépticos. Los ácidos grasos y otros lípidos
son esenciales para el funcionamiento del cerebro porque buena parte del
mismo está compuesto de grasa. Algunos minerales como el fósforo
y el magnesio (ver recuadro) ayudan a mantener los conductos neuronales
en perfecto estado, mientras que otros como el calcio, zinc, selenio, cobre,
manganeso y molibdeno son asimismo esenciales para la conducción
nerviosa.
La vitamina C es necesaria por su actividad antioxidante, así
como por su capacidad para mantener firmes los tejidos y arterias cerebrales.
La selegelina y las vitaminas A y E también son antioxidantes,
mientras que las vitaminas del grupo B hacen falta para procesar el metabolismo
de los nutrientes. Algunas pseudovitaminas como la colina también
son esenciales para la memoria y la conducción nerviosa en el cerebro.
¿En qué cantidad deben consumirse para un funcionamiento cerebral
óptimo? Aunque sólo es posible ofrecer un baremo general, se ha
comprobado que ciertas dosis son eficaces para tal fin (ver recuadro).
Estimular y oxigenar las neuronas
Sin embargo, la alimentación no es todo. También el ejercicio
físico es fundamental para potenciar la mente: su práctica aumenta
el número y densidad de los vasos sanguíneos en la corteza motriz
y el cerebelo. Experimentos efectuados en varias escuelas de primaria en Glasgow
y Surrey han mostrado que los alumnos se concentraban mejor y experimentaban
una clara mejoría en el aprendizaje al efectuar una serie de ejercicios
respiratorios y movimientos con las manos diseñados para activar el cerebro
antes de iniciar las clases.
Según ha descubierto la renombrada investigadora del cerebro, Marian
Cleeves Diamond, de la universidad de Berkeley (California), el cerebro cambia
a cualquier edad y, al margen de la misma, podemos seguir aprendiendo ya que
cuanto más “trabaja” más aumenta el número
de enervaciones dendríticas que interconectan sus células. Además
los cerebros “viejos” tienen ventajas sobre los jóvenes:
Diamond ha descubierto que las neuronas más desarrolladas responden incluso
mejor al enriquecimiento intelectual que las menos desarrolladas: “Las
redes neuronales se reorganizan y refuerzan en respuesta a los nuevos estímulos
y las experiencias de aprendizaje. El mayor crecimiento se produce en los extremos
más alejados de las dentritas como una reacción a la nueva información”.
Está claro, pues, que la tendencia natural del cerebro es moldearse a
sí mismo en función de la experiencia, es decir, aprende y crece
al interactuar con el mundo mediante la percepción y la acción
protegiéndonos así del declinar cognitivo y reforzando sus capacidades
naturales: memoria, fluidez, creatividad y adaptabilidad.
En general, el ejercicio que exige aprendizaje de movimientos complejos –danza,
artes marciales - afecta positivamente al cerebro haciendo que crezcan más
conexiones entre las neuronas. “Estos tipos de ejercicio afectan también
a los ganglios basales y al corpus callosum, con lo que agudizan la memoria
e incrementan la capacidad de dominar información nueva. Puede que esas
áreas se deterioren un poco con la edad, pero no es inevitable. Conservar
la memoria y reparar las conexiones cerebrales debilitadas depende de la estimulación”,
indica el científico John J. Ratey en su obra El cerebro: manual
de instrucciones.
Sin duda, el ejercicio mental fortalece e incluso renueva las conexiones neuronales
manteniendo flexible y resistente al cerebro y en este sentido Ratey es tajante:
“El declive de la edad se debe más que nada a la falta de ejercicio
mental. La mejor oportunidad que se le puede presentar de multiplicar las conexiones
entre los axones y las dentritas es abordar actividades que no le sean familiares.
Aprenda a tocar el piano, a bailar claqué, a reparar pequeñas
máquinas. Estudie filosofía, converse con personas interesantes”.
Además del ejercicio físico y de la estimulación para un
mejor rendimiento cerebral (ver recuadro), también se puede optar por
“invertir la polaridad” del cuerpo, práctica conocida en
tiempos de Hipócrates (460 a.C.) muy aconsejable para mantener la salud
en general y revertir los síntomas de “senilidad cerebral”.
Según Swami Vishnu Devananda "no hay ejercicio como permanecer
sobre la cabeza para abastecer el cerebro de sangre arterial fresca. La práctica
diaria de este ejercicio durante diez o quince minutos aumenta la memoria y
el poder intelectual, así como el fluido de sangre en la parte alta de
la espalda, cuello, ojos y oídos... Este ejercicio es particularmente
beneficioso para aquellos que necesitan poder de concentración en su
trabajo, como estudiantes, políticos, científicos y escritores".
El orientalista Ramiro Calle también lo indica en sus Principios
de Yogoterapia: “La práctica regular del sirasana (postura de inversión
vertical), aumenta el riego sanguíneo en toda la parte superior del cuerpo
y mejora el funcionamiento del cerebro revitalizando las neuronas”.
Aunque la citada asana se desaconseja en general por los problemas de
cervicales que suele ocasionar, lo importante en definitiva, es invertirse.
Actualmente hay en el mercado camillas de inversión de todo tipo que
bien empleadas permiten que el cerebro se “inunde” de oxígeno,
elemento tan vital para su perfecto funcionamiento como tenerlo siempre “activo”.
En última instancia, aunque uno no se “invierta”, lo peor
que puede hacer es contentarse con una vida pasiva.
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Magnesio:
mineral estrella
Si hay algún mineral absolutamente necesario para que el cerebro
funcione adecuadamente, ese mineral es el magnesio: está presente
en el fluido cerebroespinal que baña el cerebro y en la espina
dorsal en concentraciones superiores a las del plasma sanguíneo.
Entre otras actividades fundamentales, el magnesio activa casi todas las
enzimas necesarias para que las neuronas produzcan energía de la
glucosa. Es esencial para la actividad eléctrica de las células
nerviosas, así como para la propia existencia de la célula.
Activa una enzima clave en las membranas celulares del cerebro que controla
el equilibrio del sodio y el potasio y la enzima (D6D) que convierte los
ácidos grasos en DHA, el ácido graso más abundante
en las membranas de las células cerebrales.
Junto con la vitamina B1, el magnesio ayuda en el proceso reparador
que las neuronas necesitan para compensar los efectos del continuo desgaste
de los impulsos nerviosos y también favorece el sueño y
especialmente, según puso de manifiesto el bioquímico James
South en 1994, “cuando existe carencia de magnesio, el estrés
aumenta paradójicamente el riesgo de daño cardiovascular
incluida la hipertensión, la constricción coronaria y cerebrovascular”.
Si el suministro de esta energía bioquímica primordial no
es constante, el metabolismo del cerebro sufre y las funciones cognitivas
se ven afectadas. No en vano, su carencia está asociada con numerosos
trastornos neurológicos, desde déficit de atención
hasta el mal de Alzheimer. South ha visto una gran similitud entre los
síntomas del trastorno de déficit de atención y los
síntomas de la carencia crónica de magnesio que incluyen
dificultad para recordar y concentrarse, confusión, desorientación,
irritabilidad, apatía y agitación muscular, sobre todo en
manos, pies y músculos faciales. “Me temo que la mayoría
de las personas que padecen estos síntomas presentan carencia de
magnesio. Creo también que esta carencia es, en la mayoría
de los casos, la causa principal del problema”, afirma South.
Un equipo de investigadores polacos examinó a niños que
padecían trastornos de hiperactividad y déficit de atención
y comprobaron que el 95% de los mismos tenía carencias de magnesio,
al parecer por dieta desequilibrada, uno de los factores que más
incide en su carencia. En general, las dietas (sobre todo en la población
americana) son ricas en grasas, carnes y lácteos, alimentos muy
bajos en magnesio, al igual que los suelos donde se cultivan las verduras
o frutas de mayor consumo. El tratamiento y cocinado de los mismos fomenta
dicha pérdida, así como el estrés (afecta la habilidad
de los riñones para reciclarlo) y drogas duras como el alcohol.
Cuando hay estrés, aunque la dieta sea aparentemente equilibrada
es conveniente tomar suplementos de magnesio. Para su correcta absorción
debe tomarse preferiblemente en forma de sales.
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Cuatro grupos de nutrientes esenciales
Los principios básicos de la dieta para rejuvenecer el cerebro
son básicamente los siguientes: comer alimentos pobres en grasas
saturadas y ricos en elementos nutritivos; evitar la hipoglucemia; seguir
una dieta equilibrada y baja en calorías; tomar suplementos y alimentar
a los neurotransmisores.
Para seguir dichos principios se recomienda tener en cuenta fundamentalmente
cuatro grupos de nutrientes esenciales: grasas (construyen el cerebro),
proteínas (lo conexionan), carbohidratos (le abastecen
de combustible) y micronutrientes (le protegen).
Ácidos grasos (de las grasas): Son componentes
estructurales de las membranas celulares y juegan un papel fundamental
en la química del cerebro: crean las células especializadas
que permiten pensar y sentir.
Se precisa un mayor aporte en casos de estrés, consumo de alcohol,
tabaco, diabetes y radioterapia. Dos ácidos grasos esenciales son
el linólico y gama-linolénico. Los aceites
de semillas de cártamo y lino los contienen en abundancia (ver
Año Cero, nº 153). También se encuentran en
el pescado: salmón, caballa, anchoas, sardinas, arenques y esturión
del Atlántico.
Aminoácidos (de hidratos y proteínas): Actúan
como neurotransmisores que permiten a las células cerebrales conectarse
y comunicarse. Los hidratos de carbono aumentan las concentraciones en
el cerebro de un aminoácido, el triptófano, que es el elemento
con que se construye el neurotransmisor serotonina. Cuando mayor sea la
cantidad de triptófano ingerido mayor será el nivel de serotonina
en el cerebro y, por tanto, mayor la serenidad y la calma. Otros aminoácidos
esenciales como la tirosina y la fenilalanina se encuentran en alimentos
altamente proteínicos como la carne de ave, el pescado, la soja
y los lácteos.
Glucosa (de los carbohidratos): Es el “combustible”
que emplea el cerebro para producir la energía que nos motiva y
moviliza y necesita un 25% de toda la sangre que bombea el corazón
para proveerse del mismo. Si se produce un bajón del nivel de glucosa
el efecto en el cerebro es inmediato. Para evitarlo conviene tomar hidratos
de carbono complejos y proteínas. La vitamina B (niacina)
colabora en la conversión de hidratos de carbono en glucosa y también
ayuda a bajar el nivel de colesterol.
Micronutrientes (de las frutas y verduras): Son los antioxidantes
que permiten al cerebro proteger sus células de daños y
disfunciones.
Suplementos nutritivos
(Dosis diarias recomendadas)
Vitamina A: 10.000-25.000 UI
Vitamina B12: 100-1000 mcg
Vitamina B6: 50-200 mg
Vitamina B1: 25-75 mg
Ácido fólico: 50-100 mg
Niacina: 100-200 mg
Vitamina B5: 100-200 mg
Vitamina C: 3.000 mg
Vitamina E: 400-800 mg
Magnesio: 200-300 mg
Selenio: 0-100 mcg
Cinc: 30-50 mg
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Creatividad:
alargar las dentritas
El cerebro necesita desafíos mentales y estímulo físico
para aprender y crecer. Por tanto, deberíamos ejercitarlo deliberadamente
para ponerlo en forma. Si queremos que se “active y regenere”
conviene que le “agitemos” un poco modificando las rutinas
cotidianas y revisando nuestros viejos esquemas de pensamiento. Entre
las múltiples actividades diarias que podemos hacer para tal fin,
sugerimos:
-Escribir con la mano no dominante. Se trata de escribir sobre
el papel un asunto que precise una perspectiva nueva o una solución
creativa. Se escribe veinticinco veces con la mano izquierda si se es
diestro/a o con la derecha si se es zurdo.
-Dibujar al revés. Elegir una imagen sencilla; no hace falta
ser buen dibujante. Lo importante es sentirse creativo y dibujarlo y colorearlo
al revés, como si estuviéramos sentados/as al otro lado
de la mesa.
-Elaborar mapas mentales. Esta actividad fue propuesta hace décadas
por el investigador Tony Buzan y es sumamente eficaz para mejorar el funcionamiento
cerebral y recordar mejor lo aprendido. Hay que proveerse de lápices
de colores, dibujar un círculo en el centro de un hoja de papel
en blanco, escribir una palabra clave en su interior y a partir de ahí
esbozar líneas, nuevos círculos, cuadrados, triángulos,
etcétera en todas direcciones con las correspondientes palabras
clave que den lugar a nuevos dibujos y colores.
-Perseguir una pasión. Encontrar una misión en la
vida y comprometerse con ella apasionadamente es un magnífico antídoto
contra el deterioro cerebral: mantiene al cerebro en estado de cambio
constante y alerta permanente.
-Aprender a “pensar de forma lateral” estudiando los
libros de Edward de Bono, que ofrecen una serie de problemas mentales
-intrigantes y sencillos- que no precisan conocimientos especializados
ni matemáticos.
-¡Volverse un poco loco/a!
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Tecnología
y Meditación
En las últimas décadas han evolucionado de forma increíble
los aparatos y programas de ordenador para entrenar, potenciar, transformar
y expandir el cerebro y la conciencia. En la Universidad de California
(Los Ángeles), por ejemplo, se ha desarrollado un Programa de
Aprendizaje Terapéutico, que ayuda a los pacientes a superar
la depresión y la ansiedad enseñándoles nuevas estrategias
mentales que favorecen su salud mental. Existen otros muchos para enseñar
relajación, hipnosis y meditación. Otro avance reciente
es la estimulación magnética transcraneal que permite tratar
los problemas de hiperactividad del lóbulo frontal observados en
trastornos obsesivo-compulsivos.
También han alcanzado gran popularidad los aparatos que ayudan
a modificar pautas ancestrales de comportamiento debido a su capacidad
para facilitar la sincronización de los hemisferios cerebrales.
El denominado Dreamer (Soñador), por ejemplo, desarrollado
por la empresa belga Fondamental S.A. favorece el desarrollo cerebral
y permite acceder a varios niveles alterados de conciencia como el estado
teta, conocido por su efectividad en la relajación profunda, bienestar,
antiestrés, recuperación del jet-lag, potente memorización,
procesamiento de datos, fortalecimiento de la creatividad y aumento de
la concentración y la energía. Otros de elevado coste como
las cámaras de aislamiento sensorial (cápsulas gigantes
con aislamiento térmico) permiten la relajación muscular
y mental profunda con un consiguiente incremento de la velocidad de percepción,
la visualización espacial, la concentración, la resistencia
al estrés, y son además útiles para el aprendizaje
de movimientos complejos. Los sonidos del tipo Hemi-Sync desarrollados
por el Instituto Monroe también favorecen la sincronización
de los hemisferios cerebrales y generan estados de conciencia modificados.
Sus efectos son acumulativos y muy efectivos, pero para muchas personas
el mejor medio “natural” para “descansar” y “renovar”
el cerebro es mediante la meditación fijando la conciencia dentro
de uno mismo. Ya se efectúe enfocando la conciencia en un objeto,
mantra, etcétera lo importante es que con esta práctica
tanto el metabolismo del cuerpo como la actividad eléctrica del
cerebro se modifican. En vez de emitir señales descentralizadas,
las neuronas “se pacifican” aliviando la fatiga y facilitando
estados de conciencia superiores, a veces de profunda calma y serenidad.
Para muchas personas es suficiente practicar diez minutos al día.
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Tónicos
naturales
Ginkgo biloba: Considerada como una de las mejores plantas
para mejorar la memoria y la concentración al aumentar el nivel
de flujo cerebral al cerebro. Contiene un tipo de flavonoides que parece
tener mayor afinidad sobre el sistema nervioso central. Es muy útil
para combatir el envejecimiento. Un beneficio adicional se debe a que
el flujo sanguíneo aumentado ayuda con el suministro de otros nutrientes
que potencian el cerebro. Su consumo se aconseja en extracto, comprimidos
o infusión. Indicado en la insuficiencia mental y falta de memoria
en personas expuestas a esfuerzos mentales (estrés laboral, estudiantes,
tercera edad, predisposición familiar a enfermedades asociadas
con insuficiencia circulatoria. La dosis recomendada es de 200 mg diarios.
Entre 30 y 60 minutos antes de actividades deportivas o situaciones que
exijan gran concentración se pueden tomar 7.7 gramos con el estómago
vacío. No exceder la dosis sin control médico.
Lecitina: Al igual que el gingko biloba, la lecitina es
más eficaz para prevenir que para curar. Resulta muy beneciosa
en la primera fase de trastornos de la memoria y puede llegar a aumentar
las capacidades mentales de personas cognitivamente saludables. No tiene
efectos tóxicos, pero la dosis diaria recomendada es de 1.500 mg
diarios.
Fosfatidilserina: Gran tónico cerebral. Se encuentra
en la lecitina pero no abunda en alimentos corrientes. Hay que tomarla
en cápsulas. Mejora notablemente la actividad cognitiva. Alivia
los síntomas de depresión. La dosis indicada es de 100 a
300 mg diarios para que haga efecto.
Acetil L-carnitina: Mejora el metabolismo energético
en los “centros energéticos” del cerebro (mitocondrias)
y reduce la generación intracelular de los radicales libres. También
aumenta la “comunicación” entre los hemisferios cerebrales.
Es un producto caro pero puede ser de gran ayuda en las primeras fases
del deterioro de la memoria que acompaña la edad. Se recomienda
una dosis diaria de 250 mg. Conviene tomarla con la fosfatidilserina porque
ambas se potencian entre sí.
Zumos verdes y té verde: Debido a su elevado número
de enzimas y vitaminas, son numerosos los zumos frescos que se pueden
consumir para tonificar el cerebro. Son especialmente buenos los de algas
(sobre todo espirulina, clorella y dulse), hojas de cebada, avena, remolacha
en polvo, polen de abeja, lecitina y noni. Al ser un potente antioxidante
y fuente rica de flavonoides, el té verde es también
una bebida indicada para el mismo fin.
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Referencias:
John J. Ratey: El cerebro: manual de instrucciones, Mondadori, Barcelona,
2002.
Dharma Singh Khalsa: Rejuvenece tu cerebro, E. Urano, Barcelona, 1998.